Persiguiendo el último rayo de sol

Las luces caen, las sombras se agrandan, las nubes se colorean… ¡Los más imaginativos juegan a encontrar figuras en ellas!

Quizás no lo sabéis pero adoro las puestas de sol, podría deciros que soy “coleccionista de atardeceres“. Me parece que hay algo mágico en la atmósfera, que te transporta, que te hace soñar… Os prometo que si probáis a respirar bien hondo mientras contempláis un bonito crepúsculo, un sentimiento de fortuna os invadirá por completo. Creo que no conozco forma más fácil de ser feliz.

Eso sí, tampoco te vale cualquier lugar, hay que perseguir el adecuado, aquél desde el que se pueda divisar el sol casi completamente cuando se esconde, aquél alejado de edificios altos que te puedan impedir ver el cielo, aquél un poco tranquilo, sin ruidos que te puedan distraer en este momento de paz y armonía.

En esta gran ciudad de Amberes, os podría nombrar más de un millón de sitios perfectos para la hazaña, pero creo que es más especial que lo descubráis vosotros mismos, por lo que yo solo os daré unas pinceladas de vez en cuando, para guiaros en esta mágica búsqueda de al menos una de mis definiciones de felicidad.

Hoy os voy a hablar de un lugar que además tiene una pequeña historia popular. Se trata del paseo “Steenplein”, a orillas del río Escalda. A tan solo 5 minutos de la central plaza de Grote Markt, muy accesible y fácil de llegar. ¿Pero y qué lo hace tan especial? Pues yo diría que precisamente en su austeridad, reside el hecho de que sea tan magnífico, pues te permite un momento de relajación, sin distracciones, para tener un momento contigo mismo, para observar, meditar y apreciar la belleza de la vista del río y el otro lado de la ciudad.

 

Cuentan las malas lenguas, que en pleno auje burgués, esta ciudad tuvo un momento de explosión de nuevas construcciones y con esta época de renovación, muchas de las calles principales quedaron por un tiempo inutilizadas. Este hecho mosqueó enormemente a los aristócratas, que tenían por costumbre pasar las tardes paseando para mostrar sus nuevas galas y ser la envidia de los demás los últimos vestidos de moda.

Tan sonora fue la irritación popular, que al final el alcalde hubo de mandar construir una pequeña pasarela elevada al lado del río Escalda, a la altura del famoso castillo de Het Steen, que hoy en día conecta con un pintoresco pero elegante restaurante llamado “River Café”.

¡Y así los amberinos pudieron volver a ser felices, y de paso comer perdices si querían!

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