¡Hola mis queridísimos lectores y lectoras!
Hoy os traigo la exposición Ecstasy & Orewoet. Pero no se trata solo de una muestra de arte contemporáneo. La expo está dentro del museo Parcum, que se encuentra dentro de la abadía de la ciudad. Lo cual signifinca que la experiencia empieza mucho antes de entrar: pasear por los jardines inmensos, encontrarte con vacas pastando tranquilamente, admirar las salas de la abadía y, finalmente, adentrarte en una exposición que pone a prueba tu mente y tus sentidos. Un auténtico 3×1: naturaleza, patrimonio histórico y arte contemporáneo.
Una pregunta que te acompaña.
Nada más empezar, la audioguía te lanza la pregunta central:
¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar en tu búsqueda del éxtasis?
Ahí entendí que esta visita no iba a ser la típica de museo. No se trataba de observar, sino de participar. Y la audioguía no era una voz neutra y aburrida, sino una especie de compañera que te hacía reflexionar, casi como si el museo te hablara al oído: “¿Qué imágenes podrían transportarte? ¿Qué sonidos te hacen olvidar la realidad?”
En la Edad Media, el camino hacia el éxtasis pasaba por la oración, el ayuno o incluso la autopenitencia. Lo que se conocía como orewoetese, ese ardor místico descrito por las beguinas (os hablaré de esto en posts siguientes). Era un fuego interior que las consumía en su búsqueda de unión con Dios.
Hoy, la exposición nos recuerda que seguimos buscando algo parecido, aunque ya no sea en conventos. Buscamos en el arte, la música, la meditación o incluso en la pista de baile. Esta exposición lo que busca es precisamente guiarte para que comprendas, qué es lo que produce ese “ardor” en tí.
Entre lo incómodo y lo bonito
Lo que más me enganchó de la expo fue que no todo era “bonito”. Algunas piezas eran muy chulas y otras directamente te incomodaban. Y creo que ese es el punto: el arte también debe descolocarte.
Lo primero que me llamó la atención fue Marina Abramović. Ver a alguien gritando en una pantalla de televisión durante más de tres horas es… raro, para ser sincera. Yo la conocía, así que de alguna manera esperaba algo intenso, pero no deja de ser incómodo y fascinante a la vez: me sentí rara, un poco fuera de lugar, pero al mismo tiempo curiosa por ver qué pasaría. Es como mirar por la cerradura de algo que sabes que va a dejarte pensando.
Después me acerqué a la cápsula dorada de Sylvie Fleury, y fue un cambio total de sensaciones. En cuanto entras, las luces y los sonidos te envuelven, y de repente te sientes como en otra dimensión, desconectada del mundo exterior. Es relajante y divertido al mismo tiempo: sientes que estás flotando en un lugar seguro, un pequeño universo paralelo.
Luego, llegó la rave de Tianzhuo Chen. Te sientas en frente a una pantalla, en una sala totalmente blanca con cascos puestos, y de repente te metes en un torbellino de música, luces y movimiento. Yo intenté seguirlo, pero a los pocos minutos tuve que apartarme: era demasiado.
Sentí como si alguien hubiese juntado los fragmentos más caóticos de un montón de fiestas y los hubiese unido todos en un único video. Me reí un poco de mí misma, porque ahí estaba, intentando sumergirme en el trance como los artistas y terminando un poco mareada. Pero incluso esa sensación formaba parte de la experiencia: perderte, aunque sea un poquito, para entender cómo el arte puede impactar todos tus sentidos.
Luego llegué a la instalación Before/After, Techno Sanctuary de Alyson Sillon, un espacio multisensorial que mezcla luces moradas de neón, sonido y olores. Desde incienso hasta el sudor de las personas, para explorar el éxtasis contemporáneo.
La obra toma inspiración de rituales antiguos, como la oración y la meditación, y los reinventa. Fusiona rave y yoga como caminos para perderse y encontrarse a uno mismo.
En el centro de la sala, se puede observar una circunferencia con doce iconos que muestran las diferentes fases de las raves: desde fundirse con la multitud hasta alcanzar el “yo puro” y, finalmente, la pérdida del ego. Para Sillon, la discoteca se convierte en un espacio de curación y liberación, en el que bailar en trance se convierte en una exploración personal.
Espacio para compartir
Algo que me encantó es que no solo ves las obras, sino que también puedes escuchar testimonios de otras personas sobre lo que para ellas significa el éxtasis, y dejar tu propia definición. Hay una mesa con tarjetas y lápices donde se invita a los visitantes a reflexionar, y a lo largo de toda la exposición hay letreros con preguntas en los que puedes apuntar tus respuestas.
Como he mencionado antes, a lo largo de las salas tienes la sensación continua de que la exposición no solo te enseña, sino que te acompaña en un viaje de autoexploración.
El cierre perfecto
Cuando terminé la exposición, salí hacia la iglesia de la abadía y me encontré con una escena que me cautivó: un hombre ensayando el órgano. El sonido me puso la piel de gallina, fue como una prolongación natural de la visita. Me senté allí a escucharle y sentí que todo de lo que habían estado hablando las obras que había visto antes, la música lo materializaba allí mismo, en vivo.
Para pensarlo después
Salí de Leuven con una sensación curiosa: la exposición me había hecho reflexionar mucho, pero sin dejar de divertirme en el proceso. Ecstasy & Orewoet no es de esas muestras que te cuentan “esto es así y punto”, sino que te preguntan una y otra vez: ¿Qué es el éxtasis para ti?
Quizá lo encuentres en una iglesia, en una rave, en una cápsula dorada o en un simple paseo por el jardín de la abadía. Lo importante es que cada persona lo busca a su manera. Y quién sabe, tal vez ese día, entre obras, vacas y música de órgano, yo también encontré un pedacito del mío.
Hasta aquí el blog de hoy.
Nos vemos pronto,
Irati
¡Hola! 😀
Soy Irati Arce de Muguerza, tengo 23 años y soy de Bilbao. Estudio Medicina en la Universidad del País Vasco y este año voy a vivir una experiencia que me hace muchísima ilusión: empiezo mi Erasmus en Gante.
Además, seré corresponsal Erasmus de arte en Flandes, y me encanta la idea de poder compartir todo lo que vaya descubriendo. Quiero explorar esta región con la curiosidad e ilusión de quien lo ve todo por primera vez, pero también con las ganas de entenderla a fondo, como lo haría alguien que lleva viviendo aquí años.
Desde museos y arte urbano hasta pequeños detalles del día a día, espero poder transmitir la esencia de Flandes con las mismas ganas con las que yo la voy conociendo.
Hasta pronto y gracias por leerme:)






