Hay días en los que Bruselas parece demasiado rápida. Demasiada gente, demasiado ruido, demasiadas horas delante de una pantalla. Y justo cuando más necesitas desconectar, la ciudad te sorprende con un rincón que no esperabas encontrar.
El Jardin Botanique de Bruselas fue exactamente eso para mí.
Una pausa improvisada
La semana pasada estaba en BON, una cafetería del centro-norte de Bruselas, haciendo cosas de la universidad. Es uno de esos sitios perfectos para estudiar durante horas: muchas mesas, espacio de sobra y un ambiente tranquilo.
Para mí, las cafeterías pequeñas son para pasar un rato rápido, pero en las grandes es donde realmente me gusta instalarme a estudiar y quedarme media tarde. Así que allí estaba yo, con mi smoothie delante y el portátil abierto desde hacía ya demasiado tiempo.
Empezaba a dolerme la cabeza cuando miré el reloj y me di cuenta de que llevaba tres horas sentada frente a la pantalla. Entonces levanté la vista hacia la gran ventana de la cafetería: hacía un solazo increíble. Era claramente hora de salir a despejarme.
Pero no tenía ganas de caminar entre calles llenas de gente ni meterme otra vez en el bullicio del centro. Quería algo tranquilo. Algo verde. Así que abrí Google Maps y empecé a mirar qué tenía cerca. Y entonces apareció un “Botanical Garden” a solo 12 minutos andando. La verdad que fue una sorpresa: no esperaba encontrar algo así tan cerca.
Y es que el sitio no me sonaba absolutamente de nada, así que no me lo pensé dos veces y salí en dirección al jardín.
Un parque mucho más grande de lo que esperaba
Al entrar en el recinto me di cuenta enseguida de que aquello no era el típico rincón verde con un par de bancos para pasar media hora. Era un jardín suficientemente grande como para perderte durante un buen rato.
Además, el parque está claramente dividido en dos partes muy distintas. En una de ellas se encuentra Le Botanique, el conocido centro cultural y antiguo jardín botánico. Yo decidí empezar paseando por la otra parte, mucho menos conocida.
Y honestamente, fue la mejor parte de la visita.
El ambiente allí era sorprendentemente relajado, especialmente teniendo en cuenta que estaba a apenas cinco minutos del centro de Bruselas. Había un estanque con tortugas nadando, pájaros volando entre los árboles y bancos repartidos por todas partes: algunos frente al agua y otros escondidos entre la vegetación, mucho más íntimos.
No era un parque “perfecto” como otros que había visitado recientemente, como Jardins du Fleuriste o Square du Petit Sablon. Este lugar se sentía diferente. Más salvaje. Más natural. Más relajado.
Las plantas y los setos no estaban cortados al milímetro. No parecía haber una simetría estudiada ni reglas estrictas sobre cómo debía verse cada rincón. Era un parque informal y ligeramente desarreglado, pero de una forma bonita.
Diría que es el primer parque que encuentro en Flandes con este estilo tan libre, y quizá por eso me sorprendió tanto.
La belleza de lo imperfecto
Lo especial de este sitio era precisamente eso: que, a pesar de su imperfección, seguía siendo precioso.
Había estatuas imponentes escondidas entre los árboles, flores de todos los colores, caminos empedrados rodeados de verde y bancos a la sombra bajo árboles enormes y altísimos. También pequeños grupos sentados en la hierba, parejas paseando sin prisa y personas mayores tirando migas a los pájaros junto al estanque. Era un parque vivo. Un lugar donde daba la sensación de que cada persona estaba allí simplemente descansando un poco del ritmo de la ciudad.
Seguí caminando lentamente sin salir de la mitad desconocida del jardin pero acercandome a la zona de Le Botanique, y ahí el ambiente cambió completamente.
Dos parques completamente distintos separados por un sendero
La transición fue casi instantánea. Bastó caminar un pequeño sendero para sentir que había pasado a otro parque totalmente diferente.
Esta zona volvía a parecerse mucho más a los jardines clásicos de Bruselas: todo perfectamente cuidado, flores ordenadas por colores, caminos limpios y una sensación de que cada detalle había sido pensado para verse bonito y armonioso.
Y la verdad, ese contraste me encantó. Ambas partes eran preciosas, simplemente de maneras completamente distintas. En esta segunda zona había también una gran explanada abierta y prácticamente vacía. Solo algunos bancos a los lados y un enorme espacio libre en el centro que me llamó mucho la atención.
Detrás de los grandes árboles —y como era de esperar por la ubicación— aparecían edificios modernos y altísimos dominando el fondo. Otro contraste curioso: naturaleza tranquila frente a la Bruselas más urbana y contemporánea.
Volver con la mente despejada
Seguí paseando, admirando cada rincón y haciendo fotos a las flores que más me gustaban. Y poco a poco fui acercándome a la salida del jardín. Después de unos 45 minutos caminando, tocaba volver a la cafetería para seguir estudiando. Pero esta vez volvía con la mente mucho más despejada y con energía suficiente para aguantar un par de horas más frente al portátil.
A veces no hace falta ir muy lejos para desconectar un poco. A veces basta con encontrar el parque adecuado en el momento justo.
Información práctica
- Dónde está: El Jardin Botanique / Botanique está situado muy cerca del centro de Bruselas, junto a la estación de metro Botanique/Kruidtuin.
- Cómo llegar: Metro: líneas 2 y 6 — parada Botanique. También se puede llegar fácilmente andando desde el centro histórico en unos 15-20 minutos.
- Horario: Abierto cada día de 8:30 a 19:15
- Precio: Gratis.
- Accesible para personas con mobilidad reducida.
Merece la pena si…
- Necesitas desconectar un rato del centro de Bruselas.
- Buscas un parque tranquilo para pasear sin rumbo.
- Te gustan los jardines con personalidad y rincones algo más naturales.
- Quieres combinar zonas más “salvajes” con jardines perfectamente cuidados.
Recomendación personal
Si te gusta estudiar o trabajar desde cafeterías, combinar unas horas en BON con un paseo por Botanique me parece un plan perfecto para una tarde tranquila en Bruselas.
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!



