Hoy os quiero explicar cosas que me hubiera gustado saber antes de venir aquí. Algunas buenas, otras no tanto, pero todas realistas y vividas de primera mano por mí. Algunas son más subjetivas, obviamente, pero he intentado tener una visión bastante objetiva de cómo ha sido realmente mi experiencia viviendo en Bélgica.
El clima: no era exactamente como me lo imaginaba
Antes de venir ya sabía más o menos lo que me esperaba porque todo el mundo me lo decía: días grises, lluvia y frío. Pero sinceramente, no sabía hasta qué punto eso iba a afectar mi rutina y mi estado de ánimo, porque nunca había vivido en un sitio así.
Llegué en febrero y, según me contaron, ya habían pasado los peores meses del invierno (por suerte). Aun así, las primeras semanas fueron bastante más duras de lo que esperaba. Había muchos días grises seguidos, muy pocas horas de luz y a las 6 de la tarde ya sentía que era hora de cenar e irme a dormir. Muchas veces no tenía ganas de hacer nada porque fuera hacía muchísimo frío y además llovía.
Pero justo aquí hay algo que me sorprendió muchísimo: la lluvia de Bélgica no tiene nada que ver con la que yo imaginaba. Yo esperaba lluvias fuertes constantemente, pero en realidad la mayoría de veces es una lluvia casi inexistente. Está ahí, la notas, pero son como gotitas diminutas que caen continuamente y que prácticamente no llegan ni a mojarte.
De hecho, las veces que he usado paraguas en Bruselas las puedo contar con las dos manos. La mayoría de días simplemente me ponía la capucha y ya era suficiente.
Y aquí va una recomendación random pero que a mí me ha salvado muchísimas veces: un balaclava. Básicamente es como una capucha que te pones que tambien abriga un poco el cuello. Me compré uno en Inditex y me ha ido genial para esos días en los que llevo jersey y no sudadera con capucha. Me lo pongo y sinceramente ya no necesito paraguas, porque muchas veces la lluvia es tan débil que sacarlo ni vale la pena. Esto es de lo que os hablo, enserio que es súper práctico:
Otra cosa que tampoco me esperaba son los cambios constantes en un mismo día. Aquí el tiempo cambia muchísimo: a veces sale un poco el sol, luego se nubla, después llueve un rato, vuelve a salir el sol una hora y más tarde otra vez lluvia. Todo en el mismo día.
El frío sí me costó muchísimo
Creo que una de las cosas que más me impactó al llegar fueron las temperaturas bajas. Recuerdo perfectamente mi llegada a Bruselas: estábamos a 3 grados y lo pasé fatal.
Mi madre estaba conmigo esos primeros días y quisimos visitar Brujas, pero sinceramente terminamos pasando la mayor parte del tiempo dentro de restaurantes y cafeterías porque era demasiado duro estar fuera durante mucho rato.
Pero también debo decir algo importante: aproximadamente a la semana y media de estar aquí me di cuenta de que no podía encerrarme en casa cada día a las 6 de la tarde solo porque fuera estuviera oscuro o hiciera mal tiempo.
Recuerdo empezar a salir igualmente por las tardes, sobre las 7 u 8, y pasear por el centro aunque hiciera frío o estuviera lloviendo un poco. Y me di cuenta de algo: aquí la gente sigue haciendo vida normal aunque el día sea horrible. Los belgas no cancelan sus planes porque llueva o haga gris.
Y pensé: si a ellos no les para, a mí tampoco debería. Así que empecé a obligarme a salir y enfrentarme al frío y al mal tiempo, y honestamente es algo que siento que he aprendido viviendo aquí: un día gris y lluvioso no puede arruinarte el día. Al mal tiempo, buena cara.
Los belgas son amables… pero bastante cerrados
Otra cosa de la que os quería hablar es de los belgas. Yo vine aquí con la idea de mejorar muchísimo mi francés, rodearme de gente local y aprender más de su cultura desde dentro. Pero la realidad ha sido bastante diferente.
La gente aquí es amable, educada y correcta, pero también bastante más cerrada de lo que estoy acostumbrada. Me ha parecido difícil hacer amistades locales porque la mayoría ya tienen aquí su grupo de amigos, su rutina y su vida hecha, y realmente no buscan conocer gente nueva.
Así que al final mi experiencia ha terminado siendo una inmersión internacional total. Y honestamente, eso también tiene algo muy bueno: hay muchísima vida social entre estudiantes internacionales y es muy fácil hacer amistades con ellos porque todos están en la misma situación: todos están lejos de casa, solos, con ganas de conocer gente y vivir experiencias nuevas.
Puede que no haya practicado todo el francés que me habría gustado, pero me llevo amistades muy bonitas y he conocido gente increíble de muchísimas partes del mundo.
Aunque aquí también hay algo curioso: el francés que hablan muchos jóvenes no tiene nada que ver con el francés “correcto” que aprendes en una clase. El slang aquí es bastante fuerte y muchas veces entender conversaciones reales puede ser muchísimo más complicado de lo que parece.
La bici aquí es casi una religión
Otra cosa que me sorprendió muchísimo es el uso de la bici. La utilizan absolutamente para todo. Pero lo que más me impacta es que incluso cuando llueve siguen yendo en bici como si nada. Eso creo que jamás llegaré a entenderlo del todo jajaja.
Eso sí, algo que funciona muy bien es el sistema de Villo!. Hay estaciones literalmente por todas partes y muchísima gente las utiliza. Yo al final también he terminado usándolas muchísimo porque son súper prácticas para moverse por la ciudad.
Aunque también debo decir que algunas calles de Bruselas no son precisamente ideales para ir en bici porque muchas están empedradas y vas literalmente saltando mientras pedaleas jajaja.
Bruselas y el resto de Bélgica se sienten muy diferentes
Otra cosa que he notado muchísimo es la diferencia entre Bruselas y otras ciudades belgas.
Quitando Bruselas, la mayoría de ciudades me parecen especialmente tranquilas. Lugares como Gante o Lovaina tienen un ambiente mucho más calmado y, sinceramente, para alguien como yo que no disfruta demasiado de las grandes ciudades, me parecen perfectas.
En cambio Bruselas es muchísimo más movida. Siempre hay gente, ruido y muchísimo ambiente, especialmente viviendo en pleno centro como me ha tocado a mí. Y aunque es verdad que vivir en el centro es súper práctico, ahora mismo creo que si pudiera elegir probablemente viviría en una zona más tranquila y residencial. Hay barrios mucho más calmados donde creo que estaría más a gusto en el día a día.
Los horarios aquí son completamente distintos
Y sigo con algo que no me esperaba para nada: los horarios. Aquí cenan MUY temprano. De verdad, muy temprano. Hay gente que cena perfectamente a las 18h y lo normal suele ser sobre las 19h.
Pero lo que más me chocó fueron los horarios de supermercados y cafeterías. En España estamos acostumbrados a poder improvisar muchísimo más, mientras que aquí muchas cafeterías cierran sobre las 18h. Literalmente es casi imposible ir a tomar un café “por la tarde-noche” porque ya está todo cerrado. Con los supermercados pasa algo parecido. La mayoría cierran a las 20h y los sábados incluso antes, sobre las 19h. Y honestamente… todavía muchas veces se me olvida y termino corriendo al supermercado a última hora.
Por suerte existen un Carrefour en el centro que cierra más tarde, sobre las 23h, y sinceramente me ha salvado muchas veces.
El coste de vida es más alto de lo que parece
Otra cosa importante es el precio de la vida aquí.
Salir a socializar en Bélgica sale bastante más caro que en España. Los restaurantes generalmente son bastante más caros y tienes que saber muy bien dónde vas si no quieres llevarte un susto al pedir la cuenta. Tomarte una cerveza puede costarte fácilmente 5€ y un café con leche rara vez baja de 4€.
Y con los supermercados pasa igual: pueden ser bastante caros si no sabes dónde comprar. Para mí la clave ha sido Lidl, porque hay bastantes por la ciudad. Aldi también está muy bien, aunque normalmente está más a las afueras. Además, algunos productos concretos como la carne o los huevos son bastante más caros que en España. Así que se come lo que se puede siendo estudiante jaja:
Aunque también debo decir algo positivo: el transporte público para estudiantes es realmente barato gracias al descuento de estudiante, y eso ayuda muchísimo en el día a día.
La cultura de la comida es muy diferente
Algo que también me llamó mucho la atención es la relación que tienen aquí con la comida. En España la comida tiene un valor muy especial: cocinar para la familia, hacer sobremesa, pasar horas alrededor de una mesa… forma parte de nuestra cultura.
Aquí lo siento completamente distinto. Hay muchísimo take away, comida rápida y restaurantes internacionales de todo tipo. Y sí, están los clásicos belgas como las papas fritas belgas o los gofres, pero obviamente no vives de eso.
Aunque algo que sí me gusta muchísimo es precisamente la variedad de restaurantes internacionales que encuentras aquí. Hay sitios libaneses, turcos, japoneses y de muchísimos otros países a precios bastante asequibles.
Vivir aquí es vivir en una burbuja internacional
Y para finalizar, relacionado con lo que explicaba antes, hay una sensación que creo que define muy bien cómo es vivir aquí: sientes que estás dentro de una burbuja internacional. Conoces constantemente a gente nueva de muchísimos países, pero al mismo tiempo sabes que mucha de esa gente terminará yéndose tarde o temprano.
Aquí hay muchísimas entradas y salidas de personas: Erasmus, internships, másters, trabajos temporales… Y cuando menos te lo esperas, alguien con quien habías creado una amistad ya tiene que volver a su país porque se termina su estancia aquí.
Supongo que para las personas que viven en Bruselas durante muchos años eso debe terminar siendo duro, porque probablemente no sea tan fácil construir un grupo estable cuando la gente está constantemente marchándose.
Y esto es todo por ahora :),
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!








