Bruselas siempre sorprende. Más allá de su famoso Atomium, sus murales de cómic y la Grand Place, la capital belga guarda un secreto que parece sacado de otro mundo o, mejor dicho, de otro continente: el Pabellón Chino y la Torre Japonesa, dos construcciones exóticas que transportan directamente a Asia sin salir de Bélgica.
Estas dos joyas arquitectónicas forman parte del Parque de Laeken, al norte de la ciudad, y fueron construidas a inicios del siglo XX por encargo del rey Leopoldo II. Inspiradas en la fascinación europea por lo oriental, son testigos de un tiempo en el que Bruselas quiso mostrarse como una ciudad cosmopolita, capaz de reunir en su paisaje lo mejor de Oriente y Occidente.
Aunque actualmente se encuentran cerradas al público, no dejes pasar la oportunidad de contemplar su espectacular exterior mientras paseas por los apacibles jardines del parque.
La moda del orientalismo en Europa
Para entender su existencia hay que mirar hacia atrás. A finales del siglo XIX y principios del XX, Europa sentía verdadera fascinación por las culturas orientales. El orientalismo se reflejaba en la pintura, la literatura, la moda y, por supuesto, la arquitectura. Las exposiciones universales eran escaparates internacionales donde países de todo el mundo mostraban sus logros industriales, artísticos y culturales.
En 1900, París acogió una de las exposiciones universales más espectaculares. Allí, entre pabellones de acero y vidrio, destacó una torre de estilo japonés diseñada por el arquitecto francés Alexandre Marcel. Fue esta obra la que atrajo a Leopoldo II, quien decidió recrearla en Bruselas una vez terminada la exposición.
El monarca, obsesionado con transformar Bruselas en una capital monumental comparable a Viena o París, también ordenó construir un Pabellón Chino. Su idea no era solo estética, sino que pretendía reforzar la imagen de Bélgica como nación abierta al mundo, moderna y culta.
La Torre Japonesa
Con más de 40 metros de altura, la Torre Japonesa domina el paisaje de Laeken. Pintada en un rojo vibrante y decorada con detalles dorados, recuerda a las tradicionales pagodas.
La torre se convirtió pronto en un símbolo de exotismo y modernidad, que ya forma parte del patrimonio arquitectónico de Flandes. Es una pena que al estar cerrado el recinto no se puedan ver de cerca los detalles, teniendo que conformarnos con observarla desde la distancia.
En su interior albergaba una exposición de arte y objetos japoneses, como porcelanas, lacas, armaduras y piezas que mostraban la riqueza cultural del país. Era, en esencia, un pequeño museo que permitía a los visitantes europeos acercarse al arte oriental sin necesidad de viajar miles de kilómetros.
El Pabellón Chino
Cerca, se levanta el Pabellón Chino, un edificio que mezcla arquitectura china con una visión europea del exotismo. Sus fachadas están decoradas con paneles de madera tallada, cerámicas esmaltadas y adornos dorados que brillan al sol.
Fue construido entre 1901 y 1910, también bajo los planos de Alexandre Marcel. Su objetivo inicial era albergar un restaurante, sin embargo, acabó sirviendo de escaparate para las colecciones de porcelana china que Leopoldo II había adquirido en grandes cantidades.
El interior del pabellón estaba ricamente ornamentado, con techos pintados y vitrinas donde se exhibían delicadas piezas de porcelana Ming y Qing. En su época, era un lugar de lujo destinado a impresionar a diplomáticos, visitantes y miembros de la alta sociedad.
A pesar de que está vallado y cerrado, es posible acercarse bastante y observar detalles que nos transportan a otra época en un lugar muy lejano. A mí, personalmente, me ha despertado la curiosidad por esta cultura y arquitectura tan característica.
Patrimonio con historia
Con el paso de los años, tanto la Torre Japonesa como el Pabellón Chino se integraron en lo que se conoció como el Museo de Extremo Oriente, inaugurado oficialmente en 1913. Allí se reunieron colecciones de arte japonés y chino que hoy forman parte de los Museos Reales de Arte e Historia.
Durante las dos Guerras Mundiales, las colecciones fueron cerradas y en parte trasladadas para protegerlas.
A mediados del siglo XX, el deterioro y la falta de mantenimiento obligaron a cerrar los interiores en varias ocasiones.
Actualmente se encuentra cerrado. Aun así, los exteriores siguen siendo un auténtico espectáculo y un rincón de calma en el ajetreo de la capital belga. Lejos del turismo clásico, este conjunto es perfecto para quienes buscan experiencias originales.
Combina planes
- El parque de Laeken es un pulmón verde que rodea al conjunto, con senderos, esculturas y vistas al Palacio Real de Laeken, residencia oficial de los reyes de Bélgica.
- Los Invernaderos Reales, que abren solo unas semanas en primavera, son uno de los espacios más bonitos de Bruselas.
- El Atomium, icono moderno de Bruselas, contrasta de manera fascinante con estas construcciones históricas.
- Mini-Europa es ideal para continuar el viaje cultural por el continente europeo en miniatura.
Información práctica
- Dirección: Avenue Van Praet, 1020 Laeken, Bruselas.
- Cómo llegar:
- Metro línea 6 (Heysel o Bockstael).
- Tranvía 3 o 7 (De Wand).
- Bus 53, 230, 231, 232.
- Metro línea 6 (Heysel o Bockstael).
- Accesibilidad: jardines exteriores accesibles para todos los públicos.
- Precio: gratuito
- Horarios: exteriores siempre accesibles, interiores cerrados actualmente.




