¡Hola de nuevo! Hoy os traigo una ruta muy especial por las 4 principales abadías de Lovaina. ¿Y qué se necesita para esta ruta? Pues una bici, un par de horas libres y muchas ganas de recorrer la ciudad. Fácil, ¿verdad? Pues os cuento un poco mi experiencia y a ver si os animáis a hacerla. Lo que más me ha gustado de esta ruta es que cada abadía me sorprendía por algo distinto, cada una tenía su toque especial, y además he acabado descubriendo rincones de Lovaina que no conocía solo por el trayecto entre abadías.
Abadía de Santa Gertrudis: la abadía que se esconde a plena vista
He de admitir que casi paso de largo esta abadía, no es tan grande como esperaba y se camufla con el resto de edificios de la ciudad. Pero no es que la abadía no sea bonita, todo lo contrario: Lovaina está tan llena de edificios que impresionan, que al pasar por la calle donde se encontraba pensé que era uno más. Esta abadía forma parte del Klein Begijnhof (Pequeño Beaterio), del que ya hablamos en el último blog (Conoce la KU Leuven), y se encuentra en el corazón de Lovaina. Llegar en bici es súper fácil, unos 5 minutos desde el centro. Lo que más me gustó de esta abadía fueron las cristaleras que tiene, y aunque no forme parte estrictamente de la abadía, está rodeada de unas orquídeas preciosas. Desde aquí cogemos energías (que harán falta) y nos preparamos para ir a nuestra segunda parada, Keizersberg.
Abadía de Keizersberg: la cuesta que se paga con las mejores vistas de Lovaina
Esta segunda abadía está muy cerca de la anterior, pero cuidado que las distancias engañan. Como valenciana que soy, estoy acostumbrada a mi querida ciudad plana, y no estaba preparada para la subida que se me venía. Para llegar a la Abadía de Keizersberg hay que pedalear bordeando un espectacular muro de piedra hasta llegar a la cima de la colina. No es para tanto, en unos 10 minutos llegas arriba, pero he de admitir que tuvimos que ser nosotros quienes llevamos la bici cuesta arriba en vez de la bici a nosotros.
No obstante, al llegar arriba te das cuenta de que la subidita merece la pena: al principio ves la abadía, que ya de por sí es muy bonita, pero si avanzas un poco más te encuentras con un mirador impresionante. De las 4 es la que más me gustó, por el mirador con vistas a toda Lovaina, la tranquilidad que se respiraba y una estatua de una virgen gigantesca que parece que salude a la ciudad. Como curiosidad, esta abadía fue construida en el siglo XIX, sobre el terreno de una antigua fortaleza donde se alojaba el emperador Carlos I.
Abadía del Parque: huertos, deporte y el mejor atardecer de la ruta
Tras la parada en el mirador, toca la parte más divertida de la ruta: pedalear toda esa subida cuesta abajo. Tras unos 15 minutos en bici llegamos a la Abadía del Parque. El camino hasta esta abadía me gustó mucho, pasamos por un montón de parques y vimos mucha gente corriendo, montando en bici y haciendo deporte, un ambiente muy sano, que no había visto tanto en el centro de la ciudad. Lo primero en lo que me fijé al llegar a la abadía es que está rodeada de huertos, me recordó a los paseos en bici que hago los findes por Alboraya, un pueblecito valenciano caracterizado por su huerta. Pedalear por la Abadía del Parque fue como teletransportarme a casa por unos segundos. Esta abadía fue fundada en 1129 y donada por el Duque de Brabante a la comunidad norbertina, que sigue viviendo allí hoy y cuenta con nada más y nada menos que 42 hectáreas.
Abadía de Vlierbeek: el final más verde de la ruta
Tras la tranquilidad que desprende la Abadía del Parque, volvemos a subirnos a la bici, atravesamos la ciudad y en unos 20 minutos llegamos a la Abadía de Vlierbeek. Esta es con diferencia la que más bosque y campo tenía, es muy muy verde, y contrasta con el blanco de la abadía en sí. Al llegar intentamos entrar a la iglesia, y una monja nos dijo que estaban haciendo una meditación y que nos podíamos unir. Tras pensarlo un poco, decidimos quedarnos explorando los jardines, ya que queríamos volver a nuestras resis de día a ser posible, y ya estaba anocheciendo. El paseo por los bosques que rodean la abadía fue un gran cierre de la ruta.
Lo mejor de la ruta no fueron solo las abadías
Lo mejor de la ruta no fueron solo las abadías (que también), sino todo lo que fuimos viendo por el camino, moviéndonos de abadía en abadía. Ya lo dije en el último post, pero ahora siento que conozco un poquito más Lovaina. A ver si eso no cambia, y acabo siendo una experta. Por aquí os dejo los links a algunos videos que hice durante la ruta, y como siempre, si queréis mas información podéis visitar las páginas oficiales, VisitLeuven/Abadías, VisitFlanders.
Soy Cristina, de Valencia, y estudio Administración y Dirección de Empresas. Este cuatrimestre estoy haciendo mi Erasmus en Lovaina, una ciudad que enamora por su ambiente universitario y sus rincones llenos de historia. Aquí soy corresponsal de naturaleza y ciclismo, así que os iré compartiendo los bosques, parques y rutas en bici que voy descubriendo por Flandes, además de mi experiencia como estudiante en la KU Leuven. Estoy segura de que estos meses van a ser una experiencia inolvidable, ¡y espero que os sirvan de inspiración para vivir la vuestra!




