Como ya sabéis, Bélgica es un país con tres idiomas oficiales: el neerlandés, el francés y el alemán. A pesar de esa división, lo que realmente sorprende es cómo las lenguas coexisten de manera tan natural en todos los aspectos de la vida cotidiana. Aquí, el multilingüismo no es solo una cuestión administrativa, sino una experiencia vivida día a día.
Al principio me costaba entender cómo funcionaba todo esto. ¿Tres lenguas en un país tan pequeño? Pero rápidamente me di cuenta de que no es un caos, sino más bien una especie de coreografía lingüística. Cada región tiene su lengua y sus normas, y se respeta bastante esa distribución. Aquí en Flandes, las clases, los carteles, la administración… todo es en neerlandés. Pero en cuanto sales un poco o viajas a Bruselas, el francés empieza a colarse por todas partes. Y si te interesa el alemán, basta con mirar un poco más al este.
Mi día empieza con la app del tranvía en neerlandés, continúa con clases en inglés, y acaba muchas veces con una conversación en español con gente de países diferentes. Y entre medio, escuchas francés en la estación, lees alemán en alguna etiqueta, ves anuncios en inglés. Todo eso no es una mezcla aleatoria, sino la normalidad.
Además, otra cosa que me llama la atención es que en las calles de Flandes se escucha de todo. Hay gente de todas partes del mundo, y puedes oír una mezcla de lenguas mientras caminas por el centro de Amberes o Gante.
Por otro lado, en los supermercados, en el transporte público, incluso en conversaciones informales, la gente parece hablar inglés con total naturalidad. Y eso me encanta. En España, a veces cuesta encontrar un nivel de inglés tan alto en todos los contextos, pero aquí es completamente diferente. Parece que todo el mundo sabe inglés, lo que facilita mucho la integración.
He entendido que no todo el mundo tiene una «lengua materna» única aquí. Hay quien tiene dos, o ninguna clara. Hay quien se siente más cómodo escribiendo en una lengua y pensando en otra. Y hay quien ha aprendido a traducirse constantemente, como si su identidad fuera multilingüe por defecto.
En resumen, vivir en Flandes me ha hecho ver los idiomas desde otro ángulo. No solo como herramientas para comunicarme, sino como parte del paisaje diario. Y aunque al principio todo parecía un poco confuso, ahora me parece lo más natural del mundo.
¡Hola a todos! Me llamo Omayma Arkoubi y tengo 21 años. Apasionada del arte y estudiante de Derecho cursando mi último año, he cambiado momentáneamente Barcelona por Flandes para explorar todo lo que tiene para ofrecer. En concreto, estoy realizando mi erasmus en la ciudad de Amberes. Como corresponsal de arte, quiero llevaros conmigo a descubrir museos, rincones con historia y todo el patrimonio que esta región esconde. Me ilusiona compartir cada hallazgo con vosotros. ¡Acompañadme en esta aventura!