Cuando piensas en irte de Erasmus a Flandes, probablemente imaginas bicicletas, cerveza, canales bonitos y mercados navideños sacados de Pinterest. Y sí, todo eso existe. Pero hay una parte mucho más real, y mucho menos aesthetic, de vivir aquí: los pequeños shocks culturales que nadie sube a TikTok porque no quedan tan bien en un “day in my life”.
No son cosas enormes. Nadie habla de un choque cultural dramático. Son detalles mínimos que, poco a poco, te hacen darte cuenta de que ya no estás en casa.
Y honestamente, son de las cosas que más recuerdas después.
La obsesión belga con las agendas
En España todavía existe mucho el:
“¿Un café luego?”
“Sí, vemos.”
En Flandes eso no funciona.
Aquí la gente organiza planes con una semana de antelación como mínimo. A veces dos. La primera vez que le propuse a una chica de clase quedar esa misma tarde, me respondió:
“Uy, imposible, no estaba en mi agenda.”
En su agenda.
No lo dijo borde. Lo dijo completamente normal.
Al principio piensas que son fríos o poco espontáneos, pero luego entiendes que simplemente viven de otra manera. Todo está más estructurado: horarios, comidas, reuniones, incluso las quedadas informales.
Y acabas adaptándote. Ahora soy yo la que abre Google Calendar para tomar un café.
El silencio en el transporte público
En España un autobús puede parecer una reunión familiar.
Aquí, el silencio en trenes y tranvías es casi sagrado.
La primera vez que hice una videollamada en el tren sentí literalmente cómo media cabina levantaba la vista a la vez.
Nadie te dice nada. Peor: te miran.
Y el poder de la desaprobación silenciosa flamenca es increíblemente efectivo.
Comer temprano es real
No es un mito europeo.
A las 18:00 la gente cena de verdad.
A las 20:30 algunos restaurantes ya parecen estar cerrando emocionalmente.
Mi horario español sufrió muchísimo las primeras semanas. Intentar encontrar algo caliente a las 22:30 a veces se convierte en una búsqueda espiritual.
Las bicicletas dan miedo
TikTok te enseña chicas felices en bici con tote bags y bufandas bonitas.
TikTok no te enseña:
- el viento horizontal,
- la lluvia inesperada,
- ni a un señor flamenco adelantándote a velocidad Fórmula 1 mientras tú sobrevives.
Las bicicletas aquí no son un hobby. Son un sistema de transporte militar perfectamente organizado.
Y tú eres el obstáculo.
El clima afecta más de lo que esperas
No es solo el frío.
Es la luz.
En invierno anochece tan temprano que a las 17:00 tu cerebro piensa que son las 23:30 y que has desaprovechado tu vida. Hay días grises eternos donde entiendes por qué aquí valoran tanto los pequeños momentos acogedores:
velas, cafés tranquilos, mantas, sobremesas largas.
Aprendes el verdadero significado de gezellig —esa palabra neerlandesa imposible de traducir del todo.
La independencia absoluta
Quizá el shock más grande del Erasmus no es cultural.
Es personal.
Nadie te persigue.
Nadie organiza tu vida.
Nadie te recuerda nada.
Tú haces la compra, cocinas, lavas ropa, gestionas papeles imposibles, sobrevives académicamente y aprendes a estar sola a veces.
Y aunque haya días caóticos, llega un momento donde te das cuenta de algo:
te estás convirtiendo en una persona muchísimo más independiente sin darte cuenta.
Empiezas a sentirte entre dos sitios
Este probablemente es el shock cultural más raro.
Después de unos meses, Flandes empieza a sentirse normal.
Demasiado normal.
Te acostumbras a las calles, al supermercado, al idioma mezclado por todas partes, a coger la bici sin pensar.
Y entonces vuelves a casa unos días y sientes algo extrañísimo:
que una pequeña parte de ti ya pertenece al otro sitio también.
Creo que ahí es cuando entiendes que el Erasmus realmente te ha cambiado.
Conclusión
TikTok enseña los viajes, las fiestas y los gofres.
Pero lo que realmente te marca son estas pequeñas cosas cotidianas que nunca parecen importantes en el momento.
Los silencios incómodos.
La lluvia.
Aprender a hacer amigos desde cero.
Comprar detergente en otro idioma.
Sentirte perdida y luego dejar de sentirte perdida.
Ahí es donde ocurre de verdad el Erasmus.
Y honestamente, no lo cambiaría por nada.
Hasta la próxima!
Elena