¡Hola a todos! Mi aventura por Flandes está muy cerca de su final, y que mejor que acabar nuestras andanzas que con un poco de adrenalina, la imponente subida a la cima de la Torre de San Rumoldo en Malinas.
¡Advertencia! Este post no es apto para gente con miedo a las alturas, aunque he de admitir que yo también tengo un poco de vértigo. Pero, ya que visitamos Malinas, hagamos una pequeña parada antes de subir a la torre.
Rubens, Maestros flamencos in situ
Antes de pasar por la catedral, consulté la pagina web de maestros flamencos in situ donde puedes buscar en cada ciudad de Flandes las obras más importantes de los maestros de la pintura flamenca y su localización. Yo me encontraba cerca de la Iglesia de San Juan, donde tuve la suerte de ver completamente gratis el cuadro de «La adoración de los reyes magos» de Peter Paul Rubens.
El parque de la Catedral, un personaje inesperado
Acercándome a los alrededores de la catedral de San Rumoldo, me fijé en una gran estatua de color amarillo dentro de un parque. Me acerqué y me econtre con la imagen de un hombrecillo que parecía saltar sobre su trasero.
Se trata del Opsinjoorke un personaje folclórico tradicional de Malinas. Se cuenta que en esta ciudad se manteaba a los borrachos como castigo por maltratar a sus mujeres. Posteriormente se confeccionó un muñeco que era manteado en las celebraciones de la ciudad, asentando así este característico monigote.
La altísima torre de la Catedral de San Rumoldo
Finalmente llegamos al plato fuerte, la increible torre de la Catedral, la cual mide casi 100 metros. Teniendo en cuenta que la torre quedó inacabada, ya que le falta una gran punta que suelen tener este tipo de construcciones y que habría añadido unos 50 metros más a su altura, podemos decir que es una de las edificaciones más masivas del territorio de Flandes, y posiblemente habría sido la más alta si se hubiera acabado su construcción.
Esta torre no tiene ascensor, así que me va a tocar subir los 538 escalones que constituyen su inmensa escalera de caracol. A medida que subo por la torre, siento que voy retrocediendo en el tiempo, ascendiendo hacia un pasado remoto.
Despues de unos cien esalones nos encontramos con una de las primeras salas de la torre, un cuarto de poleas donde se subían y bajaban materiales. Desde aquí arriba se puede obsevar el órgano de la iglesia, situado debajo de nuestros pies, estamos justo encima del altísimo techo de la nave de la catedral.
Las pequeñas ventanas de las escaleras de caracol me recordaban lo mucho que me iba alejando del suelo, algo que me fascinaba pero me inquietaba a la vez.
Avanzando unos cientos de escalones más nos encontramos con la sala de las campanas. A estas alturas ya me era inimaginable pensar como habían traído hasta aquí estos enormes armatostes de bronze, los cuales siguen sonando y hacen reverberar los antiguos muros. Daba la sensación de que la torre vibraba y podía desmoronarse en cualquier momento, o quizás tan solo era mi imaginación.
Seguimos subiendo y nos encontramos con la sala del carrillón. A este lugar el carrillonista debía subir para tocar las melodías de las campanas. Imaginaos tener que subir casi 400 escalones todos los días para llegar al trabajo, además de las condiciones de frío y viento que se darían a estas alturas en el invierno.
Finalmente, después de mas de 500 escalones, logramos subir hasta la cima de la torre, donde nos espera una de las vistas más impresionantes de Flandes, desde aquí se puede ver en el mismo paisaje el Atomium de Bruselas, el Skyline de Amberes y toda la ciudad de Malinas ¡Una auténtica pasada!
Gracias por leer mi última aventura por Flandes, espero que os haya gustado este recorrido por Malinas y ¡Nos vemos en el último post de despedida!
Mi nombre es Marco Moyano, tengo 25 años y soy de Madrid. Hice mi Erasmus en Bruselas, en la escuela de artes LUCA (campus sint-Lukas). En Madrid estudio diseño Gráfico, pero quería cambiar de aires y decidí irme de Eramus en tercero de carrera, fui admitido en el programa de intercambio de «Graphic Storytelling» ( Ilustración y comic), donde cursaba asignaturas del Master y del segundo curso del Bachellor. Estuve en total 6 meses en Bélgica.
Mi experiencia en Belgica fué muy divertida y enriquecedora. Aprendí a desarroyar mi creatividad, a trabajar en equipo y me convertí en una persona más activa e independiente. Lo que más me gustó fué hacer amigos de todas partes del mundo y el ambiente multicultural de la ciudad.







