¡Hallo a todos y a todas!
Como habréis ido intuyendo (y viendo), el dulce es mi perdición. Y descubrir nuevos dulces… fácilmente mi pasión. Hoy os traigo uno que, sinceramente, tiene todas las papeletas para gustarle a cualquiera. ¿El motivo? Lleva mi ingrediente estrella: la canela.
Y no hablamos de cualquier dulce, no. Hablamos de pura tradición flamenca y, más concretamente, de Gante. Hoy probamos el mastel.
Más que un bollito…
A simple vista, el mastel parece un bollito bastante discreto: redondo, con una pequeña hendidura en el centro (tipo donut tímido) y ese aroma a canela que ya te empieza a convencer antes del primer bocado. Pero cuidado, que aquí viene lo interesante.
Tradicionalmente, el mastel no se come tal cual. Se abre por la mitad, se unta con mantequilla y azúcar moreno, se vuelve a cerrar, se envuelve en papel de aluminio… y se plancha. Sí, sí. Planchar. Con una plancha de la ropa. Literal.

El resultado: el bollito queda más plano, la mantequilla se funde y el azúcar se carameliza. Básicamente, magia. Porque si algo nos ha enseñado la vida es que todo mejora con mantequilla y azúcar… y aparentemente también con electrodomésticos.
Un dulce con historia
El mastel es típico de las fiestas del barrio de Patershol, uno de los rincones más bonitos de Gante. Durante mucho tiempo, era un producto casi exclusivo de estas celebraciones, lo que lo hacía aún más especial (y más difícil de conseguir, que también añade emoción).
Hoy en día es más fácil encontrarlo, aunque sigue manteniendo ese aire de tradición local que lo hace único.
¿Dónde podemos encontrarlo?
Si te entra el antojo (que debería), estos son algunos sitios clave en Gante:
- Oud Huis Himschoot: considerada la panadería más antigua de la ciudad. Si buscas tradición auténtica, este es tu sitio.

- Boulangerie Bloch: todo un referente entre las panaderías gantesas. Aquí el nivel es alto, aviso.
Mi experiencia
Estaba claro: en cuanto descubrí este dulce, tenía que probarlo.
Y no os voy a engañar… hay que probarlo de la manera tradicional. Porque, tal y como lo hice yo, recién comprado, está bueno, sí, pero le falta algo. Y tengo clarísimo qué es: el azúcar y la mantequilla haciendo su magia.
Se trata de un bollo muy simple, pero ahí está la clave. Y el toque de canela, ya habréis notado que tengo cierta debilidad, le da ese punto especial. Pero lo tengo claro: este pequeño bollo hay que comerlo como manda la tradición para disfrutarlo de verdad.
Así que me tocará volver a Gante (oh, qué pena…) y hacerlo bien: prepararlo en casa, plancha en mano y sin escatimar en relleno.
Porque al final, el mastel es el ejemplo perfecto de cómo algo sencillo puede convertirse en algo especial con un poco de tradición… y una plancha.
Doei!
Nerea
Soy Nerea Mangas Nieto, tengo 21 años y estudio Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá (Madrid). Este segundo semestre continúo mi experiencia Erasmus en Bruselas, donde finalizaré mi grado realizando mi TFG y mis prácticas en la VUB (Vrije Universiteit Brussel). Durante este año estoy viviendo una experiencia única: estudiar en el extranjero mientras descubro una nueva cultura, pruebo su gastronomía y exploro lugares increíbles.
Quiero compartir todo esto con vosotros, lo mejor de mi estancia en Bruselas, pero también recorrer juntos Flandes y descubrir esos pequeños tesoros escondidos que hacen tan especial a esta región. Me hace muchísima ilusión tener este espacio para contaros mi experiencia y que, juntos, podamos disfrutar de todo lo que Flandes tiene para ofrecernos.

