El pasado martes 9 viví una de esas experiencias que seguramente recordaré durante mucho tiempo de mi Erasmus. Fui a mi primer social run club aquí en Bruselas y la verdad es que acabó convirtiéndose en uno de mis planes favoritos desde que llegué.
Una propuesta imposible de rechazar
Todo empezó cuando una amiga, la misma que corrió los 20 km de Bruselas y que suele participar bastante en este tipo de actividades, nos propuso al grupo apuntarnos a una ruta organizada por Cadence, un run club bastante conocido aquí.
Obviamente aceptamos sin pensarlo demasiado. Además, no era una salida cualquiera. Cadence se había unido con Volta Supper Club , una pizzería mut top de Bruselas para organizar una carrera que terminaba con pizza gratis para todos los corredores. Sinceramente, pocas formas mejores se me ocurren de motivar a la gente para correr.
Lo primero que hicimos fue apuntarnos a la actividad a través de Strava. Cuando me inscribí me llevé una sorpresa enorme: había casi 200 personas apuntadas para ese día. No me esperaba para nada tanta participación.
El ambiente antes de empezar
La quedada era a las 19:20 en Volta Supper Club, una hora perfecta para toda la gente que termina su jornada laboral, vuelve a casa, se cambia y se acerca directamente al punto de encuentro. Cuando llegamos ya había muchísima gente. No sé si realmente éramos 200 personas, pero desde luego éramos muchísimas.
La pizzería tenía varias mesas en el exterior y ya estaban ofreciendo agua, agua con gas y agua con limón para los corredores mientras esperábamos a que llegara todo el mundo. Poco después, el organizador explicó cómo se dividirían los grupos. Había una opción de 5 kilómetros a ritmo de 6 minutos por kilómetro y, para los que querían hacer 10 kilómetros, grupos a ritmos de 5:30, 5:45 y 6 minutos por kilómetro.
Como llevaba meses sin correr y no había entrenado absolutamente nada, decidí ser realista y apuntarme al grupo de 10 kilómetros al ritmo más tranquilo: 6 minutos por kilómetro.
Diez kilómetros por Bruselas
La temperatura era curiosa. Para llegar tenía un poco de frío, pero sabía que si me abrigaba demasiado acabaría molestándome mientras corría. Así que opté por pasar un poco de frío al principio y para volver a casa. Llevaba un cortavientos y unas mangas que terminé quitándome durante la ruta, quedándome únicamente con la camiseta de manga corta. Cuando te daba el sol se estaba bastante bien, pero en cuanto entrabas en una zona de sombra y aparecía algo de viento, volvías a congelarte.
Finalmente comenzamos la ruta sobre las 19:40.
El recorrido nos llevó primero hasta Porte de Namur y después al Parque de Bruselas, donde dimos una buena vuelta alrededor de las fuentes. Desde allí continuamos hacia el barrio europeo, pasando por el Parque Leopold, que por cierto me pareció muy bonito, y seguimos hasta el Parque del Cincuentenario, donde también recorrimos una buena vuelta antes de iniciar el regreso hacia Volta.
La verdad es que los kilómetros se me hicieron bastante más fáciles de lo que esperaba. Teniendo en cuenta que llevaba muchísimo tiempo sin correr, estaba convencida de que no aguantaría los 10 kilómetros. Sí que hubo algunos momentos más complicados, especialmente en las cuestas, pero poco a poco me fui acostumbrando y adaptandome al ritmo. Cuando me quise dar cuenta, seguía corriendo y sintiéndome bien.
Al terminar me sentí muy orgullosa de mí misma. Puede parecer una tontería, pero después de tantos meses sin entrenar, completar los 10 kilómetros fue una pequeña victoria personal.
La recompensa: pizza para todos
Nuestro grupo fue el último en llegar, ya que era el que llevaba el ritmo más tranquilo de todos los grupos de 10 kilómetros. Cuando volvimos a la pizzería entendimos perfectamente por qué tanta gente se apuntaba a este evento: toda la gente estaba fuera hablando, socializando y disfrutando un ambiente immejorable mientras un trabajador de la pizzería iba sacando pizzas de dos en dos poco a poco.
Y no eran pizzas cualquiera. Eran auténticas pizzas napolitanas, con una pinta espectacular. Cada vez que aparecían dos pizzas nuevas, la gente prácticamente se lanzaba a por ellas. Yo pensaba que, con tanta gente, como mucho conseguiría un trozo. Pero me equivoqué. Las pizzas seguían saliendo una tras otra. No especialmente rápido, pero de forma constante. Estoy segura de que sacaron alrededor de veinte pizzas o incluso más.
Y estaban buenísimas. Hacía muchísimo tiempo que no comía una pizza tan buena y, después de correr 10 kilómetros, entraban todavía mejor.
Mucho más que una carrera
Más allá de correr o de la pizza, lo mejor de la experiencia fue el ambiente. Conocimos gente nueva, hablamos tanto con personas de Bruselas como con internacionales e incluso coincidí con varios españoles. Todo el mundo era muy amable, abierto y con ganas de conversar. Ese tipo de ambiente que hace que te sientas cómodo desde el primer momento, y lo que más me gusta es que es un ambiente muy sano: que promueve la salud y el socializar sin necesidad de alcohol o fiesta, la verdad es que me encantó.
Al final, sin darte cuenta, no solo has salido a correr, sino que has pasado la tarde con amigos y has conocido a personas que no habrías encontrado de otra manera.
Un plan para repetir
Sobre las nueve y media emprendí el camino de vuelta a casa. Volví cansada, pero muy muy feliz.
Me lo pasé en grande con mis amigos, disfruté de una ruta muy bonita por Bruselas, vi calles y rincones de parques que no había visto antes, conocí gente nueva, corrí más de lo que esperaba y terminé la noche comiendo una pizza espectacular.
Sinceramente, no se me ocurre una mejor combinación.
Estoy segura de que volveré a apuntarme a alguno de estos social run clubs porque ha sido, sin ninguna duda, uno de los planes que más he disfrutado desde que llegué de Erasmus a Bruselas.
Aquí os dejo un reels muy guay que hizo el organizador del run club:
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!




