Por mucho que me lo diga a mí misma aún no soy capaz de creer que haya llegado este momento, el momento de decir adiós.
Cuando empecé a escribir en este blog sabía que como todo lo bueno tenía fecha de caducidad, que un día acabaría mi experiencia como corresponsal, pero jamás pensé que el tiempo pasaría tan rápido. Veía ese día como una fecha muy lejana, casi irreal, pero esa fecha ha llegado.
Aunque se acaba mi experiencia como corresponsal, mi experiencia como estudiante Erasmus no acaba aquí, aún me quedan unos meses más. Sin embargo, estos meses han sido suficientes para dar un giro a mi vida.
Una experiencia inolvidable
Termino esta etapa con el corazón lleno, lleno de experiencias y de personas. Lleno de quedadas y de planes improvisados, de tardes de estudio y de risas compartidas, de actividades con amigas y con futuras amistades.
Un blog que te transforma y te enriquece
Si hay algo que me ha dado este blog es otra forma de ver el mundo. Cuando llegué era consciente de que la cultura, el arte y el patrimonio no tienen por qué guardarse tras una vitrina, pero no era consciente de hasta qué punto esto era así. Por Flandes y Bélgica he podido descubrir algo especial en cada esquina. En cada lugar se respira cultura.
Conciertos y festivales en plazas históricas que han visto el paso del tiempo, de las generaciones y cambios en las tradiciones; personas de muy diversas procedencias y edades compartiendo un mismo momento, admirando un mismo monumento o tratando de leer un mismo cartel…
Me llevo un recuerdo super especial de cada uno de los lugares que he visitado, pero sin duda Bruselas, la ciudad en la que estoy viviendo, tiene un hueco especial. Cuando llegué a esta ciudad, creía tener claro su potencial y la grandísima cantidad de tesoros que alberga, pero día a día no deja de sorprenderme.
Cambios en la forma de conocer un lugar
Hasta no hace mucho, llevar planeado mi destino y las paradas durante mi trayecto era algo que creía necesario. ¿Cómo iba si no a saber si hay algo que merece la pena ver? Y ahí es donde surge la magia, siempre hay algo que merece la pena ver y alguna sorpresa que por mucho que planees te hace descubrir que la ciudad siempre guarda más. Desde que me di cuenta de esto, una de mis actividades favoritas es dejarme llevar. Caminar sin rumbo y dejarme fascinar por todo lo que Flandes tiene que ofrecer.
Además, he aprendido que los centros de ciudad o los centros históricos albergan verdaderas maravillas, pero sus barrios y sus pueblos no se quedan atrás. Jamás pensé que alejándome del centro podría ver tanto patrimonio y tanta cultura.
Nuevas experiencias
También he visto como este se mezcla con la naturaleza, que por cierto me ha dado nuevas experiencias y sensaciones, como el otoño, una época que yo prácticamente no conocía porque en Murcia su duración es casi ninguna y sus efectos casi invisibles. En la zona en la que yo vivo no hay prácticamente arbolado, así que, pasear entre un sinfín de espesos árboles de una paleta de naranjas y rojos, ha sido increíble. ¡Y he visto nevar!
Puede que a otros eso no les suponga gran cosa, pero es el cúmulo de pequeñas experiencias distintas lo que hacen que día a día te sientas descubriendo de nuevo el mundo, aprendiendo a mirar con otros ojos, unos curiosos, inquietos y con ganas de más.
Las personas, una parte esencial de la experiencia
Un lugar también lo forma su gente y el Erasmus te da la oportunidad de conocer personas nuevas de muchos lugares diferentes. A mí incluso me ha dado la oportunidad de conocer a una chica de mi región con la que vivo. Las nuevas amistades no tienen porqué ser de lugares lejanos, a veces ir a la otra punta del mapa te hace descubrir una bonita amistad que no te había dado el lugar del que irónicamente ambas venimos.
Autoaprendizaje
El Erasmus además de enseñarme sobre el mundo que me rodea, me ha hecho aprender sobre mí. A mí que me ponía nerviosa tomar un autobús, quién me iba a decir que viajaría sola en tren, metro o avión y haría excursiones sola a lugares hasta entonces desconocidos para mí. Y no solo eso, superar los pequeños retos del día a día es lo que me ha dado confianza e independencia.
Es por todo esto que solo puedo estar agradecida.
Muchas veces no es fácil irse, pero tampoco lo es volver. Pero bueno, aún me quedan unos meses aquí y pienso disfrutarlos al máximo. ¡Nos vemos por Bruselas!



