El “Klein Begijnhof”, el Beaterio Pequeño

Publicado en el blog de Lovaina por

Os hablé hace algún tiempo del Beaterio Grande de Leuven. Pues así como hay uno grande, hay también uno pequeño, el “Klein Begijnhof”, o Beaterio Pequeño, un diminuto oasis de paz y tranquilidad en medio de la ciudad formado por, literalmente, una calle y dos callejones sin salida.

El documento más antiguo que habla de la existencia del Beaterio Pequeño lo data en 1272, cuando las beatas que compartían la Abadía de Santa Gertrudis con los sacerdotes de la misma, fueron trasladadas fuera de ella. No tuvieron que irse muy lejos, pues justo al lado se levantó el barrio que se convertiría en el Beaterio. Las razones de este traslado han dado, lógicamente, mucho que hablar, al salir siempre a colación las posibles relaciones entre sacerdotes y beatas…

El caso es que para el siglo XIII ya existía este pequeño lugar apartado de los demás, donde nunca llegó a haber más de 100 beatas. Su historia es similar al del Beaterio Grande, teniendo su apogeo durante los siglos XVI y XVII y construyéndose una iglesia para ellas en 1636. También, al igual que su hermano mayor, vio su declive durante el siglo XIX, especialmente a partir de la Revolución Francesa cuando el lugar pasó a funcionar como hospicio civil. La iglesia fue demolida en 1862 y lo que había sido la enfermería fue derribada en 1954 para dejar sitio a una ampliación de la fábrica de la Stella Artois (ya en desuso). La decadencia prosiguió hasta que ya en el año 2000 fue restaurado manteniendo el estilo tradicional de casas flamencas y vendidas éstas a particulares.

Así y todo, con todas las peripecias sufridas y siendo sin duda una pequeñísima muestra de lo que es un beaterio, el Klein Begijnhof guarda un aire romántico peculiar y un pequeño paseo por su única calle, con su empedrado y sus casitas pintadas de blanco, merece sin duda la pena. Al igual que en el Beaterio Grande, solo al dar unos pasos en su interior la sensación de viajar en el tiempo te invade y parece que los sonidos del exterior desaparecieran. Solo cuesta unos segundos cruzar la calle, pero son unos segundos encantadores. Así que visitadlo si venís por aquí, no os costará mucho tiempo y os aseguro que os gustará.

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