Hace un par de semanas estaba en casa de unos amigos y, en plan improvisado, salimos a dar una vuelta. Me dijeron que había un parque cerca… en ese momento, yo pensé: bueno, otro más. Pero resultó no ser el caso.
Eso fue justo lo que me pasó con el Bois de la Cambre.
De “un parque más” a esto es increíble
Nada más llegar supe que no era “otro parque más” de Bruselas… era el parque. Y sí, lo digo así de claro: para mí, el mejor que he visitado hasta ahora. Venía de conocer sitios como el Parc du Cinquantenaire o el Parc Astrid, que están muy bien… pero esto es otra liga.
Caminamos durante más de una hora… y aun así era como si no hubiéramos visto ni la mitad.
Un café, buen ambiente… y muchísima vida
Después de un buen rato andando, decidimos parar a tomar un café en Woodpecker, un restaurante que encontramos de casualidad. Tenían muchas mesas de madera y una terraza muy chula también de madera.
Había muchísimo ambiente y algo que me gustó mucho es la vida que tiene el parque.
Había de todo:
- Gente paseando con sus perros
- Familias y grupos de amigos sentados en la hierba
- Corredores y ciclistas
- Patos y aves por el lago
- Incluso vimos actividades con ponis para niños
Además, al ser tan grande, puedes elegir totalmente el tipo de paseo: ir por caminos más concurridos o perderte por zonas más tranquilas, casi en silencio.
El detalle que no me esperaba: olor a gofres
Algo que me encantó fue justo eso: el ambiente… pero también los pequeños detalles: mientras caminábamos, empezamos a notar ese olor dulce tan típico… de repente vi la típica furgoneta amarilla de gofres y helados, y no solo nos cruzamos con una, creo que llegamos a ver 3 repartidas por el parque. De verdad, el olor se nota desde lejos y es imposible resistirse jaja.
También hay variedad de bares y restaurantes muy chulos que a medida que vas andando vas descubriendo, todos con gente tomando algo y disfrutando de la tarde. Hay para hacer un poco de todo: tomar algo, comer, parar a descansar… lo que te apetezca.
La isla, el chalet y el ferry más raro que he visto
En un momento del paseo llegamos al lago, y ahí fue cuando vi la famosa islita con el Chalet Robinson. Es un restaurante de comida local y cocktail bar, con una terraza con vistas al lago que tiene pintaza. Para llegar tienes que coger un pequeño «ferry» (creo que cuesta como 1€), que es bastante curioso porque parece una plataforma flotante.
Yo sabía que había algún tipo de transporte… pero no me esperaba eso para nada (lo conseguí grabar porque enseñarlo en el vídeo).
También puedes ir en una especie de barquita o canoa, lo cual me parece aún más guay.
El momento “¿cómo de grande es esto?”
Hubo un momento que me hizo gracia: saqué el móvil para mirar mi ubicación en Google Maps… y flipé. Estábamos prácticamente al principio del parque. Ahí fue cuando entendí de verdad lo grande que es.
Además, parece que cuanto más te alejas de la ciudad, más se vuelve bosque, más denso, más natural.
Esto no se queda aquí
Salí de allí pensando que tengo que volver sí o sí, pero esta vez para ir a correr o en bici. Tiene caminos larguísimos y muy buen entorno, así que es perfecto para eso.
Aunque también es ideal si solo quieres desconectar, pasear o tumbarte un rato sin hacer nada.
Info práctica
El parque está súper bien preparado, así que puedes pasar horas sin problema:
- Parque infantil
- Zonas deportivas
- Fuente de agua potable
- Baños públicos
- Quioscos y puestos de comida
- Bancos (algunos alrededor de árboles, muy chulos)
- Iluminación
- Pista de patinaje
Además, es bastante accesible, porque no tiene mucho desnivel y hay muchos caminos asfaltados.
Y algo que me pareció guay es que no pasan coches (solo algunas furgonetas), lo que lo hace más tranquilo y sostenible.
En resumen
El Bois de la Cambre fue un descubrimiento totalmente inesperado. Y justo por eso, creo que me gustó aún más.
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!



