Hallo!
El 16 de mayo tuvo lugar el pistoletazo de salida del Brussels Pride y, sinceramente, fue una de esas experiencias que te recuerdan por qué esta ciudad es tan especial.
Comencé la tarde en el Mont des Arts, donde el ambiente ya estaba a tope desde muy temprano. Música buenísima, gente bailando sin prejuicios, grupos de amigos sentados en las escalinatas… era un entorno súper abierto y alegre. Después, me dirigí al Parc de Bruxelles (Parc Royale), donde la fiesta continuó durante horas y donde realmente sentí toda la energía del evento.
Lo que más me impresionó fue la diversidad que se hizo notar por todos lados. Había gente literalmente de todas partes, de diferentes nacionalidades, con estilos completamente distintos, de diversas orientaciones sexuales y de distintas identidades.
Y, sin embargo, todo se sentía increíblemente cohesionado. Nadie parecía estar fuera de lugar. Todo el mundo estaba simplemente disfrutando del momento, viviendo al compás de la música y del ambiente.
Creo que esa es una de las cosas que más me gustan de Bruselas en general: esa sensación constante de fusión cultural. Pero durante el Pride, ese sentimiento se amplifica por diez.
Mucho más que una simple fiesta
Aunque, obviamente, hubo música y un ambiente fantástico, lo que más valoré fue que no se sintiera como una fiesta más.
Había un sentido muy fuerte de comunidad, libertad y respeto. La gente se vestía como le apetecía, se expresaba como quería y, simplemente, sin miedo alguno, era ella misma.
Y, sinceramente, ver eso en persona es algo verdaderamente emocionante, y más en momentos como los que estamos pasando ahora mismo.
El ambiente, sorprendentemente tranquilo
Otra cosa que me sorprendió bastante fue lo agradable que resultó el ambiente.
Con tanta gente alrededor, una podría esperar cierto caos o, en ocasiones, algunas malas vibras; pero, si os soy sincera, el clima general fue increíblemente tranquilo. La gente estaba allí simplemente para pasarlo bien: nada más y nada menos. Como debería ser siempre.
Había música, DJs, drags queens, grupos enormes de gente bailando y un flujo constante de movimiento entre el Mont des Arts, el Parc Royale y todo el centro, pero todo transcurrió con una fluidez asombrosa.
La gran labor del equipo de asistencia
Y si hay algo que realmente quiero destacar de este evento, es la labor del equipo de asistencia (Care Team).
Me pareció increíble ver a todo un equipo dedicado exclusivamente a cuidar de cualquier persona que pudiera sentirse indispuesta o necesitara ayuda. Estaban atentos a cualquiera que hubiera bebido demasiado (algo muy común en estos eventos), se sintiera abrumado o simplemente necesitara descansar un rato.
Además, tenían instalada una carpa equipada con camas, comida, agua y un espacio tranquilo para recuperarse.
Y, sinceramente, me pareció una idea brillante.
A menudo, en los eventos multitudinarios, se habla mucho de la fiesta en sí , de la música o de la organización general, pero no tanto de este tipo de medidas de asistencia, que realmente hacen que el entorno sea más seguro para todos.
Y creo que Bruselas hizo un trabajo increíble en este sentido.
Una de esas noches para el recuerdo
Al final, volví a casa sintiéndome cansada, pero muy feliz.
Fue una de esas noches en las que no hace falta que ocurra nada espectacular para sentir que has vivido algo especial. El ambiente, la gente y la energía que se respiraba, bastó para que todo valiera la pena.
Y, sinceramente, creo que eventos como este reflejan a la perfección la esencia de Bruselas: diversa, abierta, internacional y maravillosamente libre.
Y eso es algo que valoro cada vez más desde que vivo aquí.
¡Hola!
Soy Paula Rodríguez, corresponsal de música y fiesta en Flandes
Soy estudiante en ICHEC Bruselas en el curso 2025/26 y apasionada de la música y la industria musical. Desde aquí comparto conciertos, festivales, eventos y planes musicales que hacen vibrar a Bruselas y Flandes.
Si suena bien y merece la pena vivirlo, probablemente esté allí para contártelo 🙂