Hay días en los que no hace falta hacer grandes planes. Basta con sentarse en un banco cualquiera, observar y dejar que la ciudad hable. Y si hay algo que caracteriza Bélgica (y especialmente Flandes) de la que me he dado ceunta desde que llegué, es que aquí la bicicleta no es solo deporte: es vida cotidiana.
En mi país, la bici suele estar asociada al ocio, al fin de semana, al verano o al deporte. Aquí no. Aquí la bicicleta es transporte. Es rutina. Es la manera más natural de moverse por la ciudad.
Y lo más curioso es que el clima no es excusa.
Al mal tiempo, buena cara… y a pedalear
Llueve. Hace viento. El cielo está gris. Y aun así, las calles siguen llenas de bicicletas.
No es que no sientan el frío. Es que están preparados. Guardabarros, luces potentes, chubasqueros, guantes, fundas impermeables para las mochilas… La cultura ciclista en Bélgica no depende del clima perfecto, sino de la mentalidad.
Aquí no se “sacrifica” el transporte ecológico porque el día amanezca nublado. Se adapta uno al clima, no al revés.
Y eso dice mucho.
Una ciudad pensada para la movilidad sostenible
También hay que decirlo: es más fácil apostar por la bicicleta cuando la ciudad está preparada para ello.
La movilidad sostenible en Flandes no es un discurso bonito, es una realidad visible. Carriles bici amplios y bien señalizados, aparcamientos específicos para bicicletas en cada esquina, prioridad en muchas intersecciones, semáforos adaptados y señales que lo confirman.
Como esa que vi el otro día: una señal de prohibido el paso… con una excepción clara para bicicletas. Aquí la bici no es un estorbo; es parte del sistema.
Los ciclistas pueden acceder al centro de la ciudad sin problemas, mientras que los coches encuentran más restricciones. Y eso cambia completamente la dinámica urbana.
Más que transporte: una forma de entender la ciudad
La bicicleta en Bélgica no solo reduce emisiones o tráfico. Cambia el ritmo.
La ciudad se siente más humana. Más cercana. Más tranquila.
Desde un banco cualquiera ves estudiantes, madres con niños en sillitas delanteras, trabajadores trajeados, personas mayores… todos moviéndose en bicicleta. No es una moda. Es una normalidad.
Lo que me llevo de esta reflexión
Sentada en ese banco entendí algo muy simple: cuando una sociedad decide priorizar la sostenibilidad, lo hace de verdad.
No basta con campañas o discursos sobre transporte ecológico. Hace falta infraestructura, educación vial, cultura y coherencia. Y en Flandes eso se nota.
Quizá por eso cada vez más viajeros que visitan Bélgica se sorprenden al ver la cantidad de bicicletas. Pero para quienes viven aquí, es simplemente el día a día.
Y yo, que vine pensando en el ciclismo como deporte (porque sí, aquí también es casi religión), he descubierto que la verdadera revolución está en lo cotidiano: en pedalear bajo la lluvia, en elegir la bici aunque el cielo esté gris, en diseñar ciudades donde las dos ruedas tienen prioridad.
Dicho esto,
¡Nos lleemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!
