¡Qué emoción! Salgo de Bruselas por primera vez desde que llegué.
Aprovechando estos últimos días de vacaciones, me he dado el lujo de montarme en un regional y poner rumbo a Flandes. De momento, he decidido viajar a la ciudad que me queda más cerquita y de la que tan bien he oído hablar: Lovaina (o Leuven). Hoy era el último día de feria y no quería quedarme sin verla. Como cada septiembre, la feria cobra protagonismo en Lovaina. Es una feria llena de atracciones, puestos ambulantes y juegos con premios.
A primera vista, la feria de Lovaina me pareció una feria como cualquier otra, como la de mi pueblo. Pero poco a poco, si comparas bien, no es exactamente lo mismo. Para empezar, la feria de Lovaina está rodeada de casas y edificios preciosos. No estamos hablando de un descampado que el resto del año se considera aparcamiento de tierra, estamos hablando del centro de la ciudad. Se sitúa en medio de calles residenciales. Esas fachadas, esas residencias que tan poco tienen que ver con los bloques de pisos del Vallès o de muchos otros lugares de España. Evidentemente, es una de las cosas que, personalmente, creo que le dan más personalidad y belleza a la feria.
Pero no todo lo encuentro tan perfecto. Jamás había estado en una feria sin oír esos ruidos estridentes de las atracciones. Jamás pensé que echaría de menos esas trompetas chillonas, pero supongo que ya no las puedo separar de mi idea de feria ni de mi infancia. Aunque, si lo pienso, las ferias resultarán igual de divertidas para los niños flamencos, aunque sea con pop y música electrónica de fondo…
Eso sí, algo que es igual que en España y que parece que nunca bajará… son los precios de las atracciones. Destrocé los bolsillos de mis padres en mi infancia y adolescencia, pero hoy no puedo hacer lo mismo con los míos. Disfruté viendo a jóvenes montarse en el pulpo (saltamontes o canguro en España), a niños en los caballitos y a otras personas en esa atracción tan divertida y vertiginosa que no la puedo describir mejor que con esta foto que he tomado:
Tras abandonar la feria, he visitado la pequeña ciudad de Leuven. Encantadora como ella sola, tanto, que parece de mentira. Es una ciudad tan perfecta, tan bien iluminada, con parques y casas tan bonitas que no parecía de verdad. Y aunque deambular por la ciudad resultara agradable, ver a las bicis correr y patinar con tanta facilidad y alegría me hizo rabiar de la envidia. El clima del día parecía de agosto y el hecho de que fuera un viernes por la tarde le sentaba muy bien a las terrazas de los restaurantes y bares. “Tú, parece el show de Truman, esto”, le he advertido a mi amigo bajo una casual catedral (era la Sint-Pieterskerk, o catedral de San Pedro en español).
Después de pasar toda la tarde en esta aparente utopía, he vuelto a la capital y he vuelto a escuchar francés. Ha sido algo así como quien vuelve a escuchar la voz de su madre después de meses sin verla. Dos mundos tan diferentes a tan solo media hora de distancia. Qué ganas de seguir descubriendo Flandes y las características de cada ciudad. Hoy una feria, otro día un festival en Gante. ¡Quién sabe!
Si quieres descubrirlo, ¡¡nos vemos en mis futuros posts!!

Buenas! Soy Sabina Manzano, tengo 21 años y vivo en Barcelona, pero durante 5 meses, voy a estar estudiando Cine en la HELB Ilya Prigogine, en Bruselas. Aparte del cine, algo que me encanta es la música y en este blog, tendré el placer de compartiros todo lo que vaya descubriendo al respecto durante mis 5 meses en Flandes y Bruselas. Señores y señoras, a disfrutar!



