Saint-Gilles (o Sint-Gillis en neerlandés) es uno de esos barrios de Bruselas en los que late el pasado, pero también palpita lo moderno. Calles adornadas, fachadas Art Nouveau, cafés vivos, tiendas con personalidad, monumentos históricos… todo mezclado con la diversidad cultural, la creatividad de sus habitantes y un ambiente urbano cálido.
Saint-Gilles no es solo un municipio de Bruselas, es un puente entre épocas, desde las antiguas granjas y huertas que fueron parte de la periferia, la expansión industrial del siglo XIX, el auge artístico de la Belle Époque, hasta la renovación urbana contemporánea. Cada rincón tiene algo que contar.
Diversidad en Saint-Gilles
Su población es muy variada, pues conviven familias de larga tradición, inmigrantes recientes, artistas, estudiantes y emprendedores. Esa mezcla se refleja en las fachadas (Art Nouveau, Art Déco, estilos eclécticos…), en los comercios, en los restaurantes y en los mercados.
Saint-Gilles ofrece inspiración, contraste visual, rincones para descubrir y espacios culturales alternativos. Simplemente observa y verás su encanto.
En Saint-Gilles abundan las casas con fachadas llenas de detalles sorprendentes, balcones de hierro forjado que parecen ramas, puertas de madera tallada con motivos florales y vidrieras que cambian de color con la luz del sol.
Patrimonio cotidiano
Es un lugar donde la arquitectura no es solo funcional, sino también narrativa, pues cada casa cuenta algo sobre quién la mandó construir y sobre la época en que fue creada. Muchas de estas viviendas todavía son residencias privadas, de modo que los visitantes pasean por un barrio vivo, no por un museo cerrado. Esa convivencia entre patrimonio y vida cotidiana le da un encanto especial.
Una mirada curiosa
Si recorres sus calles con calma puedes avistar detalles que muchos pasan por alto, como los esgrafiados. Además, si sacas tu lado detectivesco y a la vez dejas volar tu imaginación, verás cómo un balcón parece florecer o cómo las curvas de una ventana imitan un tallo vegetal. Es una lección de historia del arte al aire libre, pero también una invitación a mirar con atención lo que a veces pasamos por alto.
Cada edificio, desde los más conocidos, como la Maison Hannon o el Museo Horta, hasta los más discretos, aporta una pieza a un puzzle que hace de este barrio uno de los más ricos de Bruselas en cuanto a patrimonio.
Aunque en cada calle encontrarás detalles sorprendentes y lugares con funciones diversas dignos de admirar, como el restaurante La Porteuse d´Eau, la casa del célebre músico Eugène Ysaye, el Musée d´Art Fantastique o la galería Odradek, en mi próximo post te propongo algunos lugares a los que merece la pena echar un vistazo más detenidamente si paseas por esta singular comuna. ¡No te defraudará!
Bruselas sigue sorprendiéndome cada día y esta comuna es una de tantas muestras de que aunque lo más turístico sea el centro de Bruselas, ello no significa que no merezca la pena alejarse de allí, sino todo lo contrario, ya que visitas con más tranquilidad lugares menos transitados en los que el ambiente es distinto, pero no menos cautivador. Salir de lo más visitado supone sentir que te embarcas en una aventura nueva en la que no vas en busca de lo conocido, sino que te pierdes entre sus calles observando detalles que no tenías planeado encontrar.
Por cierto, si para llegar usas el transporte público, debes saber que algunas líneas de tranvía que pasan por esta comuna no quedan a pie de calle, sino que al igual que el metro, pasan bajo tierra, así que si no ves raíles en la localización por la que el mapa te señala que pasa el tranvía, dirígete a las entradas similares a las de metro. En los carteles informativos que indican las líneas que puedes tomar, aparece una T junto al número.






