¡Hallo a todos y a todas!
Brujas es una ciudad en la que, nada más llegar, sientes que te has metido en un cuento de hadas. O al menos, así lo siento yo. Paseando por sus calles, parece que has viajado a la Edad Media: canales, casitas de cuento y ese ambiente de “aquí podría aparecer un caballero en cualquier momento”.
Pero hay algo en Brujas que destaca, y que a veces queda en la sombra, es su encaje. Un encaje digno de fantasía, que ha traspasado la simple funcionalidad para convertirse en un auténtico arte.
Y por eso hoy vamos a hablar de él. Porque la artesanía flamenca no es solo gastronómica… también es textil.
Un viaje en el tiempo
El origen del encaje no está del todo claro, pero se estima que comenzó alrededor del siglo XIII. Sin embargo, fue en el siglo XV cuando Brujas se posicionó en el mapa gracias a la técnica del encaje de bolillos.
Tal fue su importancia que Carlos V decretó su aprendizaje obligatorio entre monjas y mujeres religiosas. Así, pasó de ser una habilidad artesanal a convertirse en un arte valorado por la nobleza y la burguesía.
Aquí entran en escena las beguinas, mujeres cristianas que, sin ser monjas, decidían vivir en comunidad dedicadas a la oración y al trabajo. En sus beguinajes se desarrollaron numerosos talleres de encaje, convirtiéndose en centros clave de producción y enseñanza.
La venta de encaje fue una fuente de ingresos fundamental para estas comunidades, permitiéndoles mantener su independencia económica y desarrollar obras benéficas. En una época con pocas opciones para las mujeres, las beguinas ofrecían una alternativa de vida independiente y significativa.
Con el paso del tiempo, Brujas se consolidó como un centro mundial del encaje, esencial tanto para la economía local como para la moda europea. En el siglo XIX, la ciudad llegó a contar con 87 escuelas dedicadas a esta técnica. Casi nada…
Un encaje único
El encaje de Brujas, ya sea a la aguja o de bolillos, se caracteriza por su calidad, su finura y la complejidad de sus patrones. Los diseños suelen ser florales o geométricos, y están elaborados con hilo de lino flamenco, conocido por su resistencia y delicadeza.
Pero lo que realmente lo hace especial es la creatividad de las encajeras. Cada pieza es única, casi como si cada hilo contara su propia historia.
El mejor lugar para apreciarlo
Si quieres descubrir este arte de cerca, hay dos lugares imprescindibles en Brujas:
- ‘t Apostelientje: una tienda-museo con más de 40 años de historia donde puedes conocer el encaje, comprar piezas (antiguas y contemporáneas) e incluso hacerte con materiales para intentarlo en casa (valiente si te atreves).
- Kantcentrum: el Museo del Encaje, ubicado en una antigua escuela de 1899. Aquí puedes ver demostraciones en directo y aprender sobre esta técnica en profundidad.
- Maison Pickery: si lo que buscas es llevarte encaje auténtico a casa, este es tu sitio. Negocio familiar de sexta generación, con piezas hechas a mano y ese punto especial que no tienen las típicas tiendas para turistas.

El encaje de Brujas es mucho más que un souvenir bonito: es historia, tradición y el reflejo de generaciones de mujeres que encontraron en él una forma de expresión… y de independencia.
Doei!
Nerea
Soy Nerea Mangas Nieto, tengo 21 años y estudio Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá (Madrid). Este segundo semestre continúo mi experiencia Erasmus en Bruselas, donde finalizaré mi grado realizando mi TFG y mis prácticas en la VUB (Vrije Universiteit Brussel). Durante este año estoy viviendo una experiencia única: estudiar en el extranjero mientras descubro una nueva cultura, pruebo su gastronomía y exploro lugares increíbles.
Quiero compartir todo esto con vosotros, lo mejor de mi estancia en Bruselas, pero también recorrer juntos Flandes y descubrir esos pequeños tesoros escondidos que hacen tan especial a esta región. Me hace muchísima ilusión tener este espacio para contaros mi experiencia y que, juntos, podamos disfrutar de todo lo que Flandes tiene para ofrecernos.

