¡Hallo a todos y a todas!
Nos encontramos ya en junio y sinceramente no me creo que hayan pasado nueve meses desde que aterricé en suelo belga y comenzase mi experiencia Erasmus. Me parece completamente surrealista cómo pasa el tiempo. Si me descuido, estoy otra vez haciendo la maleta.
Y claro, es justo en este momento cuando me acuerdo de mi yo del pasado. Esa versión de mí que llegó a Flandes sin tener ni idea de muchas cosas y que fue descubriendo poco a poco pequeños imprescindibles que ahora forman parte de mi día a día.
Por eso he pensado que quizás puede venir bien compartir algunos de ellos con los futuros estudiantes Erasmus que estén pensando venir a Flandes o que estén a punto de aterrizar por aquí. Porque sí, os hablarán de universidades, de papeleo y de asignaturas. Pero nadie os prepara para las verdaderas cosas importantes.
Lo que Flandes me ha dado
Si alguien me hubiera dicho hace un año que descubriría ciertas cosas en Flandes y que acabarían convirtiéndose en parte de mi vida, probablemente no le habría creído. Y no hablo solo de grandes experiencias. Hablo también de cosas completamente random que, sinceramente, ahora no sé cómo voy a abandonar.
Salsa Andalouse
Creo que si habéis leído varios de mis posts ya sabréis que esta salsa ha sido uno de mis grandes amores desde que llegué a Bélgica.
Durante estos meses he probado versiones en restaurantes, puestos de patatas fritas y supermercados. Y después de una investigación exhaustiva, porque alguien tenía que hacerlo, he llegado a una conclusión: para mí, la mejor salsa Andalouse es la del Colruyt. Es espectacular.
Mi principal preocupación ahora mismo no es terminar el Erasmus ni aprobar los exámenes. Mi preocupación real es cómo voy a transportar varios botes de salsa Andalouse hasta España sin que exploten en la maleta.
El abono anual de transporte de Bruselas
Mi otro gran imprescindible. Creo que cualquier estudiante que venga a Bruselas debería intentar conseguirlo lo antes posible. Y no solo por el precio, que ya es una auténtica maravilla, sino por la tranquilidad mental que te da.
Pagas tus 18 € cuando llegas a la ciudad y, de repente, te olvidas de pensar en billetes, recargas y viajes. Bus, metro, tranvía… lo que necesites. Es una de esas cosas que no valoras hasta que la tienes. Y cuando la tienes, no entiendes cómo has vivido sin ella.
Kruidvat
Bueno amigas…Qué maravilla de tienda. De verdad que no sé qué tiene este lugar, pero cada vez que entro salgo con algo que no pensaba comprar.
Tienen maquillaje de marcas como Essence, Catrice o L’Oréal a muy buenos precios, pero lo que realmente me ha conquistado es la cantidad de productos para pelo rizado que tienen. Gracias a Kruidvat he podido probar marcas nuevas y encontrar productos que en España nunca había visto.
Ahora bien, también os digo una cosa: entras pensando que vas a comprar un champú y sales con crema, mascarilla, maquillaje, chicles y alguna cosa que ni siquiera sabías que necesitabas.
Es una trampa. Una trampa maravillosa, pero una trampa.
Gofres a mi antojo
Sí, puede sonar al tópico más grande del universo. Pero amigas, un buen gofre después de una tarde de estudio es terapia. No sé cómo explicarlo de otra forma.
Lo mejor es que en Bruselas siempre tienes uno cerca. Da igual dónde estés. Siempre aparece un puesto de gofres cuando más lo necesitas. Es casi mágico. Incluso cerca de la universidad hay opciones para caer en la tentación.
Y sinceramente, pocas cosas me han dado tanta felicidad inmediata durante este Erasmus como un gofre calentito después de sobrevivir a una semana complicada.
Cerveza Rouge
Y si hablamos de cosas que Flandes me ha metido en la vida sin pedir permiso, no puedo no mencionar la cerveza.
Porque sí, yo vine aquí muy inocente pensando “bueno, no creo que beba cerveza, no me gusta”… y ahora tengo hasta opciones.
Entre ellas, la famosa Kasteel Rouge. Una cerveza dulce, afrutada, que entra peligrosamente fácil. Demasiado fácil. Es de esas bebidas que empiezas diciendo “sabe a chuche” y acabas replanteándote decisiones vitales.
No sé quién decidió que mezclar cerveza con cereza era buena idea, pero desde aquí solo puedo decir: gracias…

Españita siempre conmigo
Y ahora sí, la parte emocional del asunto.
Porque puedes adaptarte a muchas cosas en el extranjero… pero hay una que no se negocia: el
ColaCao. Da igual
que haya Nesquik, Ovomaltine o cualquier versión internacional. No. El ColaCao de toda la vida es insustituible.
Así que sí, vino conmigo desde España y aquí sigue, sobreviviendo como un pequeño tesoro nacional en medio de un supermercado belga. Y sinceramente, no pienso discutir esto con nadie.
Al final, este Erasmus no solo va de estudiar o de descubrir ciudades nuevas. Va de ir acumulando pequeñas cosas que, sin darte cuenta, se convierten en parte de tu rutina, de tu identidad e incluso de tus obsesiones gastronómicas.
Entre salsas imposibles de abandonar, abonos de transporte que te salvan la vida, tiendas que te atrapan y gofres que aparecen en el momento exacto, te das cuenta de que Flandes se te queda un poco dentro.
Y sí, probablemente vuelva a España con más cosas en la maleta de las que traje… pero sobre todo con una lista bastante larga de cosas que ahora ya forman parte de mí.
Doei!
Nerea
Soy Nerea Mangas Nieto, tengo 21 años y estudio Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá (Madrid). Este segundo semestre continúo mi experiencia Erasmus en Bruselas, donde finalizaré mi grado realizando mi TFG y mis prácticas en la VUB (Vrije Universiteit Brussel). Durante este año estoy viviendo una experiencia única: estudiar en el extranjero mientras descubro una nueva cultura, pruebo su gastronomía y exploro lugares increíbles.
Quiero compartir todo esto con vosotros, lo mejor de mi estancia en Bruselas, pero también recorrer juntos Flandes y descubrir esos pequeños tesoros escondidos que hacen tan especial a esta región. Me hace muchísima ilusión tener este espacio para contaros mi experiencia y que, juntos, podamos disfrutar de todo lo que Flandes tiene para ofrecernos.


