¡Holaaa a todos!
Hoy os traigo un post un poquito más personal, porque me apetecía hablaros de cómo está siendo mi primer mes de Erasmus en Gante ¡Me parece mentira que ya llevé aquí 30 días!
Durante este primer mes hemos hecho un montón de cosas , tantas que parece que llevamos muchas semanas más viviendo esta experiencia: hemos conocido otras ciudades, descubierto nuestros bares favoritos, salido de fiesta, vivido alguna que otra noche que parecía no tener fin y, por supuesto, también he tenido la oportunidad de conocer Gante de una forma muy diferente gracias a este blog.
Así que hoy quiero dejar un poco de lado las guías y las recomendaciones y contaros cómo está siendo realmente este primer mes de mi Erasmus.
Un mes, tres ciudades
En este primer mes he tenido la suerte de visitar ya tres ciudades de Bélgica, sin contar, por supuesto, Gante. Y aunque todavía me queda muchísimo por conocer, creo que no está nada mal para empezar el Erasmus.
Bruselas
Mi primer viaje fue a Bruselas, y esta vez fuimos solamente cuatro amigos, con la excusa perfecta de ir a visitar a una amiga belga de uno de ellos.
Como íbamos con una amiga belga, tuvimos la suerte de que nos enseñara algú sitio y, sobre todo, de que nos recomendara cosas que probablemente no habríamos probado por nuestra cuenta.
En mi caso, me quedo con la cerveza Liefmans, que nos recomendó ella. La verdad es que me encantó. Es bastante dulce y tiene un toque afrutado que me pareció riquísimo. Definitivamente, una de esas recomendaciones que agradeces.
Nada más llegar a Belgica fuimos a ver el Manneken Pis, que en ese momento estaba vestido de catalán. Uno de nuestros amigos es catalán y le hacía muchísima ilusión, por lo que, obviamente, tuvimos que acercarnos a hacerle una visita y la verdad esque me hizo bastante gracia.
Eso sí, aunque Bruselas me encanto, si os soy sincera, siempre voy a pensar que una ciudad pequeñita tiene un encanto especial frente a una ciudad grande. Igual es simplemente porque estoy menos acostumbrada a ellas, ¡no lo sé!
Brujas
La segunda ciudad que visité fue Brujas, aunque en este caso tuve la suerte de visitarla dos veces y de dos maneras completamente diferentes.
La primera vez fui por mi cuenta para aprovechar el Open Monumentendag y conocer algunos lugares y curiosidades que después pudiera contaros por aquí en el blog. Fue un día más enfocado a descubrir el patrimonio de la ciudad y, por supuesto, a seguir conociendo un poquito más de Flandes.
Pero la segunda visita fui muy bien acompañada. Y en este caso no tuve que elegir entre calidad y cantidad, porque éramos casi 40 personas.
Con un grupo tan grande, visitamos algunos de los monumentos más conocidos de Brujas, intentamos cruzar el famoso Puente del Amor en siete pasos (desgraciadamente, yo no lo conseguí) y nos perdimos por sus calles y sus mercadillos.
Para comer, tampoco podía faltar una de las cosas más típicas de Belgica, sus famosas patatas fritas. Además, después de tanto caminar, creo que nos las habíamos ganado.
También terminamos entrando en uno de sus bares, aunque esta vez hicimos una pequeña excepción y acabamos en un sports bar, ya que justo estaba jugando el Atlético de Madrid contra el Real Madrid. Y, siendo un grupo de españoles viendo ese partido, os podéis imaginar el ambiente que había.
Amberes
La tercera ciudad que he podido conocer este primer mes ha sido Amberes, y aquí tampoco nos quedamos cortos con el tamaño del grupo.
Durante el día estuvimos recorriendo la ciudad y visitando algunos de sus monumentos. Además, tuvimos la suerte de que una de nuestras amigas estudia Turismo, así que se convirtió un poco en nuestra guía improvisada.
Pero el plan no acabó ahí. Por la tarde fuimos a ver un torneo europeo de baloncesto 3×3, y el ambiente era brutal. Aunque nos hicieron esperar un poquito para poder sentarnos, una vez dentro mereció muchísimo la pena. Entre la música, la gente y todo el ambiente que había alrededor de los partidos, fue un plan completamente diferente a lo que habíamos hecho durante el día.
Y como parece que todavía no habíamos tenido suficiente, después nos montamos en un barco para seguir viendo Amberes desde otra perspectiva.
Cuando Gante empieza a sentirse como casa
Creo que una de las cosas que más me está haciendo darme cuenta de que llevo ya un mes aquí es que, sin querer, hemos empezado a tener nuestros propios sitios en Gante.
Cuando llegas a una ciudad nueva al principio todo te parece desconocido. No sabes dónde ir, dónde quedar, qué bares merecen la pena, pero poco a poco empiezas a descubrir lugares y, de repente, de un día para el otro ya tienes tus favoritos. Uno de los nuestros es Bar Des Amis, seguramente el que más hayamos visitado durante estos meses. Y luego está Yucca, que se ha ganado un hueco especial en nuestro Erasmus, entre otras cosas por sus cervezas a 1,80. Creo que no hace falta explicar más.
Para mí, estas cosas son las que me hacen sentirme un poco como en casa. Ya no se trata solamente de conocer los lugares más turísticos o de ir descubriendo sitios nuevos cada día, sino de empezar a tener esos lugares a los que vuelves, donde sabes que probablemente te vas a encontrar con tus amigos y donde poco a poco vas creando recuerdos.
También empiezas a conocer las calles y a saber por dónde ir. Son pequeñas cosas que al principio parecen una tontería, pero que después de un mes hacen que Gante ya no se sienta tanto como una ciudad desconocida.
Supongo que es una de las partes más bonitas de un Erasmus es darte cuenta de estás empezando a construir una pequeña rutina en un lugar que hace solo unas semanas era completamente nuevo para ti.
Las noches que no terminan
Si hay algo que estoy aprendiendo durante este Erasmus es que aquí la frase “me voy pronto a casa” es muy difícil de cumplir.
Una noche cualquiera puede empezar saliendo con tus amigos, terminar en una fiesta y, sin saber muy bien cómo, acabar conociendo a personas completamente random que probablemente no vuelvas a ver nunca más.
Y creo que esa es una de las cosas más divertidas de un Erasmus: los personajes que aparecen de repente. Esa persona con la que hablas durante una noche, con la que te pasa alguna situación absurda o que simplemente termina protagonizando una anécdota que sabes que vas a recordar durante años. Probablemente no vuelvas a coincidir con ella, pero ya forma parte de tus historias de Erasmus.
Y claro, entre una cosa y otra, esas noches que empiezan con un “salimos un rato y volvemos pronto” pueden acabar perfectamente a las 8:00 de la mañana, todavía hablando con tus amigos de cualquier cosa como si acabáramos de llegar.
Además, creo que ya hemos creado otra tradición Erasmus bastante clara: terminar la noche comiendo un kebab. Porque después de horas bailando y hablando, parece que el kebab de madrugada se convierte automáticamente en el mejor plan posible.
Y aunque muchas veces no hagamos un planazo, creo que son precisamente estas noches las que más voy a recordar cuando vuelva a España: las conversaciones que se alargan sin darte cuenta, los personajes que aparecen de la nada, las situaciones absurdas y esas anécdotas que probablemente dentro de unos años seguiremos contando entre risas.
30 días después…
Después de este primer mes, creo que también es importante decir que un Erasmus no son solamente risas, viajes y noches que terminan a las ocho de la mañana.
Evidentemente, hay días mejores y días peores. Creo que vivir un año fuera te obliga, en cierto modo, a salir de tu zona de confort, aprender a hacer muchas cosas por tu cuenta y enfrentarte a situaciones que normalmente no vivirías estando en casa.
Y, sobre todo, creo que es una oportunidad para conocerte un poco más a ti misma. Descubrir qué necesitas, cómo te adaptas a los cambios y también aprender a estar bien contigo misma.
Llevo aquí solamente 30 días, así que todavía me queda muchísimo por vivir. Tengo muchísimas ganas de seguir disfrutando de esta experiencia y, sobre todo, de descubrir qué me deparan estos próximos meses.
¡Mucha suerte a todos los que estéis de Erasmus y hasta el próximo blog!
¡Hola!!!!! Soy Clara Fuentes, estudiante de Protocolo y Organización de Eventos en Madrid. Este año he decidido meter mi vida en una maleta e irme de erasmus a Gante durante todo un año a vivir una nueva experiencia al máximo. Me encanta viajar, conocer sitios nuevos y sobre todo cotillear las historias que hay detrás de cada uno de ellos.
Por eso, estoy muuuy ilusionada de ser vuestra corresponsal de Patrimonio este primer semestre y tener la excusa perfecta para recorrerme Flandes, descubrir sus mejores secretos y enseñaros esos rincones que quizás pasan desapercibidos.
