Erasmus en Bruselas: valoración emocional I

La Erasmus en Bruselas no es una experiencia Erasmus.

 

Me explico: la manera de desenvolvernos en la ciudad – bien porque no existe un ESN lo bastante fuerte como para mover a tantos estudiantes, bien porque el clima y ambiente multicultural favorecen la inclusión dentro de las diferentes localidades, Dios sabe bien por qué-, de encontrar nuestros sitios favoritos y no acudir en masa a los bares Erasmus, convierte al estudiante que llega en parte de la realidad belga, al menos para muchos de nosotros. Elegir comuna donde vivir es lo suficientemente determinante como para que marque toda la experiencia: los vecinos, historia e influencias marcan una rutina totalmente distintiva.

Claro que hay puntos de adaptación (sí, adaptación) comunes: las familias que duermen en los soportales de las calles principales en pleno invierno o los militares que se pasean entre los vagones de metro, por poner ejemplos. Después de cinco meses viviendo en el distrito centro de Bruselas, creo que mi valoración emocional más útil pasa por una lista de los sitios que más he disfrutado -o pisado- en mi estancia en la ciudad.

La  Iglesia de Nuestra Señora de Fisterra

En medio de la rue Neuve, la arteria comercial de la capital, es una mezcla de barroco y clásico entre un Häaggen-Dazs y una tienda de Mac. El interior, luminoso y blanco, contrasta con el bullicio de la calle. La planta está presidida por una estatua de Nuestra Señora de Finisterre que, según la tradición, fue transportada desde el cabo de Fisterre, en Galicia.

La Plaza de los Mártires

Muy cerca de la Iglesia de Fisterra, subiendo una calle, encontramos esa plaza de estilo neoclásico, sin mucho ajetreo. Construida durante el XVIII para conmemorar los mártires caídos durante la independencia de Bélgica, fue construida por el arquitecto Claude Fisco y contiene la sede del Gobierno Flamenco. Eclipsada por la inmensa Grand Place es una de las grandes olvidadas del centro histórico de la ciudad, aun con el componente sentimental.

Fleur d‘Orient

El local es una tetería familiar en Brouckere, a diez minutos de la Grand Place. Ubicado en una antigua casa de la zona que aún mantiene los techos originales es un sitio tranquilo, con música típica, que ofrece gofres, shishas, batidos o tés muy ricos. Los dueños son muy simpáticos y ayudan con cualquier duda que surja sobre la zona. Para tomar una cerveza o salir de fiesta, Madame Moustache abre de jueves a sábado: organiza conciertos y fiestas ambientadas en los ochenta, a veces de entrada gratuita.

Tampoco podéis perderos, si pasais en la ciudad un fin de semana, el Brocante de los domingos en Gare du midi, un mercadillo que rodea la estación de trenes y donde se puede encontrar prácticamente de todo. Merece la pena, por calidad y precios, esperar al domingo para suplir los productos frescos de casa. Después de las compras, tomad un café en el bonito barrio de Saint Gery: el antiguo mercado de Les Halles es ahora una cafetería con música en directo.

 

La lista continua en este post.

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