¡Hallo a todos y a todas!
El trampantojo perfecto fue lo que llevó al estrellato a una de las figuras clave, y me atrevo a decir pionera, de la maestría chocolatera en Bélgica. Sí, hoy os vengo a hablar de Neuhaus.
¿Quién es Neuhaus?
Y es que, como buena amante de la ciencia, uno de mis posts tenía que estar dedicado al farmacéutico reconvertido en maestro chocolatero Jean Neuhaus. Podríamos llamarlo perfectamente el Willy Wonka del chocolate belga, pero con bata blanca y mucha más química de por medio. Gracias a él, la industria chocolatera cambió para siempre.
Su historia en Bélgica comienza en 1857, cuando abrió su farmacia en la prestigiosa Galería de la Reina de Bruselas. Pero claro, estamos hablando del siglo XIX, una época en la que los medicamentos no eran precisamente agradables al paladar. Así que Neuhaus, con gran visión y algo de picardía, seamos sinceros; decidió apoyarse en el gran aliado universal: el chocolate.
La idea era sencilla y brillante a partes iguales, lo que hoy llamaríamos un trampantojo en toda regla: recubrir las medicinas con chocolate. De repente, algo que no entraba ni por los ojos ni por el gusto pasó a ser… casi un placer. Y aquí es donde se marca la casilla de salida de algo que hoy representa a toda una nación. Y no, no es solo el chocolate: es el praline.
¿Qué es el praline?
Años después, en 1912, el nieto de Neuhaus decidió llevar la idea de su abuelo un paso más allá. ¿Y si rellenamos el chocolate, pero esta vez no de medicina, sino de puro placer? Y así nació el famoso praline, tal y como lo conocemos hoy.
Hablemos con propiedad
Y aquí conviene hacer un pequeño inciso lingüístico (porque sí, esto importa). El término praliné ya existía: se refería a almendras recubiertas de azúcar. Pero la clave está en la tilde.
Cuando hablamos de praline (sin tilde), nos referimos a la creación de Neuhaus: una pieza de chocolate rellena de diferentes cremas. Cuando hablamos de praliné (con tilde), hablamos de un relleno concreto, normalmente a base de frutos secos como almendra o avellana, combinados con azúcar, vainilla y cacao, muy ligado al origen del término, inventado en Francia en 1636. Sutil, pero importante (como todo en el chocolate).
La figura detrás de la caja de bombones
Y como suele pasar, detrás de un gran hombre hay una gran mujer con una visión aún mayor, y Neuhaus Jr. no fue la excepción. Al principio, los pralines se vendían en conos… sí, literalmente como si fueran patatas fritas. Práctico, pero con poco glamur (yo creo, personalmente). Fue Louise Augustine quien decidió inventar la ya icónica caja de bombones, protegiendo mejor los chocolates y elevando su presentación a otro nivel.
Así que sí, si no fuera por ella, probablemente la famosa frase de Forrest Gump nunca habría existido. Porque, al final, la vida es como una caja de bombones… y alguien tuvo que inventarla primero.
Una visita obligada…
Pero hablemos ahora del producto y, cómo no, del local. Si visitas las Galerías Reales Saint-Hubert, encontrarás una tienda de Neuhaus que recrea su establecimiento original: la farmacia. Efectivamente, entras buscando chocolate y sales sintiéndote un poco boticario del siglo XIX. Es un local precioso y, sinceramente, merece la pena entrar, aunque sea solo por curiosear. Al final, estás pisando historia viva del chocolate.
Y claro, llega la pregunta inevitable: ¿Qué pasa con sus pralines? ¿Merecen la pena? La respuesta es bastante obvia: sí, y mucho.
Con un solo bocado se aprecia la delicadeza con la que trabajan el chocolate y el mimo en cada detalle. Neuhaus ofrece una gran variedad de pralines: rellenos de galleta, ganaches o pralinés (con tilde, importantísimo), siempre con un equilibrio impecable entre el relleno y el cacao. Nada empalaga, nada eclipsa a lo demás. Todo está donde tiene que estar.
Estamos hablando de una calidad de chocolate excelente, y eso, como suele pasar, se refleja en el precio. Pero, como ya comenté en el post sobre Mary, creo firmemente que al menos una vez en la vida merece la pena probar una creación del atelier Neuhaus. Y si los pralinés se salen un poco del presupuesto, siempre queda la opción de sus chocolates y tabletas, que también recomiendo y resultan algo más económicas.
Además, y esto ya es experiencia personal, no ha sido ni una ni dos veces que me han encargado traer chocolate Neuhaus a España. Así que, por algo será.
El chocolate es típico de Bélgica, sí. Pero si hay algo que realmente representa a toda una nación es el praline. Por eso os invito a probarlo de primera mano, en la tienda donde nació.
Y ahora quiero saber vuestra opinión: ¿Habéis probado pralines mejores? ¿Cuál diríais que es el praline definitivo?
Doei!
Nerea
Soy Nerea Mangas Nieto, tengo 21 años y estudio Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá (Madrid). Este segundo semestre continúo mi experiencia Erasmus en Bruselas, donde finalizaré mi grado realizando mi TFG y mis prácticas en la VUB (Vrije Universiteit Brussel). Durante este año estoy viviendo una experiencia única: estudiar en el extranjero mientras descubro una nueva cultura, pruebo su gastronomía y exploro lugares increíbles.
Quiero compartir todo esto con vosotros, lo mejor de mi estancia en Bruselas, pero también recorrer juntos Flandes y descubrir esos pequeños tesoros escondidos que hacen tan especial a esta región. Me hace muchísima ilusión tener este espacio para contaros mi experiencia y que, juntos, podamos disfrutar de todo lo que Flandes tiene para ofrecernos.




