Y la fiesta sigue… ¡en Seven Oaks!

Publicado en el blog de Lovaina por

Una de las mayores preocupaciones del estudiante Erasmus que se marcha al extranjero a vivir tan inolvidable experiencia está relacionada con el horario de cierre de los bares y discotecas de la ciudad de destino.

En efecto, la mayoría de las ciudades europeas no comparten la secular y muy respetable tradición española de volver de fiesta prácticamente coincidiendo con el amanecer. Pues bien, ¡no temáis! Si venís de Erasmus a Lovaina no tendréis que alterar sustancialmente vuestros biorritmos porque la ciudad se adapta perfectamente al horario de fiesta español. La inmensa mayoría de los locales de ocio nocturno de la ciudad cierran alrededor de las 5.30 o 6.00 de la madrugada… y si os quedáis con ganas de más, Seven Oaks es vuestro sitio.

Y es que la consigna de esta “institución” es clara: no se echa el cierre hasta que se marche el último cliente. Cuenta la leyenda que una noche del año pasado el sitio permaneció abierto hasta la una de la tarde con un solo cliente dentro (español, ¡cómo no!). Seven Oaks está situado en el 3 de la calle Hanengang a unos tres minutos andando de la Oude Markt, la plaza principal de Lovaina donde se concentra el grueso del ocio nocturno de la ciudad. Quizá por estar algo separada del resto de bares y discotecas la calle esté algo desangelada. Parece que no ocurre nada detrás de la inmensa puerta de madera que custodia el bar pero en cuanto la abres, escuchas la música y ves las escaleras que bajan directamente al sótano más conocido de la ciudad (los infiernos de Lovaina) sabes que te espera un final de noche antológico. “Una noche no es buena si no acaba en Seven Oaks”  es una frase tan recurrente que ya se repite como un mantra por la comunidad Erasmus en Lovaina. 

Dentro del bar te esperan un sinfín de experiencias. La música es muy buena: se combinan los éxitos musicales actuales con himnos atemporales que van desde los 60 (Beatles, Rolling Stones…) hasta los 90 (Blur, Oasis, Counting Crows…). Además de bailar y de probar la inmensa variedad de cervezas y de ginebras que tiene Seven Oaks puedes jugar a los dardos o al juego más característico del bar: nagelkloppen lo que traducido al castellano viene a ser algo así como “golpeo de clavos”. Todo lo que tienes que hacer para jugar es comprar tantos clavos en la barra como participantes tomarán parte en el juego. Cada clavo cuesta 30 céntimos de euro. Además tendrás que dejar un carnet de identidad a modo de fianza para que te entreguen un martillo. Y sí, la estampa de ver a unos tíos paseándose en un avanzado estado de descomposición con semejante instrumento es impagable, aunque milagrosamente nunca ha habido que lamentar heridos. El juego lo gana quien antes consiga clavar del todo el clavo en uno de los siete troncos de roble que se encuentran desperdigados por el local (son estos troncos los que dan el nombre al bar). El último en conseguirlo deberá invitar a los demás participantes a una cerveza.


Una noche de Seven Oaks termina siempre a altas horas de la madrugada.Para que la noche sea redonda recomiendo fervientemente acercarse a algún Frituur o Kebab (muchos de los cuales llegan a abrir hasta las 7.00 de la mañana) en pos de lo que unos han dado en llamar “recena” y otros prefieren calificar como “desayuno”.  Y en este punto de la noche o de la mañana, quien más podrá disfrutar más que ninguna otra vez de su cama y quien menos deberá darse una ducha rápida y salir corriendo hacia la universidad. La dura vida del estudiante Erasmus.
P.D: Mamá y papá, yo nunca he ido al sitio este del que hablo, todo esto me lo han contado en una pausa de la biblioteca.
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