¡Hallo a todos y a todas!
Hay una cerveza en Bélgica que destaca por encima de muchas otras y que los belgas llevan prácticamente como si fuera patrimonio nacional. Y sí amigas, os hablo de la famosísima Stella Artois, esa cerveza que probablemente habéis visto en cualquier rincón del mundo, pero cuyo verdadero hogar está en Bélgica.
Y claro… yo no podía seguir con mi vida después de saber que una cerveza tenía más de 600 años de historia sin ir a investigar qué estaba pasando ahí dentro. Porque una cosa tengo clara: si los belgas defienden tanto algo, por algo será. Así que me fui directa a Lovaina para visitar la fábrica de Stella Artois y entender desde dentro qué hace tan especial a esta cerveza.
Ubiquémonos y pongamos contexto…

Porque como todo en esta vida, para entender algo hay que irse al origen. Y en este caso el origen nos lleva directamente a Lovaina, una ciudad universitaria preciosa que, además de estudiantes en bici por todas partes y terrazas llenas incluso cuando hace frío, guarda uno de los mayores símbolos cerveceros del país.
La historia de Stella Artois comienza en la cervecería Den Hoorn, una fábrica más tarde, un maestro cervecero llamado Sebastián Artois terminó haciéndose cargo de la fábrica y ahí nació el apellido que hoy todos conocemos. De hecho, si os fijáis bien en el logo de Stella, aparece un cuerno, y eso es precisamente un homenaje a Den Hoorn, que significa “El Cuerno”. Bélgica y sus referencias ocultas, chicas, porque aquí TODO tiene significado.
Pero el gran cambio llegó en 1926, cuando decidieron crear una cerveza especial para Navidad. Y como era una cerveza festiva y brillante, decidieron llamarla “Stella”, que significa “estrella” en latín. Lo que empezó como una edición temporal acabó convirtiéndose en un fenómeno mundial. Y sinceramente… entiendo bastante el porqué.
Actualmente Stella Artois es una de las cervezas belgas más conocidas del mundo y destaca especialmente por su estilo Pilsner lager. Y os prometo que antes de hacer el tour yo decía “sí sí, cerveza lager, claro”, pero después de escucharles hablar del proceso entendí que los belgas se toman esto con la misma seriedad con la que otros hablan del vino.
El camino de Stella Artois
La visita a la fábrica es literalmente entrar en el universo Stella. E importante, el secreto que hay dentro de ella, porque no te dejan ni hacer fotos y no comparten información clave.
Te explican todo el proceso de elaboración, desde la selección de ingredientes hasta el embotellado final. Y una cosa os digo: yo jamás pensé que iba a escuchar hablar tanto sobre agua, cebada y lúpulo en mi vida. Pero oye, acabas entrando en el mood completamente.
Además, algo que me pareció muy interesante es cómo explican la importancia de la fermentación. Y esto es clave, porque la Stella Artois su levadura es su ingrediente secreto, es un dato que guardan como oro en paño.
Y tranquilos, que aquí no se viene solo a mirar depósitos gigantes y hacer cara de interesante. La visita termina con degustación incluida, porque Bélgica podrá hacer muchas cosas, pero dejarte sin cerveza después de un tour no es una de ellas.
El abuso de alcohol es perjudicial para la salud. ¡Disfruta de nuestra cultura cervecera con responsabilidad y disfruta plenamente en flandes!
Además, algo que me hizo muchísima gracia es que te enseñan incluso cómo servir correctamente una Stella Artois. Porque aparentemente no vale tirar cerveza en un vaso y ya. Hay técnica, inclinación, espuma perfecta y hasta una especie de ritual. Pero vamos, tengo claro, que nunca sabré tirarla bien, hay que saber también cuándo rendirse
¿Mi conclusión?
Aunque Stella Artois sea una cerveza mundialmente conocida, visitar su fábrica hace que la veas de una forma completamente diferente. Ya no es “la cerveza que ves en supermercados”, sino parte de la historia cultural belga.
Y honestamente, aunque no seas la persona más cervecera del planeta, el tour merece muchísimo la pena por toda la historia, el ambiente y porque Lovaina ya de por sí es una ciudad espectacular para pasar el día.
Eso sí, salí de allí con una conclusión muy clara: los belgas no hacen cerveza… hacen religión.
Doei!
Nerea
Soy Nerea Mangas Nieto, tengo 21 años y estudio Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá (Madrid). Este segundo semestre continúo mi experiencia Erasmus en Bruselas, donde finalizaré mi grado realizando mi TFG y mis prácticas en la VUB (Vrije Universiteit Brussel). Durante este año estoy viviendo una experiencia única: estudiar en el extranjero mientras descubro una nueva cultura, pruebo su gastronomía y exploro lugares increíbles.
Quiero compartir todo esto con vosotros, lo mejor de mi estancia en Bruselas, pero también recorrer juntos Flandes y descubrir esos pequeños tesoros escondidos que hacen tan especial a esta región. Me hace muchísima ilusión tener este espacio para contaros mi experiencia y que, juntos, podamos disfrutar de todo lo que Flandes tiene para ofrecernos.




1 comentarios
Soy un apasionado de esta cerveza, me gusta mucho su sabor, aunque yo la haría un poco más fuerte.