Hola lectores! Cómo ya os conté en otro de mis post, hace un tiempo visité el Parque de Arenberg en Lovaina. Sin embargo, esta vez he vuelto para verlo de una forma muy diferente; a través del arte, la poesía y la ciencia. Aprovechando el 600 aniversario de la KU Leuven, me acerqué a descubrir dos de las instalaciones que forman parte de la Art and Science Route – And So, Change Comes in Waves.
La Art and Science Route – And So, Change Comes in Waves es una iniciativa creada por la KU Leuven con motivo de su 600 aniversario, y se puede visitar de forma totalmente gratuita. A lo largo de varios puntos de la ciudad y el campus universitario, esta ruta presenta obras de arte contemporáneo y poemas inspirados en temas científicos, éticos y sociales de gran actualidad.
El proyecto nace del diálogo entre más de 70 investigadores de distintas disciplinas y 16 artistas y poetas, y busca hacer visible la conexión entre el conocimiento, las emociones humanas y los desafíos globales. Cada parada de la ruta está situada en un lugar con significado, y juntas forman un recorrido de unos 5,5 km que se puede hacer a pie o en bicicleta.
Primera parada: Wandering Garden
En el Arenbergpark, donde se encuentra el campus científico de la universidad, lo que antes era un gran aparcamiento se está transformando en un jardín-laberinto vivo. La estructura de acero, diseñada por el dúo Gijs Van Vaerenbergh, se irá cerrando año tras año a medida que las plantas trepadoras que lo habitan la vayan envolviendo por completo.
Me fascinó ver cómo la botánica, la arquitectura y la idea de “perderse” se entrelazan en esta obra. En total hay 91 especies distintas, agrupadas por familias, desde hiedras y glicinas hasta plantas menos conocidas como la Dutchman’s pipe o la porcelain berry. Una parte del muro cuenta incluso con un plano botánico donde puedes escanear los códigos QR de cada planta para conocerlas mejor. Me pareció una manera preciosa de invitarte no solo a caminar, sino a observar con detalle y aprender sobre botánica.
Además, el nombre de la obra –Wandering Garden– no es casual: hace referencia a un discurso de 1985 sobre la libertad académica. Aquí, “divagar” es una forma de buscar sin imposiciones, de avanzar sin un rumbo fijo, como tantas veces sucede en la ciencia.
Segunda parada: Kibawa’s Little Boy
Muy cerca, en el mismo parque, me encontré con una escultura impactante del artista Sammy Baloji. Tiene forma de cristal fracturado de uranio y hace referencia directa al material extraído del Congo para fabricar la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima: la tristemente famosa Little Boy.
Pero esta pieza va mucho más allá de una denuncia histórica. La forma tallada dentro del cristal recuerda a las estatuillas tradicionales del pueblo Luba, y el título alude a Kibawa, una poderosa figura espiritual vinculada a la tierra. Con todo esto, Baloji no solo traslada simbólicamente el uranio de vuelta a Bélgica, sino que cuestiona el conocimiento que durante siglos se produjo sobre África desde un punto de vista completamente europeo y sesgado.
Esta obra pertenece al tema “Knowledge Owned & Owed”, que plantea quién produce el saber, a quién se le da voz y cómo se pueden reparar esas desigualdades históricas. Me hizo pensar mucho en lo importante que es revisar las bases sobre las que construimos lo que hoy consideramos ciencia o verdad.
Disfrutar y aprender
Como estudiante de Biología y también como corresponsal de naturaleza, me parece fundamental que se empiece a tender puentes entre disciplinas que tradicionalmente se han mantenido separadas. Vivimos un momento en el que no basta con mirar solo los datos o solo las emociones: necesitamos ambas cosas. Por eso, este tipo de iniciativas —donde la ciencia se entrelaza la historia y hasta la ética— me resultan no solo valiosas, sino necesarias.
Cuando camino por lugares como el Wandering Garden, no solo estoy observando plantas trepadoras y adquiriendo conocimiento cientifico; estoy viendo cómo este puede dialogar con lo artístico para hacernos reflexionar sobre cómo investigamos y qué caminos tomamos. Y cuando me planto frente a una escultura como Kibawa’s Little Boy, siento que la historia y la biología ya no están en compartimentos separados, sino que se mezclan en algo mucho más profundo: una pregunta sobre el poder, la representación y las heridas que aún persisten en la historia. Para mí, esa mezcla lo cambia todo. Nos obliga a mirar más allá de la superficie, a cuestionarnos, a aprender desde múltiples ángulos.
Aquí te dejo un vídeo para que veas cómo llegar a la zona donde se encuentran las dos obras de la Art and Science Route:
Si quieres obtener más información sobre toda la Art and Science Route, puedes visitar el siguiente enlace.
Hola! Soy Sofía Acuña Rodríguez. Tengo 21 años y estudio Biología en Santiago de Compostela. Estoy este curso de erasmus en Bruselas y durante el segundo cuatrimestre del curso 2024-2025 seré la nueva corresponsal de Naturaleza y Ciclismo. Espero poder transmitiros las cosas tan bonitas que Flandes tiene por enseñar. Nos vemos!


