¡Hola, lectores!
Si habéis paseado por Lovaina, Brujas o cualquier ciudad de Flandes, seguramente os habréis cruzado con un Beaterio sin saber qué era. Es literalmente estar caminando en cualquier calle ruidosa, llena de coches y gente, y pasar un portón donde hay puro silencio. Estos edificios son unos de los símbolos de identidad más potentes del patrimonio flamenco.
Pero ¿Qué son exactamente y por qué hay tantos?
Las Beguinas.
Para entender de dónde salieron los beaterios, tenemos que saber para quiénes fueron construidos. Nacieron en la Edad Media (alrededor de los siglos XII y XIII). En este período había una gran cantidad de mujeres solteras o viudas por el tema de las Cruzadas y las guerras. Muchas de ellas no querían casarse, pero tampoco les llamaba la atención hacerse monjas y quedarse en un convento con normas estrictas.
De aquí salen las beguinas, mujeres que decidieron vivir en comunidad, trabajando para poder mantenerse haciendo ropa, encajes o hasta cuidando enfermos. También se dedicaban a la espiritualidad, pero sin tener compromiso total con la Iglesia, por lo que tenían completa libertad de casarse si querían. Ellas se crearon su propia ciudad amurallada con sus normas.
Enfoque arquitectónico.
Si lo vemos desde un punto de vista arquitectónico, los beaterios son interesantes, ya que crean micro urbanismos dentro de la gran ciudad. En la zona flamenca hay 13 beaterios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y todos tienen varias características en común:
- Muro y puerta: Las comunidades están cerradas al exterior, y esto crea una sensación de paz y una frontera entre el caos de la ciudad y la calma espiritual.
- Construcción: Suelen ser casas de ladrillo, todas con tamaños y disposiciones muy parecidas que se organizan rodeando un jardín.
- Tamaño: Cuando visitéis un beaterio, veréis que no hay palacios grandes, sino que está todo hecho a “escala humana”, como decimos en arquitectura.
¿Por qué tenéis que visitarlos?
Hoy en día ya no hay ninguna beguina, ya que la última falleció en 2013, pero los beaterios siguen de pie y han sido reconvertidos de formas muy chulas.
Hay uno específicamente que es conocido como el más famoso: el Gran Beaterio de Lovaina. Es uno de los más grandes y bonitos y, de hecho, pertenece a la universidad KU Leuven. Ahora lo utilizan como residencia para estudiantes. Imaginaos vivir en un sitio marcado como Patrimonio de la UNESCO, jajaja.
En Brujas también hay uno muy famoso, ya que está lleno de cisnes y tiene un lago al lado. Pero los hay en casi todas las grandes ciudades de Flandes, como en Lier, Malinas o Amberes (las fotos que os muestro son de este). Estos espacios son ideales para ir a leer, dibujar o simplemente desconectar del caos de la ciudad.
Nombres en vez de números.
Si observáis bien, seguro que podréis ver que muchas de las puertas no se identifican con números, sino que tienen una placa con un nombre o una imagen.
Esto tiene una explicación histórica: en la Edad Media no existían los números de calle. Entonces, para distinguir una casa de otra, cada una tenía su propia característica especial. Como las beguinas eran mujeres muy espirituales, les ponían nombres religiosos a sus casas.
Ya sabéis, si veis un muro de ladrillo con un portón a mitad de una calle común y corriente, entrad y seguro que es un beaterio. Y si queréis saber mas de ellos, en este enlace podréis encontrar más información: https://www.visitflanders.com/es/historias/los-beaterios-de-flandes-oasis-de-calma
¡Hasta la próxima entrada!
¡Hola! Soy Ricardo Paolino, tengo 22 años y estudio Arquitectura en Valencia; ahora estoy haciendo mi Erasmus en Amberes, y seré vuestro corresponsal para la temática de Patrimonio.
Estoy muy emocionado de mostrarles todo lo que descubra en esta zona tan rica e interesante.
¡Hasta el próximo post!

