¡Hallo a todos y a todas!
Ya os hablé de uno de los momentos clave como estudiante Erasmus, en nuestro caso en Flandes: la visita de amigos. Pero hay otro nivel… y es la visita de LA familia. Y ahí, amigos, hay que currárselo de verdad.
Porque claro, no solo vienen a verte: vienen a conocer tu vida, el lugar donde llevas meses viviendo, y esperan (con todo su cariño) que les enseñes lo mejor de lo mejor. Sin presión.
Así que hoy os cuento cómo fue la visita de cinco días de mi familia: qué hicimos, qué os recomiendo si estáis en la misma situación… y alguna que otra anécdota que merece ser contada (por el bien del entretenimiento general).
Y para que entendáis el contexto: estamos hablando de un grupo de cinco adultos donde nadie habla ni inglés, ni francés… ni, por supuesto, neerlandés. Así que cuando digo que ha sido una experiencia “graciosa”… es porque lo ha sido. Mucho.
La llegada…
Llegaron un jueves por la tarde. Y aunque puede parecer mala hora, en realidad es perfecta: primera toma de contacto con la Grand-Place iluminada. Y sí, es tan bonita como dicen (o más).
Aquí también suele darse el primer contacto con la cerveza belga… que a veces sale muy bien, y otras veces… digamos que deja anécdotas. Pero no pasa nada, hay más días para seguir “investigando”.
Día 1 (Gante – Brujas)
En estas visitas no se descansa. Y uno de mis planes favoritos es combinar Gante y Brujas en un mismo día.
Podéis empezar por Brujas y terminar en Gante, pero personalmente prefiero hacerlo al revés. Y eso hicimos.
Además, en este tipo de viajes, hacer tours (en nuestro caso, free tours) es un acierto total. Aunque puedas contar algo de historia, no es lo mismo que alguien que se dedica a ello. Explican mejor, saben más… y tú puedes relajarte un poco (que también se agradece).
Día 2 (Bruselas a nuestro aire)
Este era mi día. Mi momento para enseñar Bruselas como se merece.
Empezamos desde fuera hacia el centro, arrancando en el Atomium. Después, vuelta al centro para ver los clásicos… pero con un extra: ir atentos a los edificios para descubrir los murales de la Ruta del Cómic. Porque sí, aquí también se mira hacia arriba.
Para comer, tenía claro que había que llevarlos a una brasserie belga de verdad. Nada de sobrevivir solo a base de patatas (aunque podríamos). Así que opté por Bouillon Bruxelles, que tiene buena relación calidad-precio (y en Bruselas, eso ya es decir bastante).
Y, por supuesto, hubo tiempo para lo importante: compritas. Souvenirs, chocolates… lo típico que dices “solo voy a mirar” y acabas cargando bolsas. Parte esencial del viaje.
Y desde ahí caminamos hasta el Parque del Cincuentenario, un sitio clave, especialmente en primavera, cuando está precioso.
Día 3 (Lovaina – Amberes)
Puede sonar locura… y probablemente lo sea. Pero mi familia es como yo: overachievers oficiales. Aquí se aprovecha todo.
Empezamos el día en Lovaina, recorriendo sus puntos clave y empapándonos de historia. Es una ciudad que me ha encantado, así que si podéis hacer un tour allí, hacedlo.
Eso sí, el antiguo ayuntamiento está en obras (como media Bélgica, sinceramente). Pero incluso así, impresiona. Imaginaos cuando esté terminado.
Y como íbamos con el tiempo justo, hicimos lo que haría cualquier belga: comprar un bocadillo y seguir camino hacia Amberes.
Paseando por Amberes descubres de todo: el taller de Peter Paul Rubens, tiendas de diamantes por todas partes (no por nada es la capital mundial del diamante) y, de repente, un castillo medieval junto al río Escalda. Es una ciudad con muchísima personalidad. Y no sin olvidarnos que tiene una de las estaciones de tren más bonitas del mundo (uno de los orgullos más grandes de los belgas)
Despedida…
Desgraciadamente, la vida Erasmus también tiene obligaciones, y ese día me tocó ir a la universidad. Pero eso no significó descanso para mi familia. Aprovecharon para seguir explorando Bruselas por su cuenta (con otro tour, que ya les cogieron el gusto) y visitar el Parlamento Europeo, que para mí es una parada obligatoria.
Y así, casi sin darnos cuenta, la visita llegó a su fin. Con muchas, pero muchas, pero muchas risas y con recuerdos que se quedan para siempre.
Si algo he aprendido de esta experiencia es que organizar la visita de la familia puede parecer un reto… pero acaba siendo uno de los mejores momentos del Erasmus. Porque no solo enseñas una ciudad, enseñas tu vida, tus rutinas y, de alguna manera, todo lo que has construido lejos de casa.
Doei!
Nerea
Preguntas frecuentes
- Aunque en el centro de Bruselas hay muchas opciones, una muy buena elección es el Aparthotel Adagio Brussels Delta. Está prácticamente al lado del campus principal de la VUB y del campus de La Plaine de la ULB, y a solo cinco minutos de la parada de metro Delta, que conecta directamente con el centro. En cuanto a precio, suele estar bastante bien. Al ser un apartahotel, las habitaciones tienen una pequeña cocina, lo que viene genial para ahorrar en comidas, aunque también puedes añadir servicio de desayuno si lo prefieres. Además, su ubicación, a unos 15 minutos del centro, es ideal: más económico que alojarse en pleno centro, muy cerca de la zona universitaria y perfecto para cuando vienen familiares de visita durante el Erasmus.
Soy Nerea Mangas Nieto, tengo 21 años y estudio Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá (Madrid). Este segundo semestre continúo mi experiencia Erasmus en Bruselas, donde finalizaré mi grado realizando mi TFG y mis prácticas en la VUB (Vrije Universiteit Brussel). Durante este año estoy viviendo una experiencia única: estudiar en el extranjero mientras descubro una nueva cultura, pruebo su gastronomía y exploro lugares increíbles.
Quiero compartir todo esto con vosotros, lo mejor de mi estancia en Bruselas, pero también recorrer juntos Flandes y descubrir esos pequeños tesoros escondidos que hacen tan especial a esta región. Me hace muchísima ilusión tener este espacio para contaros mi experiencia y que, juntos, podamos disfrutar de todo lo que Flandes tiene para ofrecernos.




