¡Hola a tooodooos!
Hace poquito decidí hacer un plan bastante diferente y me fui a visitar De Haan, un pequeño pueblo costero cerca de Ostende. De Haan, es un lugar PRECIOSO con una enorme playa de arena blanca y sus casitas de estilo Belle Époque, que hacen que pasear por sus calles sea como estar dentro de un cuento.
Pero además de lo bonito que es. De han esconde una historia muy especial y sobre todo muuuy curiosa, ¡Albert Einstein vivió aquí durante un tiempo! Por eso mismo, no podía dejar pasar la oportunidad de ir a visitarla y conocer un poquito más el pueblo donde se quedó una de las mentes más brillantes de la historia.
¿Qué hacía Albert Einstein en De Haan?
Para entender cómo acabó aquí, tenemos que retroceder hasta 1933. Einstein, un científico conocido mundialmente por desarrollar la teoría de la relatividad y ganador del Premio Nobel de Física en 1921, se encontraba en Estados Unidos cuando Adolf Hitler llegó al poder en Alemania.
Por si no lo sabías, Einstein era judío y, con Hitler recién llegado al poder, volver a Alemania, su país de origen, empezaba a ser todo un peligro. La situación no solo estaba empeorando para la población judía, sino que concretamente Einstein se había convertido en un objetivo para los nazis por sus ideas y sus críticas al régimen. De hecho, el 20 de marzo de 1933 llegaron a registrar su casa de verano en Caputh, con la excusa de que allí podían esconderse armas y posteriormente su vivienda en Berlín. ¿Ahora entendéis porque decidió no volver a Alemania, verdad?
El 28 de marzo de 1933 llegó en barco a Amberes junto a su mujer, Elsa y comenzó a buscar un lugar donde instalarse mientras decidía qué podía hacer con su futuro y finalmente, Gracias a sus contactos en Bélgica, el matrimonio encontró alojamiento en De haan específicamente en Villa Savoyarde, una casa situada en la zona residencial de La Concession, muy cerca de la playa.
Los meses de su estancia no consistieron únicamente en esconderse y alejarse de Alemania. Sino que, durante esos meses continuó trabajando, recibió visitas de amigos y científicos y mantuvo contacto con otros intelectuales. Y es que, aunque hoy paseemos por De Haan pensando en sus playas y sus preciosas casas, detrás de este tranquilo pueblo se esconde una historia que probablemente muchos de sus visitantes desconocen. Una historia que yo también quería conocer de cerca.
Siguiendo los pasos de Einstein por De Haan
Para llegar a De Haan, cogimos un tren desde Gent-Sint-Pieters hasta Ostende y, una vez allí, nos subimos al tranvía costero en dirección a De Haan aan Zee. La verdad es que el trayecto fue bastante sencillo y, en aproximadamente una hora, ya estábamos allí. Así que, si estáis en Gante y os apetece hacer un plan diferente, ¡es una opción estupenda para pasar el día junto al mar!
Si os soy sincera, nada más llegar decidí acercarme a la playa y aprovechar que hacía un poquito de sol, ¡que ya lo echaba de menos! Pensaba quedarme un ratito y seguir con la visita, pero al final acabé pasando bastante más tiempo allí del que tenía previsto.
La playa me pareció preciosa. Evidentemente, no nos bañamos, pero dar un paseo por la arena, disfrutar del paisaje y aprovechar ese ratito de sol fue todo un gusto. Cuando empecé el Erasmus, nunca me habría imaginado que acabaría pasando una tarde en una playa de Bélgica.
Después de nuestro paseo, nos dimos cuenta de que ya se nos habían hecho las dos o las tres de la tarde y tocaba buscar algo para comer. Decidimos compartir dos hamburguesas y unas patatas fritas y, la verdad, ¡estaba todo riquísimo! Además, nos salió bastante barato, así que tampoco se podía pedir mucho más.
Después de comer, tocaba empezar con la parte más histórica de la visita. Para ello, nos acercamos a la oficina de turismo de De Haan, donde pedí un folleto dedicado a Einstein. Así que, folleto en mano, nos pusimos en marcha para descubrir los rincones de De Haan relacionados con su estancia.
Nuestra primera parada fue la estación del tranvía, que además nos vino genial porque allí mismo se encontraba la oficina de turismo. Y es que el tranvía costero no es solamente una forma cómoda de llegar a De Haan, sino que también fue fundamental para el desarrollo de esta zona. Su conexión con otras localidades de la costa belga contribuyó a que el pueblo creciera como destino turístico y a que cada vez más visitantes se acercaran a disfrutar de sus playas.
A partir de aquí, empezamos a recorrer las calles de La Concession, una de las zonas más bonitas de De Haan. Si algo llama la atención de este pueblo es su arquitectura de la Belle Époque, con villas llenas de encanto, fachadas decoradas y ese aire de veraneo elegante que parece haberse quedado congelado en el tiempo.
Durante el recorrido nos encontramos con el Hotel des Brasseurs, Villa de Torre y Villa de la Jannière. Aunque cada edificio tiene sus propios detalles, los tres comparten un estilo arquitectónico muy parecido. Esto se debe, en parte, a la Société Anonyme de Coq-sur-Mer, una sociedad anónima creada para desarrollar y urbanizar esta zona costera.
¿Y qué significa eso? Básicamente, que no se trataba de construir casas de cualquier manera, sino de desarrollar una localidad turística con una imagen cuidada y coherente. Por eso, al pasear por sus calles, da la sensación de que todas esas villas forman parte del mismo escenario.
De todas las paradas de la ruta, una de mis favoritas fue el Gran Hotel Belle Vue. Y no solamente por su arquitectura, sino por una historia que nos contó la recepcionista y que hizo que nos imagináramos mucho mejor cómo era la vida de Einstein durante aquellos meses.
Según la información de la guía que cogimos, Einstein solía tomar café en el patio interior del hotel. Así que, cuando llegamos, decidimos entrar a preguntar si podíamos verlo. La recepcionista fue súper simpática y, aunque nos explicó que el espacio ya no se conservaba exactamente como en aquella época, nos contó varias curiosidades que nos encantaron.
Al parecer, Einstein tenía una mesa favorita, concretamente una en la que le daba el sol de frente. ¡Y no penséis que era una simple preferencia sin importancia! Según nos contaron, cuando él llegaba y alguien estaba sentado en su sitio, muchas veces le cedían la mesa porque sabían que era donde le gustaba ponerse.
¿Os imagináis estar tranquilamente tomando un café y que, de repente, aparezca Albert Einstein? Yo creo que tampoco me habría importado cambiarme de mesa para dejarle disfrutar de su rayito de sol.
Continuamos el recorrido y llegamos a dos pequeños quioscos con forma de pagoda, que datan de 1904. Estos curiosos elementos arquitectónicos estaban relacionados con la entrada de un antiguo casino de estilo exótico. Y es que De Haan no siempre fue únicamente ese tranquilo pueblo costero al que uno va a pasear por la playa. Durante la Belle Époque, la costa belga se convirtió en un destino de moda y surgieron hoteles, villas y espacios de ocio pensados para atraer a visitantes que buscaban disfrutar de sus vacaciones junto al mar.
Después seguimos caminando para descubrir otros edificios, como Chantecler, el Hotel Belle Époque, Villa Gallica, Canteclaer y Astoria. Lo mejor de esta parte de la ruta es que no hace falta ser un experto en arquitectura para disfrutarla: basta con levantar un poco la mirada y fijarse en los balcones y los detalles de las fachadas.
Otra de las paradas que más me gustaron fue La Potinière, un parque situado en pleno centro de De Haan. Después de tanto caminar, se agradecía encontrar un espacio verde donde descansar un rato y disfrutar del ambiente del pueblo. El parque cuenta con pistas de tenis y zonas de juego para los más pequeños, y además acoge diferentes actividades y eventos al aire libre. Me pareció un lugar estupendo para hacer una pausa, especialmente si visitáis De Haan en un día de buen tiempo.
Seguimos nuestra ruta hasta Dunnapanne, un edificio que anteriormente se conocía como Hotel des Familles. Este lugar también esconde una historia curiosa, ya que el rey Leopoldo II se alojó en De Haan en 1901, mucho antes de la estancia de Einstein. Pero eso no es todo. El edificio también tuvo una etapa vinculada a la asistencia sanitaria: llegó a funcionar como hospital y estuvo relacionado con distintas comunidades religiosas, entre ellas las Hermanas de San Vicente de Paúl y las Hermanas Negras de Brujas.
Después, siguiendo las recomendaciones de la recepcionista del Gran Hotel Belle Vue, decidimos acercarnos a la estatua de Einstein y a la casa en la que vivió durante su estancia en De Haan.
La estatua es uno de los lugares más emblemáticos relacionados con el científico y una parada imprescindible si decidís hacer esta ruta. Pero, sin duda, una de las cosas que más curiosidad me despertó fue visitar la casa en la que se alojó.
Lo primero que me sorprendió fue comprobar que no se trata de un museo, sino de una vivienda privada en la que sigue viviendo gente. Es decir, no entramos en una casa convertida en exposición histórica ni encontramos habitaciones llenas de objetos personales del científico. Simplemente, pudimos acercarnos al exterior e imaginar cómo habría sido vivir allí en 1933, en un momento en el que Einstein estaba intentando encontrar un lugar seguro lejos de la Alemania nazi.
Y aquí viene otra curiosidad que me encantó encontrar durante el recorrido. Por el camino nos topamos con un cartel que recogía una frase atribuida a Einstein: «I lie on the beach like a crocodile and let myself be roasted by the sun».
¿Soy yo o esta frase podría haberla dicho cualquiera de nosotros durante las vacaciones? Después de tanto escuchar hablar del científico como un genio que revolucionó la física, imaginarlo tumbado al sol, disfrutando de la playa y sin muchas ganas de moverse me hizo muchísima gracia.
¿Merece la pena visitar De Haan?
Después de pasar el día allí, mi respuesta es un sí rotundo. Me parece una escapada estupenda desde Gante, especialmente si os apetece salir un poco de la ciudad y descubrir un lugar diferente sin tener que organizar un viaje complicado.
Lo que más me gustó fue la combinación de playa, arquitectura e historia. Por la mañana puedes pasear por la arena y disfrutar del mar y por la tarde, recorrer el pueblo siguiendo los pasos de uno de los científicos más importantes de la historia.
¡Hola!!!!! Soy Clara Fuentes, estudiante de Protocolo y Organización de Eventos en Madrid. Este año he decidido meter mi vida en una maleta e irme de erasmus a Gante durante todo un año a vivir una nueva experiencia al máximo. Me encanta viajar, conocer sitios nuevos y sobre todo cotillear las historias que hay detrás de cada uno de ellos.
Por eso, estoy muuuy ilusionada de ser vuestra corresponsal de Patrimonio este primer semestre y tener la excusa perfecta para recorrerme Flandes, descubrir sus mejores secretos y enseñaros esos rincones que quizás pasan desapercibidos.




