Cuando mi familia vino a visitarme, nos apetecía salir un poco de Bruselas y ver otra ciudad, pero algo más tranquila. Como yo ya había estado en Gante y Brujas (las típicas), decidimos probar con Lovaina. Y la verdad… fue un acierto total.
Una ciudad tranquila (aunque el día no acompañe)
Lovaina nos gustó mucho desde el principio. Se siente más local, más calmada, pero sin ser aburrida ni mucho menos.
El día estaba bastante gris, típico belga, pero aun así había ambiente en las calles y se estaba a gusto paseando. No era el día perfecto de sol, pero tampoco hizo falta, ya que pudimos aprovechar al visita al máximo igualmente.
Paseando por el centro
Dimos una vuelta por el centro y nos encontramos con un mercadillo en la calle con puestos de fruta, verdura, flores, comida de distintos sitios… muy auténtico, de esos que te hacen parar un rato sin darte cuenta.
También, cerca de Grote Markt, había un grupo de chicos jóvenes tocando jazz, ese momento me gustó mucho, lo hacían súper bien y daba mucho rollo al sitio.
Un jardín que no esperábamos
De camino hacia Dijlepark y el Groot Begijnhof, entramos sin planearlo en una especie de jardín o parque medio escondido.
Y fue curioso porque el ambiente cambió muchísimo de golpe: más silencio, más tranquilidad, incluso se notaba más el frío. Había flores, caminos pequeños y unas escaleras que llevaban a dos edificios bastante bonitos. Uno blanco, como más antiguo, y otro de ladrillo típico de la zona, más grande. Nos quedamos un buen rato paseando por ahí, sin prisa, descubriendo rincones y caminitos.
Dijlepark y… las ranas
Seguimos hasta Dijlepark sin tener muy claro qué nos íbamos a encontrar. Y la verdad, que nos sorprendió bastante a todos.
Había un puente azul muy bonito que parecía de cuento de hadas, pero lo más llamativo fue el estanque: estaba lleno de ranas, pero lleno de verdad. Y no paraban de hacer ruido muy fuerte, como un “coro” constante. No sé ni cómo describirlo bien, pero nunca había visto algo así, tantas ranas juntas y haciendo tanto sonido a la vez. Nos quedamos bastante rato ahí, mirándolas y escuchando. Fue bastante curioso, en el vídeo lo podréis ver y oír.
Canal, flores y calma
Después seguimos caminando y salimos por otra parte del parque que daba a un canal. Justo al lado había unos cerezos en flor muy bonitos. Con el cielo gris quedaban incluso más especiales, tenía mucho encanto.
Groot Begijnhof, sin expectativas
Acabamos en el Groot Begijnhof, sin esperar mucho, y creo que por eso nos gustó tanto.
El camino hasta allí ya merece la pena, con calles bonitas y algún canal que aparece de repente. Y cuando llegas, todo está muy cuidado: los jardines, las casas, el ambiente tranquilo…
Es un sitio que se disfruta más paseándolo que explicándolo.
Conclusión
Lovaina fue un plan perfecto. Si te apetece cambiar de ciudad pero sin ir a algo tan turístico o masificado, es una opción muy buena. Bonita, tranquila y con muchos rincones que no te esperas.
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!




