Hasselt y su jardín japonés: un rincón de Japón en Bélgica
El otro día visité Hasselt, una ciudad menos conocida y algo más alejada de los circuitos turísticos habituales, situada a aproximadamente una hora de Bruselas en tren.
Hasselt tiene un encanto diferente. Al estar menos gentrificada y recibir menos turismo que otras ciudades belgas, conserva una atmósfera más íntima y genuina. Pasear por sus calles fue una maravilla, pero lo que más nos sorprendió fue, sin duda, su jardín japonés, uno de esos lugares que no te esperas encontrar y que terminan convirtiéndose en lo mejor de la visita.
Aunque está un poco alejado del centro, es una parada indispensable si visitáis la ciudad. Se encuentra a las afueras, junto a una zona verde perfecta para pasear, jugar, hacer un picnic o simplemente disfrutar de un rato al aire libre.
Información práctica
La entrada para estudiantes cuesta 1 €, por lo que merece muchísimo la pena incluir esta visita en vuestro itinerario.
Al entrar, después de pagar, encontraréis una pequeña cabina donde podéis conseguir una walking guide o guía para recorrer el jardín, disponible en varios idiomas, aunque, por desgracia, no en español.
La guía explica cómo está organizado el parque y qué significado tiene cada uno de sus elementos. Como no está disponible en nuestro idioma, os dejo aquí una pequeña traducción y explicación de lo que encontraréis durante el recorrido.
Los elementos del jardín japonés de Hasselt
El jardín japonés no es simplemente un espacio lleno de plantas bonitas. Cada puente, árbol, estanque y construcción tiene un significado propio y contribuye a crear una atmósfera de calma, equilibrio y conexión con la naturaleza.
1. Yatsuhashi: el puente en zigzag
El Yatsuhashi es el puente en zigzag que atraviesa el estanque de los lirios. Su forma permite acercarse a las flores y contemplarlas de cerca.
Además de su función práctica, su diseño tiene un significado espiritual: se dice que su forma confusa ayuda a mantener alejados a los malos espíritus. El puente también sirve como entrada a la segunda parte del jardín, el jardín japonés central.
2. La cascada de la Puerta del Dragón
La cascada de Hasselt está inspirada en los jardines del templo Tenryū-ji, en Kioto, que datan del siglo XIV.
Se caracteriza por el contraste entre las líneas horizontales y verticales de las rocas, que se complementan con las formaciones de piedra situadas en el agua.
Una de las rocas más destacadas pesa aproximadamente 14 toneladas y está colocada delante de la cascada, a la derecha. La roca situada bajo la cortina de agua simboliza a las carpas japonesas que luchan por remontar la corriente.
Según la leyenda, después de cien años de esfuerzo, la carpa que consigue llegar hasta la cima se transforma en un dragón como recompensa de los dioses. Una bonita metáfora de la perseverancia y la superación.
3. Los pinos japoneses
El pino, conocido en japonés como matsu, es uno de los árboles más habituales en los jardines japoneses. Simboliza la longevidad y la eternidad y, cuando se combina con el bambú, representa el Año Nuevo.
Los pinos del jardín de Hasselt se podan y moldean cuidadosamente para que mantengan una forma que recuerda a la de los árboles que crecen de manera natural en lugares expuestos al viento, como las costas o las laderas de las montañas japonesas.
4. El reflejo del agua
En esta zona del jardín se puede contemplar la casa ceremonial reflejada en el agua.
El edificio está inspirado en la arquitectura japonesa del siglo XVII y se construyó siguiendo un estilo tradicional. Se eleva ligeramente sobre el suelo y cuenta con amplios aleros que lo protegen de la luz solar directa.
Gracias a estos detalles arquitectónicos y a los elementos de madera utilizados en su construcción, el edificio mantiene un ambiente fresco y está diseñado para resistir los terremotos.
5. Las carpas koi
Si bajáis las escaleras hasta la playa de guijarros, encontraréis una zona que recuerda a una costa natural, donde las olas parecen dejar su huella sobre las piedras.
En los jardines japoneses, los estanques son lugares ideales para criar carpas koi y otras variedades ornamentales. Si os apetece darles de comer, podéis comprar comida específica en el mostrador de entradas o en la zona de guijarros.
6. Los cerezos en flor
El parque de los cerezos es uno de los espacios más especiales del jardín, especialmente durante la época de floración.
La flor del cerezo, conocida como sakura, tiene una gran importancia en la cultura japonesa. Su floración es motivo de celebración y contemplación, ya que simboliza la belleza efímera de la vida.
Esta zona ocupa aproximadamente media hectárea y está diseñada para acoger eventos alrededor de los cerezos. El césped bajo los árboles sirve como espacio para sentarse, relajarse y disfrutar de un picnic al más puro estilo japonés.
7. El santuario de Jizō
El santuario de Jizō está dedicado a Jizō Bosatsu, una figura budista conocida en sánscrito como Kṣitigarbha Bodhisattva.
Jizō es considerado el protector de los viajeros, los niños y, especialmente, de los niños fallecidos. También se le asocia con la compasión y la ayuda a las almas en el más allá.
Este pequeño santuario ofrece un lugar para detenerse, reflexionar y expresar sentimientos de pérdida, empatía y apoyo.
8. La campana de la paz
La campana de la paz fue inaugurada en octubre de 2016 como homenaje a los 150 años de relaciones diplomáticas entre Bélgica y Japón.
Cualquier visitante que desee hacer sonar la campana puede hacerlo como gesto simbólico para pedir o desear la paz.
9. El santuario sintoísta
En el otro lado del camino se encuentra un pequeño santuario sintoísta.
Este tipo de santuarios, habituales en Japón, también se pueden encontrar junto a carreteras de montaña y senderos. Son lugares donde los viajeros hacen una breve parada para mostrar respeto y dedicar unos instantes a la reflexión.
La tradición descrita en la guía consiste en detenerse, inclinarse, dar dos palmadas, volver a inclinarse y tomarse unos momentos de tranquilidad.
10. Kōrōkan: la casa ceremonial
La casa ceremonial recibe el nombre de Kōrōkan, que significa aproximadamente «lugar de descanso y refugio para los viajeros».
Está construida con materiales naturales como piedra, madera, bambú, arcilla y papel. La entrada cuenta con un suelo pavimentado y conduce a diferentes espacios interiores.
A la derecha se encuentra una sala para la ceremonia del té, diseñada siguiendo un estilo occidental. A la izquierda hay una primera habitación con tatami, las tradicionales esteras japonesas, que funciona como sala de espera.
Desde allí se accede a la zona de recepción, donde se recibe a los invitados. Este espacio puede ampliarse hacia la zona de estar, que ofrece vistas al estanque a través de puertas correderas cubiertas de papel. Todo está pensado para crear un ambiente tranquilo y acogedor donde compartir tiempo con familiares y amigos.
11. Jūshōan: la casa de té
A diferencia de la apertura de la casa ceremonial, la sala de la ceremonia del té está rodeada casi por completo de muros bajos y oscuros.
Las ventanas están cubiertas con papel de arroz, que aísla a los participantes del mundo exterior y permite que entre una luz suave y tenue. Este ambiente refuerza la sensación de calma y concentración propia de la ceremonia del té.
La guía también destaca una pequeña estufa instalada en el suelo. En la parte inferior hay una puerta cuadrada y baja por la que todos deben entrar, independientemente de su rango o posición social. Este detalle simboliza que, dentro de la sala, todos los invitados se encuentran en igualdad de condiciones.
¿Merece la pena visitar el jardín japonés de Hasselt?
Para mí, sí, sin ninguna duda.
Más allá de sus paisajes, sus puentes y sus cerezos, lo bonito de este jardín es descubrir que cada rincón tiene una historia detrás. Pasear por él es una forma de acercarse a la cultura japonesa sin salir de Bélgica y de disfrutar de un espacio pensado para la contemplación y la tranquilidad.
Si estáis buscando una escapada diferente desde Bruselas, os recomiendo dedicar unas horas a descubrir Hasselt y reservar un rato para visitar su jardín japonés. Y si vais en primavera, intentad coincidir con la floración de los cerezos: puede ser una de las épocas más bonitas para recorrerlo.
A veces, los lugares menos conocidos son precisamente los que más nos sorprenden.
Como siempre os dejo un pequeño video de como fue la experiencia.
¡Hasta la próxima!!
¡Hola!
Soy Arancha, soy de Valencia y estudio Filología Inglesa. Actualmente estoy en Gante de Erasmus, una experiencia que llevaba tiempo queriendo vivir. Elegí Bélgica porque todo el mundo me recomendaba una y otra vez que no podía perderme este país, así que decidí venir a descubrirlo por mí misma.
En este blog quiero enseñaros Flandes a través del arte y la cultura, pero desde una perspectiva más amplia. El arte no son solo museos y cuadros: también está en el cine, la danza, el teatro, la música y en muchos otros rincones de la vida cotidiana.
Así que, ¡acompañadme a descubrir Gante, Flandes y todo lo que esta aventura Erasmus tiene preparado!

