Un lovaniense en Malinas: la ciudad de las campanas

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Malinas, una ciudad (des)conocida

Como os expliqué en algún post, Bélgica destaca (entre otras muchas cosas) por su extensa red ferroviaria, que conecta en gran medida todas las ciudades importantes del país. Por ello, hacer excursiones a otras ciudades belgas desde Lovaina es muy fácil mediante el uso del tren. Después de mis excursiones a Amberes y a Gante, este fin de semana pasado fue el turno de Malinas.

Malinas

Malinas, Mechelen en neerlandés, es una ciudad de unos 85.000 habitantes situada a escasa media hora de Lovaina en tren. Hablando con otras y otros estudiantes Erasmus en Lovaina me di cuenta de que muchas y muchos de ellos no la conocían. Sin embargo, varias personas me habían hablado muy bien de ella, así que creí que sería buena idea visitarla, así que eso hice. ¡E hice bien!

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Aunque no es tan conocida como Bruselas, Gante, Amberes o Brujas, sin duda Malinas es una ciudad que también merece la pena visitar. Es relativamente pequeña, así que es un destino perfecto si sólo quieres hacer un viaje de un día o incluso de una tarde.

Paseando por la ciudad

Lo primero que tienes que hacer si visitas la ciudad de Malinas es dirigirte al centro de la ciudad. Igual que la mayoría de ciudades flamencas, Malinas tiene canales que atraviesan su núcleo urbano. ¿No crees que los canales les dan un toque especial a estas ciudades?

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Aunque tiene varias calles comerciales, no se llega a perder el estilo tradicional en las fachadas de los edificios. La plaza principal (la Grote Markt) es, para mí, el lugar más bonito de Malinas: edificios típicos flamencos rodean toda la plaza bajo la supervisión de la gran torre de la Sint-Romboutskathedraal (la catedral de San Rumoldo). En mi visita, que concretamente fue en sábado, un mercado ambulante de productos típicos, ropa y comida, llenaba la plaza.

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Quizá es una impresión mía, pero me pareció que Malinas es una ciudad “menos oscura” que otras ciudades flamencas: me refiero al color de las fachadas de los edificios. Si en otras ciudades las fachadas suelen ser de color gris-piedra o de ladrillo rojizo, me dio la sensación que en Malinas (además de ésas) también hay muchas fachadas de colores claros. ¡Tendrás que visitar la ciudad y decirme si también lo has percibido o si sólo es mi impresión!

El arte llena las calles de Flandes en general, y también las de Malinas: diferentes esculturas de estilos diversos están situadas por la ciudad. Algunas de ellas tienen finalidades históricas-conmemorativas (como la escultura en recuerdo de los soldados fallecidos durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial), pero otras tienen un carácter más “lúdico”. En Malinas se encuentra uno de los Museos del Juguete más importantes de Bélgica y Europa, así que, si te fijas bien, por las calles podrás encontrar referencias a este museo bajo diferentes formas. Algo que me llama la atención de Flandes es el gran contraste (pero equilibrado) entre lo histórico y lo contemporáneo.

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Subiendo a la torre de la catedral

Sint-Romboutskathedraal es uno de los edificios más llamativos de Malinas. La catedral, en su interior, es realmente impresionante: es evidente que la ciudad fue una de las más prósperas del país y que personas con mucho poder económico y social habitaban en ella. Si os interesa visitar iglesias, no os podéis perder esta catedral cuando visitéis Malinas. Pero, además de un interior espectacular, con varias capillas y numerosas esculturas en mármol y madera, la catedral de Malinas ofrece algo más: puedes subir a su torre, que es a la vez un pequeño museo sobre la construcción y el funcionamiento de la misma.

La torre, aunque se cree que originalmente estaba previsto que midiera más de 160 metros, tiene en la actualidad 97 metros de altura. Así que sí, si tienes previsto subir a ella, prepárate: más de 400 escalones te esperan. Aun así, te recomiendo que la visites: si eres estudiante el precio es de 3€ por persona. En el camino hacia la parte más alta de la torre, diferentes plantas intermedias forman el ya mencionado museo. Explicaciones (también en castellano) sobre cómo se construyó la torre y qué actividades se llevaban a cabo en ella se acompañan de los objetos originales de la torre.

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Y es que la torre de esta catedral es muy especial: no alberga un carrillón, sino dos. Después de daños en las torres y el paso del tiempo, el carrillón original quedó demasiado desafinado y no sonaba bien. Así que, en vez de sustituirlo por uno nuevo, se decidió conservar el antiguo carrillón en la torre y añadir otro moderno que sonara de manera adecuada. La torre, desde entonces, pasó a tener 98 campanas (49 en cada carrillón), por lo que no es de extrañar que Malinas se conozca como la ciudad de las campanas.

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¿Sabías que las campanas originales fueron colocadas en la torre desde el interior de la catedral mediante el uso de poleas movidas por la fuerza de niños? Éstos eran conocidos como los “niños de la grúa” (Kraantkinderen), y también existían en otras ciudades flamencas. Sin embargo, para colocar el nuevo carrillón se utilizó una gran grúa que permitió añadir las nuevas campanas desde el exterior.

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Una vez en la parte más alta de la torre, podrás observar toda la ciudad de Malinas y sus alrededores. Si tienes suerte y visitas la ciudad en un día en que el cielo esté despejado (no como yo, que llovió durante la mayor parte de mi visita) incluso podrás ver Amberes y Bruselas en la lejanía. ¡Hay quien afirma que se puede ver hasta el Atomium! Yo, por desgracia, no lo pude comprobar, aunque no me puedo quejar de las vistas que tuve desde la torre. Os dejo unas fotos.

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