¡Holaaa a todos!
El otro día fui al centro visitar un hotel. Pero no uno normal, sino la residencia que Luis XVIII, rey de Francia, convirtió en su hogar durante su exilio en Gante.
El Hotel d’Hane-Steenhuyse se encuentra en plena Veldstraat, una de las principales calles comerciales de Gante, rodeado de tiendas como H&M, Zara o Mango. Y es que imagínate ir de compras, entrar en una tienda y pasar por delante de este edificio sin darte cuenta de que, justo ahí, estás dejando atrás un lugar que esconde tantísima historia.
Pero, si algo he aprendido durante este mes haciendo blogs, es que Gante está llena de patrimonio e historias escondidas donde menos te lo esperas. Y esta es, sin duda, una de ellas.
¿Cuál es la historia que esconde este hotel?
Estoy segura de que muchos de vosotros ya os estaréis preguntando como acabó un rey francés viviendo en un palacio en pleno centro de Gante. Para entender bien, esta historia, tengo que remontarme a 1815, justo después de las guerras napoleónicas.
En 1814, Napoleón fue derrotado y enviado al exilio a Elba, una pequeña isla italiana situada frente a la costa de la Toscana y por su parte, Luis XVIII, nuestro protagonista, recuperó el trono de Francia.
Sin embargo, parece que la historia no estaba preparada para terminar tan rápido, ya que poco después Napoleón consiguió escapar de su exilio, regresar a Francia y volver a hacerse con el poder, dando comienzo al periodo conocido como los Cien Días, es decir, esos 3-4 meses en los que Napoleón recuperó el poder en Francia hasta su derrota definitiva en la Batalla de Waterloo.
Luis XVIII tuvo entonces que abandonar Francia y buscar refugio. Y finalmente acabó en Gante, concretamente en el Hotel d’Hane-Steenhuyse. Pero este no estaba simplemente escondido esperando a ver que pasaba, sino que se llevo a parte de su corte a Gante con él, y desde ese mismo edificio continúo ejerciendo como rey de Francia desde el centro de gante.
Además, también me pareció muy curioso descubrir que justo enfrente del hotel, en la actual Casa Arnold Vander Haeghen, se alojó Wellington, un nombre que estoy muuuy segura que os sonara de algo. Wellington fue nada menos que el comandante aliado que acabaría enfrentándose a Napoleón en la famosa batalla de Waterloo, esa que tanto hemos estudiado en Historia. Y por lo tanto, su ubicación frente al hotel no era casualidad, sino que, de esta forma, podía mantener vigilado al rey.
Pero la historia del Hotel d’Hane-Steenhuyse no empieza con Luis XVIII, mucho antes de que el rey llegase a Gante, este edificio ya era uno de los grandes palacios urbanos de la ciudad. La familia d’Hane adquirió la casa en 1698 y, durante el siglo XVIII, fue ampliándola y transformándola hasta convertirla en el palacio que conocemos hoy.
Además, durante la época de Jean-Baptiste d’Hane de Steenhuyse, la casa recibió a diferentes personajes importantes de Europa. Entre ellos estuvieron, además de Luis XVIII, Alejandro I, zar de Rusia, y Federico I, príncipe de Orange.
Así que sí: en plena Veldstraat, una de las calles comerciales más transitadas de Gante, se esconde un edificio por el que pasaron reyes, príncipes y personajes que marcaron la historia europea.
¿Qué nos encontramos dentro del Hotel d’Hane-Steenhuyse?
Una vez que entras en el Hotel d’Hane-Steenhuyse, empiezas a entender el por qué este edificio terminó convirtiéndose en uno de los grandes palacios urbanos de Gante. Hoy no estamos ante una casa antigua, sino ante un edificio que durante generaciones fue transformándose hasta convertirse en el palacio que podemos ver hoy
La familia d’Hane adquirió la casa en 1698 y, a partir de entonces, diferentes generaciones fueron ampliándola y adaptándola a los gustos y estilos de cada época. Por ejemplo, el conde Emmanuel-Ignace d’Hane fue el responsable de buena parte de la transformación del edificio, especialmente de la fachada y de los salones de estilo rococó. Mientras que , su hijo Pierre-Emmanuel d’Hane cuando continuó con las reformas le dio un estilo más clásico a otras partes del palacio, como la fachada trasera y el salón de baile. Más tarde, Jean-Baptiste d’Hane, terminaron de darle al edificio gran parte de la apariencia que conocemos actualmente.
Pero lo que más me llamó la atención es que, cuando visitas el palacio actualmente, no se pretende simplemente enseñar un edificio antiguo vacío, sino recrear cómo podía ser el mundo de la familia d’Hane y de las personas que vivieron aquí.
Para conseguirlo, se ha buscado mantener la mayor autenticidad posible en los espacios y en su decoración. De hecho, parte del mobiliario procede de las colecciones del Design Museum Gent y del STAM, que han colaborado cediendo diferentes piezas en préstamo permanente.
La idea es que, al recorrer las habitaciones, puedas transportarte al Antigua Régimen y descubrir cómo era la vida de esta época cuando los propios espacios del palacio todavía estaban llenos de vida. Mientras avanzas el recorrido te puedes hacer una idea de hasta cómo se organizaban las comidas, dónde escribían, cómo se vestían o incluso cómo se arreglaban.
Y creo que precisamente eso es lo que hace que la visita sea tan curiosa, no solo estás viendo un palacio, sino que te incita a imaginar cómo era vivir dentro de él.
¿Cómo era la vida de Luis XVIII en el Hotel d’Hane-Steenhuyse?
Durante el recorrido además de ver la decoración del palacio podías conocer algunas curiosidades del rey y de su vida en Gante.
Al parecer cuando el rey llegó al Hotel d’Hane-Steenhuyse en marzo de 1815, la familia d’Hane tuvo que trasladarse a las habitaciones de la primera planta para dejar a su disposición los principales salones de la casa.
Luis XVIII no tenía precisamente una vida sencilla debido a que sufría de enormes problemas de salud como obsesidad y ataques de gota. Moverse por su cuenta era todo un problema, por lo que desplazarse por la ciudad no era fácil para él. De hecho, cada día era trasladado hasta la Catedral de San Bavón, situada a pocos cientos de metros del palacio, para asistir a misa en silla de ruedas o en carruaje.
Además, la familia d’Hane estaba dispuesta a hacer todo lo posible para que su huésped estuviera cómodo. El conde llegó a gastar una pequeña fortuna para atender al rey, aunque, teniendo en cuenta el prestigio que suponía alojar al monarca francés, para él aquello no tenía precio.
Por otro lado, el pueblo de Gante tenía una imagen bastante diferente del rey. Debido a su peso y a que sudaba mucho mientras caminaba, acabaron poniéndole el apodo de “Luis el que suda”
5 Detalles que me llamaron la atención de la visita
Más allá de toda la historia que hay detrás del Hotel d’Hane-Steenhuyse, durante la visita hubo muchos pequeños detalles que me llamaron especialmente la atención.
- Los techos y las paredes
Una de las primeras cosas que me llamó la atención fueron los techos y las paredes de las diferentes habitaciones. Hoy en día, estamos acostumbrados a ver paredes blancas y aburridas pero este caso en cada una de las habitaciones había muchísimas pinturas que hacían que cada espacio pareciese super diferente pero igual de impresionantes.
- Las cartas y los escritorios
También me fijé mucho en las cartas que encontramos sobre algunas de las mesas y en que había muchos espacios destinados a escribir. En ellos había plumas y diferentes elementos relacionados con la escritura que ayudan a imaginar cómo era el día a día de las personas que vivían en el palacio sin móviles ni ordenadores.
- La ropa y el tocador
También me llamó mucho la atención poder ver cómo era la ropa de la época. Durante la visita pude ver tanto prendas de hombres como de mujeres, además de unas pantuflas (lo que me pareció muy curioso) e incluso la ropa de una niña pequeña.
Además, había un tocador con un espejo antiguo y diferentes utensilios para arreglarse. Entre ellos había unas tijeras, algo que parecía una lima de uñas y otros objetos que se me hicieron tan antiguos que fui incapaz de identificarlos.
- Las colecciones de animales
Sinceramente, al entrar nunca me hubiese imaginado encontrarme con colecciones de mariposas, insectos e incluso lagartijas disecadas en una de las estanterías. Sin duda junto con la ropa y el tocador, fue lo que más me llamo la atención.
- El piano
Y, por último, otro de los elementos que me llamó la atención fue un piano enorme y muy antiguo que se encuentra en una de las estancias del palacio. No podemos negar que es uno de esos objetos que destacan nada más entrar.
El protocolo también tiene su historia
Como buena estudiante de Protocolo y Organización de Eventos, en clase he estudiado un millón de veces la colocación de los elementos en una mesa y las normas de etiqueta durante una comida. Por eso, cuando vi que un apartado de la visita estaba dedicado a explicar eso que tanto había estudiado me llamo mucho la atención
Las comidas en aquella época estaban rodeadas de muchiiisimas normas y reglas, bastantes más que ahora. Por otro lado, eran mucho más largas, pudiendo durar hasta toda la tarde. Una única comida podía incluir entrantes, sopas, carne, aves, pescado, verduras y ensalada, además de diferentes entremets de douceur, que eran preparaciones dulces que se servían durante la comida. Para terminar, también había dulces y quesos, y la fruta no se tomaba de postre como a día de hoy, sino que estaba siempre presente en la mesa.
Otra cosa que también se me hizo muy curiosa es la forma de servir. Si un invitado quería algo que estaba al otro lado de la mesa, podía pedir que se lo acercaran, pero después tenía que devolverlo. No estaba bien visto ir llenándose el plato cogiendo pequeñas cantidades de diferentes platos (como hacemos a día de hoy en los buffet) , por lo que la comida se iba pasando continuamente entre los invitados.
Incluso las bebidas tenían su propio protocolo. Si alguien quería cerveza o vino, tenía que pedírselo al maître d’hôtel, que era quien se encargaba de servirlo. De esta forma, además de mantener el servicio organizado, también se podía controlar cuánto alcohol bebía cada invitado.
Información práctica
- ¿Dónde esta? : Veldstraat 55, 9000 Gante.
- Horario: puedes visitarlo de forma individual los viernes y sábados de 14:00 a 18:00 y los domingos de 10:00 a 18:00
- Precio: la entrada individual es de aportación voluntaria
¡Hola!!!!! Soy Clara Fuentes, estudiante de Protocolo y Organización de Eventos en Madrid. Este año he decidido meter mi vida en una maleta e irme de erasmus a Gante durante todo un año a vivir una nueva experiencia al máximo. Me encanta viajar, conocer sitios nuevos y sobre todo cotillear las historias que hay detrás de cada uno de ellos.
Por eso, estoy muuuy ilusionada de ser vuestra corresponsal de Patrimonio este primer semestre y tener la excusa perfecta para recorrerme Flandes, descubrir sus mejores secretos y enseñaros esos rincones que quizás pasan desapercibidos.





