¡Hola de nuevo! Como ya os conté en el post de la «Toscana flamenca», en la misma ruta por la Wijngaardberg hay un protagonista que merece su propio blog: el Wijnmuur, un muro de piedra que durante mucho tiempo se pensaba que era medieval y que en realidad esconde una historia bastante más movida de lo que parece a simple vista.
Un muro que parece de otra época (pero no lo es)
Lo primero que me sorprendió fue el tamaño: vas combinando por el bosque rodeada de naturaleza y de repente te encuentras con un muro de 1,5 km de largo y casi 2 metros de alto en algunos tramos. Fue construido con ijzerzandsteen, un tipo de piedra muy característica de la zona y durante años se pensó que era un muro medieval, ya que en Hageland ya se cultivaba vino desde hacía siglos. Pero después de la parada técnica en el Centro de Visitas del Vino de Hageland aprendí un montón de curiosidades sobre estos viñedos. Los historiadores que investigaron el asunto a fondo descubrieron que no, que el muro en realidad se había levantado entre 1815 y 1835, mucho más reciente de lo que se pensaba.
La historia política detrás de unas viñas
Y aquí viene la parte que más me sorprendió de toda la investigación: el proyecto de plantar 32 hectáreas de viñedo en esta colina no fue solo una cuestión de agricultura. Tras la derrota de Napoleón, el rey Guillermo I de los Países Bajos (Bélgica aún no existía como país independiente) quería reforzar la autonomía y la economía de su reino, y decidió que la mejor manera de hacerlo era impulsar el negocio del vino propio. Así que, sin quererlo, un simple muro de piedra en un pueblecito de Flandes acabó siendo parte de un pequeño juego geopolítico europeo. Se trajo incluso a un viticultor experto desde Huy para dirigir la plantación de los viñedos, un tal Jean Théodore Wéry, y durante un par de décadas el vino de Wezemaal, protegido por este muro, tuvo su momento de gloria.
Por qué se acabó el vino (y quién se quedó con los viñedos)
El gran plan del vino duró poco. Sobre 1845, una vez Bélgica ya estaba independizada y con la llegada del ferrocarril, importar vino francés se volvió mucho más barato que producirlo aquí, y el gran proyecto de Guillermo I se fue apagando poco a poco. Lo que más gracia me hizo al leerlo es la mayoría de las vides que quedaban se las vendieron a los monjes trapenses de Westmalle, sí, los de la cerveza. La colina acabó reconvertida en un pinar normal y corriente durante más de un siglo, gran parte de lo que eran viñedos hoy es un bosque precioso.
¿Y cómo se recuperó todo esto?
Pues en los años 90 unos vecinos de Wezemaal fundaron una asociación llamada De Steenen Muur, que en español significa el muro de piedra. Decidieron recuperar una parte del viñedo original, la misma que hoy en día se puede visitar y por la que nosotros hemos paseado siguiendo los nodos numerados que nos iban guiando por el camino. Mientras tanto, el muro se declaró monumento protegido en 1995, y desde hace unos años se está restaurando poco a poco de forma totalmente voluntaria.
Lo que se siente caminando junto al muro
Más allá de todas estas curiosidades históricas, lo que a mí más me impactó fue verlo en persona: un muro tan largo, hecho a mano, piedra a piedra, que ha sobrevivido casi dos siglos de historia belga sin que casi nadie de fuera de la zona lo conozca. Es de esas cosas que te hacen pensar en cuánta historia puede esconder un simple paseo por el campo si te paras a investigar un poco antes de ir.
En resumen
Si ya habéis hecho la ruta por los viñedos de Hageland o pensáis hacerla, aseguraos de fijaros bien en el muro cuando paséis junto a él y acordaos de todo esto que acabáis de leer. No es solo piedra apilada, es la historia de reyes, monjes y vecinos que lo han cuidado a lo largo de los años. Podéis encontrar más info sobre esta ruta aquí: http://PaseoPorElMuroDeHageland.
Soy Cristina, de Valencia, y estudio Administración y Dirección de Empresas. Este cuatrimestre estoy haciendo mi Erasmus en Lovaina, una ciudad que enamora por su ambiente universitario y sus rincones llenos de historia. Aquí soy corresponsal de naturaleza y ciclismo, así que os iré compartiendo los bosques, parques y rutas en bici que voy descubriendo por Flandes, además de mi experiencia como estudiante en la KU Leuven. Estoy segura de que estos meses van a ser una experiencia inolvidable, ¡y espero que os sirvan de inspiración para vivir la vuestra!


