Museo Real de Bellas Artes de Bruselas: 7 secretos que debes
descubrir
Visitar Bruselas significa encontrarse constantemente con edificios históricos, plazas llenas de vida, esculturas y museos que esconden siglos de historia. Entre todos ellos, hay uno que me ha sorprendido especialmente: el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas.
Hoy he tenido la oportunidad de visitar este museo y, además de disfrutar de una exposición que os contaré más adelante, descubrí que el propio edificio y sus colecciones merecen una visita con calma. Por eso, antes de hablar de las obras que más me llamaron la atención, quiero dejaros algunos datos prácticos para que, cuando vayáis, todo os resulte un poco más familiar.
¿Dónde está el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas?
La primera pregunta que seguramente os haréis es muy sencilla: ¿dónde está?
El Museo Real de Bellas Artes de Bruselas se encuentra en Rue de la Régence 3, 1000 Bruselas, una ubicación perfecta para combinar la visita al museo con otros lugares interesantes de la ciudad. El museo Old Masters abre actualmente de martes a viernes de 10:00 a 17:00 y los fines de semana de 11:00 a 18:00.
Además, está rodeado de otros lugares que también merece la pena conocer, como el Museo BELvue y el jardín de esculturas. Por eso, si estáis organizando una ruta por Bruselas, esta zona puede convertirse fácilmente en una de esas paradas en las que pasas de un monumento a otro sin darte cuenta.
¿Cuánto cuesta visitar el museo?
En cuanto al precio, las tarifas dependen de la edad y del tipo de entrada que elijáis. Actualmente podéis visitar tanto la colección Old Masters como el Museo Magritte, y existe también una entrada combinada para quienes quieran disfrutar de ambas propuestas.
Para un adulto, la entrada individual a una de las dos colecciones cuesta 13 euros, mientras que la entrada combinada cuesta 20 euros. Para mayores de 65 años, el precio es de 10 euros por una colección y 15 euros por la entrada combinada.
Los jóvenes de entre 18 y 25 años tienen una tarifa reducida de 5 euros para una colección y 8 euros para ambas. Por otro lado, los menores de 18 años pueden acceder gratuitamente, al igual que determinados colectivos y titulares de tarjetas específicas. También existe la posibilidad de añadir una audioguía por 5 euros.
Un dato interesante para quienes quieran ahorrar: el primer miércoles de cada mes, las colecciones permanentes y el Museo Magritte tienen entrada gratuita a partir de las 13:00, aunque las exposiciones temporales pueden tener un coste adicional.
La colección Old Masters: un viaje por el arte flamenco
Ahora sí, llegamos a lo realmente importante: la colección Old Masters.
Esta parte del museo nos transporta desde el siglo XV hasta el XVIII y reúne obras pertenecientes a diferentes tradiciones artísticas, con un protagonismo especial del arte de los antiguos Países Bajos meridionales y de la escuela flamenca. También encontramos ejemplos de las escuelas francesa e italiana.
Para mí, una de las cosas más interesantes de esta colección es que no se trata simplemente de caminar por las salas mirando cuadros. Cuando uno se detiene delante de una obra, empieza a descubrir pequeños detalles que hacen que la pintura cobre una nueva dimensión.
Rostros, gestos, colores, símbolos, escenas religiosas y personajes que parecen observarnos desde hace cientos de años. Y es precisamente ahí donde el museo consigue atraparte.
A lo largo de la exposición, rodeada de arte, uno acaba encontrando sus favoritos: esas obras que llaman especialmente la atención y que hacen que quieras saber más sobre ellas, conocer su historia y descubrir qué esconden.
Una de esas obras fue, sin duda, “Virgo inter Virgines”, conocida en español como La Virgen entre vírgenes.
“Virgo inter Virgines”: el misterio de un autor desconocido
La obra fue realizada a finales del siglo XV por un artista flamenco anónimo conocido como el Maestro de la Leyenda de Santa Lucía. Y aquí aparece uno de los detalles que más me llamó la atención: todavía existe cierta incertidumbre sobre la identidad real de este artista.
De hecho, el propio nombre con el que se conoce al pintor ya nos indica que estamos ante un misterio. No conocemos su verdadero nombre, por lo que los historiadores del arte lo identifican a través de las características de sus obras y de su relación con otras pinturas. El signo de interrogación que acompaña a algunas atribuciones es precisamente un pequeño recordatorio de que, incluso después de tantos siglos de investigación, todavía quedan preguntas sin respuesta.
La obra está relacionada con Brujas y una documentación del museo señala que fue colocada en 1489 en el altar de la iglesia de Nuestra Señora de Brujas.
Pero el misterio del autor no es lo único interesante.
La composición resulta especialmente llamativa porque reúne a la Virgen María rodeada de numerosas santas vírgenes. En total aparecen once mujeres, representadas como figuras vinculadas a los primeros tiempos del cristianismo. Según las historias asociadas a ellas, muchas rechazaron matrimonios impuestos o pretendientes para mantener su compromiso con la nueva religión cristiana.
Al observar el cuadro con detenimiento, sorprende la cantidad de personajes y pequeños detalles que contiene. No es una pintura para mirar únicamente durante unos segundos. Cuanto más tiempo pasas delante de ella, más elementos empiezas a descubrir.
Además, el ambiente transmite una sensación casi de calma y perfección, algo que contrasta con las historias de sufrimiento y martirio asociadas a algunas de las santas representadas.
Y precisamente eso fue lo que más me gustó: detrás de una imagen aparentemente tranquila existe toda una historia de religión, poder, sacrificio y misterio.
Nuestra Señora de los Siete Dolores y la técnica de la grisalla
Otra obra que me atrajo muchísimo fue “Nuestra Señora de los Siete Dolores”, una pintura flamenca relacionada con Adriaen Isenbrant y realizada alrededor de comienzos del siglo XVI.
En este caso, lo que más me llamó la atención fue su utilización de la grisalla, una técnica pictórica basada principalmente en diferentes tonos de gris para crear la sensación de que estamos observando una escultura en lugar de una pintura.
Y me parece especialmente interesante porque demuestra hasta qué punto los artistas de aquella época jugaban con la percepción del espectador. En lugar de intentar que la pintura pareciera más colorida o realista, la grisalla busca precisamente el efecto contrario: dar la impresión de estar ante una figura tallada.
La temática de los Siete Dolores de la Virgen también tiene una historia muy interesante. A finales del siglo XV comenzó a consolidarse en los Países Bajos una devoción específica relacionada con los siete sufrimientos de María. La tradición llegó a estar vinculada a confraternidades dedicadas a Nuestra Señora de los Siete Dolores, especialmente en ciudades como Brujas.
Por eso, contemplar esta obra no es solamente observar una pintura religiosa. También supone acercarse a la manera en la que la sociedad de aquella época entendía la religión, el sufrimiento y la figura de María.
Una visita que merece la pena
Después de recorrer las salas y detenerme especialmente en estas dos obras, puedo decir que el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas me parece una visita muy recomendable para cualquiera que viaje a la capital belga.
Una de las cosas que más me ha gustado es precisamente esa mezcla entre belleza y misterio. Algunas obras impresionan por su tamaño o por sus colores; otras, en cambio, consiguen atraparte por una historia que todavía no ha sido completamente resuelta.
Y creo que ahí está parte de la magia de los museos: no siempre tienen todas las respuestas.
En el caso de Virgo inter Virgines, seguimos sin conocer con total seguridad quién fue el artista que la pintó. En el caso de Nuestra Señora de los Siete Dolores, una técnica como la grisalla nos permite entender cómo los artistas flamencos experimentaban con la percepción y con la representación de las imágenes.
Por todo ello, si estáis preparando un viaje a Bruselas, yo incluiría este museo en la lista de lugares que visitar. Y, sobre todo, intentaría hacerlo sin demasiada prisa. Hay obras que necesitan unos segundos para impresionarte, pero otras necesitan varios minutos para empezar a contarte su historia.
Hasta aquí el blog de hoy. Espero haberos descubierto un pequeño rincón de Bruselas y, sobre todo, haberos despertado la curiosidad por conocer algunas de las obras que se esconden en sus salas.
¿Os animáis a descubrir el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas por vosotros mismos?
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