Pocos viajeros lo saben, pero hubo un tiempo en que Malinas (Mechelen en neerlandés) fue uno de los centros de poder más importantes de Europa. Desde aquí gobernó Margarita de Austria los Países Bajos Borgoñones en el siglo XVI, y aquí pasó parte de su infancia el futuro emperador Carlos V. Aquella corte refinada se rodeó de palacios renacentistas, encargó retablos a Rubens y Van Dyck, y dejó un legado arquitectónico que hoy convive sin estridencias con el día a día de una ciudad pequeña, accesible y sorprendentemente desconocida.
Situada justo a medio camino entre Bruselas y Amberes (a unos 25 minutos en tren de cada una), Malinas es la gran sorpresa de muchos viajeros que la visitan casi por casualidad. Más de 300 monumentos protegidos, ocho torres-iglesia que dibujan su perfil, una de las cervecerías más antiguas de Bélgica y uno de los carillones más reconocidos del mundo. Aquí va nuestra guía con todo lo que no te puedes perder en esta joya silenciosa de Flandes.
El corazón histórico: la Grote Markt
La Grote Markt y el Ayuntamiento
La Grote Markt es la plaza principal de Malinas y el mejor punto para empezar la visita. Rodeada por edificios históricos, terrazas y restaurantes, mantiene un ambiente animado pero sin las multitudes de otras ciudades flamencas, lo que permite disfrutarla con calma.
El edificio más impresionante es el Ayuntamiento (Stadhuis), una construcción singular formada por tres cuerpos de épocas y estilos muy diferentes: la antigua sala de paños del siglo XIV, una ampliación gótica que se quedó inacabada por motivos económicos, y una zona renacentista del siglo XVI. El conjunto refleja muy bien la historia accidentada de la ciudad. En el centro de la plaza se alza la estatua de Margarita de Austria, conocida cariñosamente como «Onze Margriet» («Nuestra Margarita»), gobernadora de los Países Bajos entre 1506 y 1530.
Schepenhuis: el primer ayuntamiento de piedra de Flandes
Justo entre la Grote Markt y la catedral se encuentra el Schepenhuis, un pequeño edificio gótico que tiene un honor singular: fue el primer ayuntamiento de piedra de Flandes. En el siglo XIII albergaba las reuniones del tribunal municipal, y en el XV fue sede del Gran Consejo y del Parlamento de Malinas, convirtiendo a la ciudad en el centro legal de los Países Bajos Borgoñones bajo Carlos el Temerario. Hoy alberga la oficina de turismo (Visit Mechelen), el lugar perfecto para empezar la visita y conseguir información actualizada.
Catedral de San Rumoldo y las «torres en el Dyle»
Catedral de San Rumoldo (Sint-Romboutskathedraal)
La Catedral de San Rumoldo es el monumento más emblemático de Malinas y uno de los grandes ejemplos del gótico brabantino en Bélgica. Su construcción se prolongó durante casi 300 años (siglos XIII al XVI) y está dedicada a un misionero irlandés del siglo VII martirizado en estas tierras. Su nave de 99 metros de longitud le da una proporción imponente.
Pero lo más espectacular es su torre de 97 metros, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Originalmente iba a alcanzar los 167 metros, lo que la habría convertido en la torre más alta del mundo en su época, pero la construcción se detuvo en 1520 por razones económicas. Aun así, en el siglo XVIII albergó el reloj de torre más grande del mundo: sus cuatro esferas eran mayores que las del Big Ben de Londres.
Subir los 538 escalones hasta la cima (no hay ascensor) es una experiencia exigente pero recompensada con vistas espectaculares de hasta 60 km de distancia: en días claros se ven Bruselas y Amberes. En el interior de la catedral destaca el «Cristo en la Cruz» de Anton van Dyck, una de las grandes obras del barroco flamenco.
El carillón: la «capital del carillón»
Malinas es considerada la capital mundial del carillón, y no es exageración. La torre de la catedral alberga dos carillones (uno del siglo XV y otro del XVII) con un total de 98 campanas, lo que la convierte en una de las concentraciones de carillón más importantes del planeta. La campana más antigua, llamada Yhesus, data de 1480, el año de nacimiento de Margarita de Austria. Una curiosidad: cada cuarto de hora suena una melodía, y entre ellos, cada siete minutos y medio, suena una campana llamada «Mechelken» («la pequeña Malinas»).
La ciudad alberga la Real Escuela de Carillón Jef Denyn, fundada en 1922 y la única del mundo. De ella han salido muchos de los carillonistas más reconocidos internacionalmente. Cada cinco años se celebra aquí el prestigioso Concurso Reina Fabiola, y los conciertos públicos de carillón son frecuentes en verano.
Torens aan de Dijle: las ocho torres-iglesia
Una de las características más sorprendentes de Malinas es su número de iglesias monumentales. El proyecto cultural «Torens aan de Dijle» (Torres en el Dyle) reúne las ocho iglesias principales de la ciudad y las pone en valor a través de exposiciones, conciertos y actividades. La densidad de patrimonio religioso por metro cuadrado es impresionante para una ciudad tan pequeña.
Iglesias imprescindibles más allá de la catedral
Iglesia de San Juan (Sint-Janskerk)
La Iglesia de San Juan, construida entre los siglos XIV y XV, alberga uno de los grandes tesoros artísticos de Malinas: el tríptico «La Adoración de los Reyes Magos» de Peter Paul Rubens, encargado en 1617 y considerado una de sus obras maestras. Para muchos especialistas, el panel central es uno de los mejores ejemplos de su producción barroca. Solo por verlo merece la pena la visita.
Iglesia de Nuestra Señora del Dyle (Onze-Lieve-Vrouw-over-de-Dijle)
Esta iglesia gótica del siglo XIV, situada junto al río Dyle, alberga otra obra maestra de Rubens: «La pesca milagrosa», un tríptico de gran tamaño encargado por el gremio de pescadores de Malinas. La luz que entra por sus vidrieras crea una atmósfera muy especial. Aquí también se conserva la curiosa estatua de «Nuestra Señora de la Pierna Torcida», una imagen mariana muy querida por los malinenses.
Iglesia de los Beguinos (Begijnhofkerk)
Esta iglesia barroca del siglo XVII, financiada por el rey Felipe IV de España, sirvió originalmente como templo del beguinaje grande. Su fachada de piedra blanca contrasta con el ladrillo rojo predominante en la ciudad. El interior, con sus mármoles policromados y altares barrocos, es uno de los más espectaculares de Malinas.
Basílica de Nuestra Señora de Hanswijk
Esta iglesia es otro claro ejemplo de arquitectura barroca del siglo XVII, diseñada por Lucas Faydherbe, estudiante de Rubens. Lo más impresionante de este sitio es su inmensa cúpula que reposa sobre columnas llenas de estuco y esculturas. La forma en la que los relieves, los púlpitos de madera y el suelo se combinan, demuestra como la iglesia es una obra de arte por sí sola.
Los beguinajes: Patrimonio de la Humanidad
Gran Beguinaje (Groot Begijnhof)
Como muchas ciudades flamencas, Malinas tiene su propio beguinaje, y es uno de los 13 beguinajes flamencos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El Gran Beguinaje fue construido en el siglo XIII y, a diferencia de los de Brujas o Lovaina (que son cerrados), está completamente integrado en el tejido urbano: sus callejuelas empedradas, casas blancas con jardines y patios silenciosos forman parte del entramado de la ciudad.
Pasear por aquí, especialmente al atardecer, es una experiencia muy especial. La ausencia casi total de turistas hace que se conserve un ambiente íntimo y auténtico que en otros beguinajes flamencos ya se ha perdido.
Pequeño Beguinaje (Klein Begijnhof)
El Pequeño Beguinaje es anterior al Grande (también del siglo XIII) y está formado por una calle estrecha y dos callejones sin salida con casitas bajas y blancas. En su origen, las beguinas más jóvenes se mudaron al Gran Beguinaje al construirse, mientras que las más mayores permanecieron aquí. Es un rincón coqueto que pasa muy desapercibido y merece una visita rápida.
El río Dyle y las casas históricas
Haverwerf y las casas del muelle
El Haverwerf (muelle de la avena) es una de las imágenes más fotografiadas de Malinas. Aquí se descargaba la avena durante la Edad Media: gracias a un privilegio comercial, los barcos tenían que detenerse en Malinas tres días obligatorios para vender parte de su mercancía antes de continuar hacia otras ciudades. Esta obligación enriqueció enormemente a la ciudad medieval.
Junto al puente destacan tres casas singulares que ya se ven desde lejos por sus fachadas pintorescas: Het Paradijske («el pequeño paraíso», del siglo XVI), De Duiveltjes («los diablillos», con una espectacular fachada de madera tallada del siglo XVII) y la Casa de San José. Cada una con detalles y relieves únicos que merecen una mirada atenta.
Vismarkt y el río Dyle
El Vismarkt (mercado del pescado) es una de las plazas más animadas de Malinas, especialmente al atardecer, cuando se llena de gente joven en sus terrazas. Junto a ella, el paseo por las orillas del río Dyle, con sus pasarelas y miradores, ofrece algunos de los rincones más bonitos de la ciudad. Una opción muy recomendable es alquilar una pequeña barca eléctrica (sin necesidad de licencia) y recorrer los canales por tu cuenta.
Palacios y herencia borgoñona
Palacio de Margarita de Austria (Hof van Savoye)
Este palacio renacentista, construido entre 1517 y 1530, fue la residencia de Margarita de Austria durante su gobierno como regente de los Países Bajos. Es considerado uno de los primeros edificios renacentistas al norte de los Alpes y aquí se educó el futuro emperador Carlos V tras la muerte de su padre. Hoy alberga el Palacio de Justicia de Malinas y, aunque no es visitable por dentro, su fachada y patio interior son una visita obligada.
Palacio de Margarita de York (Hof van Kamerijk)
Margarita de York, viuda de Carlos el Temerario, también tuvo su corte en Malinas en el siglo XV. Su palacio, hoy reconvertido en el Stadsschouwburg (Teatro Municipal), conserva elementos góticos originales. Las dos Margaritas marcaron el carácter aristocrático de Malinas durante la época dorada de los Países Bajos Borgoñones.
Casa-Museo Hof van Busleyden
El Hof van Busleyden es uno de los palacios urbanos más bellos del Renacimiento europeo. Fue construido por Jerónimo van Busleyden, humanista, consejero del joven Carlos V y amigo de Erasmo y Tomás Moro. Hoy alberga el museo de la ciudad, recientemente reformado, que recorre la historia de Malinas con una museografía moderna y muy cuidada. Es una visita imprescindible para entender el peso histórico de esta ciudad.
Museos imprescindibles
Het Kunstuur («La hora del arte»)
Una de las propuestas culturales más originales de Malinas. Het Kunstuur es una experiencia inmersiva de aproximadamente una hora donde se proyectan obras maestras de los grandes artistas flamencos belgas (James Ensor, Léon Spilliaert, Constant Permeke, Rik Wouters, Théo van Rysselberghe…) en alta resolución, con narración y música. Una forma diferente de acercarse al arte que está atrayendo cada vez más visitantes.
Kazerne Dossin
El Kazerne Dossin es uno de los museos más impactantes de Bélgica, dedicado al Holocausto y a los derechos humanos. Está instalado en el antiguo cuartel desde el que partieron entre 1942 y 1944 los 28 convoyes que deportaron a más de 25.000 judíos y gitanos belgas hacia Auschwitz. La museografía es sobria, muy cuidada y conmovedora. Una visita exigente emocionalmente pero importantísima.
Museo del Juguete (Speelgoedmuseum)
El Speelgoedmuseum es uno de los museos del juguete más grandes de Europa, con más de 10.000 m² de exposición. Recorre la historia de los juguetes desde los antiguos títeres chinos hasta los Lego y los Playmobil, pasando por todo tipo de muñecas, trenes, jugos de mesa y videojuegos. Es perfecto para visitar con niños, pero también muy interesante para adultos en clave nostálgica. Está junto a la estación Mechelen-Nekkerspoel.
Technopolis
Si viajas en familia, el Technopolis es un museo interactivo de ciencia y tecnología muy bien planteado, con más de 280 experimentos prácticos repartidos en una gran nave. Está pensado especialmente para niños y adolescentes, pero también engancha a los adultos. Se encuentra a las afueras del centro.
Rincones únicos y curiosidades
Brusselpoort
La Puerta de Bruselas es la única puerta medieval que se conserva en Malinas de las doce que tuvo en su muralla original. Construida en el siglo XIII, es un imponente ejemplo de fortificación medieval con sus dos torres redondas. Marca el límite suroeste del centro histórico.
Murales urbanos: Mechelen Muurt
Malinas ha apostado fuerte por el arte urbano con el proyecto «Mechelen Muurt», una serie de murales repartidos por el centro firmados por artistas locales e internacionales. El más famoso es el «Perro nadador» del artista Smates, en la Langhestraat. La oficina de turismo facilita un mapa con la ruta completa, una forma divertida de descubrir rincones menos turísticos de la ciudad.
IJzerenleen
Esta amplia avenida, justo detrás del ayuntamiento, es una de las calles más elegantes de Malinas. Su nombre hace referencia a la barandilla de hierro forjado que la flanqueaba antiguamente. Hoy es una zona comercial muy agradable para pasear, con tiendas, terrazas y bonitos edificios históricos.
Jardín de Invierno de Onze-Lieve-Vrouw-Waver
A unos 7 km del centro de Malinas se encuentra una de las grandes joyas modernistas de Bélgica: el Wintertuin (Jardín de Invierno) del antiguo convento ursulino, construido en 1900. Su cúpula de vitrales policromados, que mezcla art nouveau, neogótico y art déco, es absolutamente espectacular. Se desconoce el arquitecto que lo diseñó, lo que añade aún más misterio al lugar. Una excursión muy recomendable si tienes más de un día.
Biblioteca Het Predikheren
Este sitio es una muestra de como en Flandes utilizan el reciclaje arquitectónico a su favor, donde antes era un monasterio dominico en ruinas, ahora se encuentra un espació abierto para la comunidad, respetando las cicatrices históricas. Lo más destacable de este edificio es el antiguo ático que ha sido transformado en una gran sala de lectura, creando un espacio super acogedor. Una mezcla perfecta entre historia y cultura.
Experiencias imprescindibles en Malinas
Visitar la cervecería Het Anker
Het Anker («El Ancla») es una de las cervecerías más antiguas de Bélgica, con orígenes documentados desde 1369, cuando las propias beguinas de Malinas elaboraban cerveza. Hoy produce la famosa Gouden Carolus, una cerveza fuerte y dorada que, según la tradición, era la favorita del emperador Carlos V (su nombre, «Oro Carlos», hace referencia a las monedas con la efigie del emperador). Las visitas guiadas a la fábrica, con degustación incluida, son uno de los planes más recomendables en Malinas.
Probar el coucou de Malinas
El Mechelse koekoek (coucou de Malinas) es una raza de pollo autóctona y uno de los productos gastronómicos más típicos de la ciudad. Se trata de un cruce entre una gallina local y una asiática, con una carne firme y muy sabrosa que se sirve en preparaciones tradicionales en la mayoría de los buenos restaurantes del centro. Otra especialidad muy maligna son los espárragos blancos al estilo flamenco, servidos con huevo duro y mantequilla.
Pasear por los muelles y canales
El paseo por las orillas del Dyle, con sus pasarelas modernas y sus rincones tradicionales, es una de las experiencias más agradables de Malinas, especialmente al atardecer. La ciudad ha sabido aprovechar muy bien sus canales, creando un recorrido peatonal continuo que conecta varios puntos de interés.
Mercado culinario De Vleeshalle
De Vleeshalle es el antiguo mercado de carne de Malinas, reconvertido en un espacio gastronómico con varios puestos donde probar platos elaborados con productos locales. Es perfecto para una comida o cena informal con varios sabores diferentes en un mismo sitio, y suele tener mucho ambiente.
- Ricardo Andrés Paolino - 30/06/2026 - Información sobre la Basílica de Nuestra Señora de Hanswijk y la Biblioteca de Het Predikheren

El proyecto Corresponsal Erasmus en Flandes da voz a estudiantes españoles que exploran la región y comparten sus vivencias, consejos y curiosidades a través del blog. Una guía imprescindible para quienes sueñan con descubrir Flandes y Bruselas de una manera auténtica y cercana.