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Gante está llena de monumentos impresionantes, pero hay uno que muchas veces pasa desapercibido entre el Castillo de los Condes o el Graslei: la Iglesia de Santiago (Sint-Jacobskerk). Situada junto a la plaza del Vrijdagmarkt, este templo no solo es uno de los edificios religiosos más antiguos de la ciudad, sino también un magnífico ejemplo del legado que dejaron los grandes maestros flamencos en la arquitectura y la escultura de Flandes.
Si te gusta el arte, merece muchísimo la pena entrar. Muchas personas pasan de largo sin saber que, en su interior, se esconden siglos de historia y algunas obras realizadas por importantes artistas flamencos.
Una iglesia que ha evolucionado con Gante
La construcción de la iglesia comenzó en el siglo XII y, como ocurre con muchos edificios históricos de Bélgica, fue ampliándose poco a poco. Por eso hoy conviven elementos románicos, góticos y barrocos que cuentan la evolución artística de Flandes durante más de ochocientos años.
Además, la iglesia formaba parte del Camino de Santiago que atravesaba esta región, convirtiéndose durante siglos en un lugar de descanso para miles de peregrinos que se dirigían hacia Santiago de Compostela.
Los grandes artistas flamencos presentes en el templo
Uno de los aspectos más interesantes de la iglesia es la cantidad de obras realizadas por escultores flamencos.
Entre ellas destacan piezas atribuidas a Jérôme Duquesnoy el Joven, uno de los escultores barrocos más importantes de Bélgica, conocido por el enorme realismo de sus figuras. También pueden encontrarse obras relacionadas con el entorno de Artus Quellinus el Viejo, considerado uno de los artistas que más influyó en la escultura barroca de Flandes durante el siglo XVII.
Sus retablos, monumentos funerarios y esculturas convierten la iglesia en una pequeña galería de arte donde resulta fácil apreciar la calidad artística que alcanzó esta región durante la Edad Moderna.
Una arquitectura que resume la historia de Flandes
La propia estructura del edificio también merece una visita.
Las torres románicas recuerdan los orígenes medievales de Gante, mientras que las ampliaciones góticas reflejan la enorme prosperidad que vivió la ciudad gracias al comercio textil. Más tarde llegaron las aportaciones barrocas, que enriquecieron todavía más el interior del templo con esculturas y decoración de gran calidad.
Esa mezcla de estilos hace que cada rincón tenga algo diferente que descubrir. Solo os digo que me pasé mucho más tiempo ahí del que tenía previsto.
Mucho más que una iglesia
Hoy sigue siendo un lugar de culto, pero también forma parte del patrimonio cultural de Gante. A lo largo del año acoge conciertos y actividades que permiten disfrutar del edificio desde otra perspectiva, demostrando que continúa siendo un espacio vivo dentro de la ciudad.
Además, su ubicación hace muy fácil incluir la visita en cualquier recorrido por el centro histórico.
Y si eres tú el que guía la visita, quedas muy ‘culto’ contando un poco sobre su historia y contexto.
Un imprescindible para los amantes del arte
No son pocas las veces que pensamos que para descubrir a los maestros flamencos hay que entrar en un museo o investigar muchísimo, pero la Iglesia de Santiago en Gante demuestra que buena parte de su legado sigue formando parte de los edificios históricos de Flandes.
Si visitas Gante, te recomiendo dedicar unos minutos a recorrer este templo con calma. Más allá de su valor religioso, es una oportunidad perfecta para conocer el trabajo de algunos de los escultores y arquitectos que ayudaron a convertir Flandes en uno de los grandes referentes artísticos de Europa. Y, además, es uno de esos rincones que suelen pasar desapercibidos para muchos turistas (e incluso locales), lo que hace que la visita sea todavía mucho más especial.
¡Hola!
Soy Paula Rodríguez, corresponsal de música y fiesta en Flandes
Soy estudiante en ICHEC Bruselas en el curso 2025/26 y apasionada de la música y la industria musical. Desde aquí comparto conciertos, festivales, eventos y planes musicales que hacen vibrar a Bruselas y Flandes.
Si suena bien y merece la pena vivirlo, probablemente esté allí para contártelo 🙂