El pasado domingo 31 de mayo se celebró una de las carreras más emblemáticas de la ciudad: los 20 km de Bruselas. Esta prueba, que se organiza cada año, recorre algunos de los monumentos y espacios más bonitos de la ciudad y de la Región de Bruselas-Capital.
Aunque esta vez no participé como corredora, tuve la oportunidad de vivirla muy de cerca porque dos amigas se animaron a correrla y nosotros las acompañamos durante prácticamente todo el recorrido. Hoy os cuento cómo se vivió la experiencia desde el otro lado de las vallas.
Una carrera gigantesca
La salida tuvo lugar en el Parc du Cinquantenaire, donde también estaba situada la meta. El primer grupo comenzó a correr a las 10:00 de la mañana y el séptimo y último grupo, formado por los caminantes, salió a las 11:30. Los participantes estaban divididos en diferentes grupos según el tiempo que estimaban tardar en completar la carrera. De esta forma se evitaban grandes diferencias de ritmo entre corredores y la prueba resultaba mucho más cómoda para todos.
Y cuando digo que es una carrera enorme, no exagero. Este año participaron 48.928 personas de 141 nacionalidades diferentes, unas cifras que me parecen una auténtica locura.
Además, se recaudaron más de 2,5 millones de euros para causas benéficas. El precio de inscripción era de 35 €, una cantidad que al principio personalmente me pareció bastante elevada antes de saber que contribuía a estas iniciativas solidarias.
Un recorrido por algunos de los lugares más bonitos de Bruselas
La distancia oficial es de 20,1 kilómetros, y el recorrido conecta algunos de los puntos más conocidos de la ciudad, como el Palais de Justice, el Bois de la Cambre o el Parc de Woluwe, entre otros.
Más allá del reto deportivo, una de las cosas que más me gustó fue precisamente eso: correr por lugares tan bonitos y emblemáticos debe hacer la experiencia mucho más especial.
Nuestra misión: dar el último empujón
Como dos de nuestras amigas corrían la prueba, nos propusimos acompañarlas y animarlas durante todo el recorrido siempre que fuese posible. Fuimos moviéndonos de un punto a otro para intentar verlas varias veces, pero nuestro principal objetivo era ayudarlas en los últimos kilómetros, que suelen ser los más duros. Por eso preparamos una gran pancarta y las esperamos aproximadamente a tres kilómetros de la meta. Cuando pasaron, comenzamos a correr paralelamente a ellas por la zona reservada para espectadores mientras las animábamos.
Fue divertidísimo y, de alguna forma, sentí que estaba participando en la carrera junto a ellas. Ver el esfuerzo que llevaban encima y acompañarlas en ese último tramo fue uno de mis momentos favoritos del día.
Una organización que me sorprendió para bien
Tengo que reconocer que la organización me pareció excelente. A lo largo del recorrido había 6 puntos de avituallamiento, 14 puestos de asistencia médica con carpas de la Cruz Roja repartidas por distintos lugares y varios grupos musicales que ayudaban a mantener la motivación de los corredores.
Además, la temperatura acompañó. Durante toda la semana había hecho bastante calor, pero el domingo bajaron las temperaturas e incluso cayó algo de lluvia. Para una carrera de esta distancia, fue prácticamente el escenario perfecto.
Mucho más que una carrera
Una vez cruzada la meta, el ambiente seguía siendo espectacular. Había decenas de carpas de patrocinadores, puestos de comida y bebida, música y muchísima gente celebrando haber terminado el reto.
Muchos corredores se quedaron en el parque descansando, haciendo picnic con amigos o simplemente disfrutando del ambiente después del esfuerzo.
También me llamó mucho la atención la enorme variedad de participantes. Había trabajadores de empresas de Bruselas que corrían junto a sus compañeros, corredores profesionales capaces de completar los 20 km en menos de una hora, aficionados que se enfrentaban al reto por primera vez, personas mayores, familias caminando e incluso gente corriendo con bebés. Esa mezcla hizo que la carrera me pareciera especialmente bonita.
¿Y si quieres correrla el año que viene?
Si te llama la atención pero te da algo de reparo apuntarte solo o sola, en Bruselas existen muchos grupos de running donde la gente entrena y participa en carreras juntos.
Algunos de los más conocidos son:
Puede ser una forma estupenda de conocer gente y preparar la carrera acompañado.
Hablando con una corredora
Al terminar, aproveché para hacerle algunas preguntas a una de mis amigas sobre cómo había vivido la experiencia.
¿Qué tal la sensación después de la carrera?
«La verdad es que muy bien. Lo he disfrutado muchísimo. Tenía algo de respeto porque era una distancia nueva para mí, pero confiaba mucho en todo el entrenamiento que había hecho estos meses. He sido constante y estoy muy orgullosa de mi primera marca en 20 km: 5’40.»
¿Hubo algún tramo especialmente duro?
«En general se me hizo bastante llevadera porque siempre estaban pasando cosas a tu alrededor. Vas descubriendo lugares nuevos, ves constantemente a otros corredores y al público animando, así que la mente está entretenida. Eso sí, hubo una calle muy larga en subida donde costaba no pensar en todo lo que quedaba por delante. En ese momento decidí mirar más al suelo y concentrarme únicamente en mantener mi ritmo. Y en el kilómetro 9 se me acabó la batería de los auriculares, algo que no me hizo ninguna gracia. Intenté que correr sin música no afectara a mi ritmo, pero definitivamente se hizo más duro.»
¿Había suficiente animación?
«Sinceramente, sí. Había músicos tocando en distintos puntos y muchísimos espectadores animando durante gran parte del recorrido. En las zonas de parques había menos gente, pero incluso me gustó porque era un momento donde podía correr más relajada y dejar de fingir que no estaba sufriendo jaja. Y los últimos tres kilómetros fueron especiales. Encontraros con la pancarta y que me acompañarais corriendo fue exactamente lo que necesitaba para sacar fuerzas de donde ya no quedaban. Así que muchas gracias.»
¿Y qué tal la temperatura?
«Gracias a Dios no hizo el calor de los días anteriores, aunque aun así lo pasé mal por momentos. Por suerte encontré varias fuentes durante el recorrido donde podía mojarme entera y refrescarme.»
¿Me apuntaré el año que viene?
La verdad es que me enteré demasiado tarde de la existencia de esta carrera. Cuando descubrí que se celebraba, apenas quedaban dos semanas para el evento y no me daba tiempo a prepararla como me habría gustado. Pero después de ver el ambiente, la ilusión de los participantes y lo bien que se lo pasó todo el mundo, tengo que admitir que sentí bastante envidia de los corredores.
Así que quién sabe… quizás el año que viene no esté escribiendo este artículo desde el lado de los espectadores, sino desde la línea de salida. Porque si algo me ha dejado claro esta experiencia es que tengo muchas ganas de volver a ponerme las zapatillas y retomar el running.
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!


