¡Hola mis queridísimos lectores y lectoras!
Hay mil y una formas de explorar una ciudad. Puedes apuntarte a un free tour, dejarte guiar por esas famosas listas tipo “Los 10 lugares imprescindibles que ver en…”, o, si eres más del equipo aventurero, simplemente perderte por las calles sin rumbo. Pero hay una cuarta opción que me conquistó en Kortrijk: seguir una ruta de arte callejero.
Y no me refiero a garabatos improvisados o a un par de murales sueltos, no. Hablo de un recorrido artístico cuidadosamente pensado, que convierte cada esquina en una pequeña galería al aire libre. Una forma diferente de descubrir la ciudad mientras te sorprendes a cada paso.
¿Cómo funciona la ruta?
El modus operandi no puede ser más sencillo, ni más moderno. En la página web de la ciudad hay un mapa interactivo con todas las obras marcadas. Solo tienes que abrirlo en tu móvil, elegir un punto de partida y dejarte llevar. El mapa te guía como si fuese un GPS del arte.
La mayoría de obras o instalación tienen una pequeña descripción con el nombre del artista y una breve explicación sobre su significado o contexto. Esto hace que el paseo sea mucho más enriquecedor: no solo ves arte, sino que también lo entiendes.
Un museo al aire libre
Lo mejor de esta ruta es que te enseña a mirar la ciudad con otros ojos. De pronto, ese callejón por el que jamás habrías pasado se convierte en una parada obligatoria; y esa pared gris que antes pasaba desapercibida ahora está llena de colores, formas y mensajes.
Además, el arte callejero tiene algo mágico: aparece donde menos lo esperas. Puede estar en la pared de un puente, en la esquina de una plaza, mimetizado con una placa o escondido tras una fachada antigua. Eso es precisamente lo que hace que este tour sea tan especial: te invita a observar las cosas del día a día con una mirada curiosa y te enseña a mirar donde jamás lo hubieses hecho.
No os quiero spoilear todas las obras, pero aquí van algunas de mis favoritas:
Las flores amarillas de Bert V.
Nada más poner un pie fuera de la estación, lo primero que me recibió fue una pared llena de flores amarillas gigantes. No sé si es por el contraste con el gris del entorno o porque era mi primer contacto con la ciudad, pero me dio una sensación de bienvenida alegre y cálida. Las flores parecen querer abrirse paso entre el hormigón, como si dijeran “aquí también crece la vida”. Se trata una obra firmada por Bert V, que pretende expresar que incluso en mitad del asfalto, la naturaleza siempre encuentra su camino.
La cabeza que sopla
También justo al lado de la estación me encontré con algo que me sorprendió muchísimo: una simple pegatina, pero con una fuerza visual enorme. Es una cabeza dibujada que parece estar soplando, como si lanzara aire o vida hacia la calle. Me encantó porque, pese a su tamaño tan pequeño, tiene una presencia inmensa. No es una gran escultura ni un mural elaborado, pero logra captar la atención de inmediato.
Bonom
Una de las obras más impactantes del recorrido es, sin duda, la de Vincent Glowinski, conocido como BONOM. Este artista belga es famoso por sus intervenciones clandestinas en varias ciudades europeas, y en Kortrijk dejó una marca enorme: una figura gigantesca que parece descansar sobre los tejados. Desde lejos, da la sensación de que el personaje se tumbara encima de la ciudad, como si estuviera en reposo observando la vida desde arriba. La pieza se ve desde muchos ángulos distintos, y según como la mires parece que descansa, se cae o se esconde.
La sombra de espaldas en la placa de Vlamingenstraat
Esta fue una de mis favoritas por su sutileza. Justo sobre la placa de “Vlamingenstraat” hay una pequeña silueta pintada, una especie de sombra humana vista de espaldas. Es tan discreta que podrías pasar mil veces sin verla. No hay nombre, ni color chillón, ni firma: solo esa figura quieta, mirando en otra dirección. Me pareció preciosa porque te obliga a fijarte, a detenerte.
El corazón “Voor het leven” y los murales con frases
Entre las muchas paredes intervenidas, hay varias que incluyen mensajes o símbolos con carga emocional. Uno que me llamó especialmente la atención es un corazón con una especie de línea de electrocardiograma y las palabras “voor het leven” (“por la vida”). No sé si el artista quería hablar de salud, de esperanza o del propio latido de la ciudad, pero me pareció precioso. También encontré otras frases sobre el medio ambiente, el respeto a la naturaleza y la sostenibilidad. Y eso me gusta del arte urbano: que no solo decora, sino que lanza mensajes, hace pensar, te pincha un poco la conciencia.
El banco rojo circular y los muñecos enanos de bronce
Cerca del río hay un banco rojo en forma de círculo que parece más una escultura que un simple asiento. Es de esos objetos que invitan a interactuar. Tiene algo juguetón, casi como si la ciudad te ofreciera un descanso artístico.
Muy cerca de allí descubrí también unas pequeñas figuras de bronce, de apenas unos siete centímetros. Una está mirando al río y otra parece sostener un pivote. Son tan diminutas que tienes que agacharte para verlas. Me fascinaron porque son como secretos escondidos a plena vista, me encantaría saber si hay alguno más escondido por la ciudad.
La mejor forma de conocer Kortijk
Seguir esta ruta fue, sin duda, una de las formas más originales que encontré de conocer Kortrijk. No solo caminas por sus calles, sino que las vives y descubres su creatividad. Prácticamente es la propia ciudad la que te cuenta su historia a través de colores y pinceladas.
Además, está muy bien pensada. Empezando desde la estación es fácil de seguir y tiene un sentido. Gracias al mapa podrás recorrer los lugares más importantes de la ciudad siguiendo esta caza de arte 🙂
Hasta aquí el blog de hoy,
Nos vemos pronto.
Irati.
¡Hola! 😀
Soy Irati Arce de Muguerza, tengo 23 años y soy de Bilbao. Estudio Medicina en la Universidad del País Vasco y este año voy a vivir una experiencia que me hace muchísima ilusión: empiezo mi Erasmus en Gante.
Además, seré corresponsal Erasmus de arte en Flandes, y me encanta la idea de poder compartir todo lo que vaya descubriendo. Quiero explorar esta región con la curiosidad e ilusión de quien lo ve todo por primera vez, pero también con las ganas de entenderla a fondo, como lo haría alguien que lleva viviendo aquí años.
Desde museos y arte urbano hasta pequeños detalles del día a día, espero poder transmitir la esencia de Flandes con las mismas ganas con las que yo la voy conociendo.
Hasta pronto y gracias por leerme:)








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