Este fin de semana me visitó mi familia y me apetecía muchísimo hacer senderismo en algún lugar no muy lejos de Bruselas. Fue, sin duda, el mejor plan de domingo soleado que podíamos elegir: la ruta nos encantó y fue un día perfecto que voy a recordar.
Cómo encontré la ruta
Busqué en la web de Visit Flanders, dentro de las rutas de senderismo “Flanders Finest”, donde sabía que solo encontraría buenas opciones. Después de aplicar algunos filtros, di con una en la región de Pajottenland: la ruta Wildegistenwandeling.
Está a menos de una hora de Bruselas en bus y, por lo que parecía, prometía mucho: paradas en castillos, paisajes bonitos y hasta posibles visitas a cervecerías locales. No hizo falta pensarlo mucho más.
Un comienzo muy nuestro
Empezamos el día con calma, dando un paseo por el Mercado vintage de Les Marolles (quería que lo vieran sí o sí). Después, compramos bocadillos para la excursión y nos fuimos hacia Gare du Midi para coger el bus R16, que nos costó 3€ a cada uno.
Nos bajamos en la parada Schepdaal Sint-Gertrudis-Pede, tal y como indicaba la web.
Siguiendo los nodos (y desconectando de todo)
Una vez en Dilbeek, empezamos a seguir los nodos viales que también venían indicados en la página. Nunca había seguido este sistema y, sinceramente, tenía miedo de que fuera complicado… pero fue todo lo contrario. Me pareció súper práctico: te apuntas los números en un papel y te olvidas completamente del móvil y de los mapas. Vas mucho más presente, más conectada con el entorno, sin distracciones. Me encantó esta forma de hacer rutas.
Primera parada: Molino de Pede
Apenas 10 minutos después de empezar, llegamos al Molino de Pede. Un sitio muy bonito, rodeado de naturaleza, donde aprovechamos unas mesas de madera perfectas para sentarnos a almorzar y coger fuerzas.
El día acompañaba muchísimo: soleado, despejado, con algunas nubes pasajeras y sin apenas viento. De esos días que te alegran el ánimo.
Caminos, animales y paisajes de postal
Seguimos caminando por caminos preciosos, pasando entre casas típicas y prados enormes. Nos cruzamos con muy poca gente y vimos todo tipo de animales: vacas, cabras, caballos, patos…
El paisaje nos estaba encantando. Todo era tranquilo, abierto, verde.
Castillo de Groenenberg: la primera sorpresa
De repente, llegamos al primer castillo. Y wow. El contraste entre los prados y, de pronto, un castillo rodeado de jardines, árboles en flor y gente paseando tranquilamente… era increíble.
Se trataba del Castillo y finca de Groenenberg. No estaba abierto al público, pero solo verlo desde fuera ya merecía totalmente la pena.
Camino al siguiente punto (con tentación incluida)
Seguimos avanzando por la ruta. En esta parte había algo más de gente, pero seguía siendo muy agradable.
Cruzamos una carretera donde había una heladería llamada Krijmerie, llena de gente disfrutando del buen tiempo. Justo enfrente estaba el parque del siguiente castillo, y al lado también había un restaurante con bastante ambiente en la terraza.
(Spoiler: volveríamos ahí después jajaj)
Un rincón inesperado
Poco después llegamos a uno de los sitios más especiales de la ruta: unas largas escaleras hacia abajo, con florecillas blancas a ambos lados, que llevaban a un prado enorme con un estanque circular a lo lejos en el centro.
Nos quedamos un buen rato allí, observando y haciendo fotos. Era uno de esos lugares que realmente merece la pena disfrutar con calma.
Nos tentó mucho bajar hasta el estanque, pero decidimos seguir los nodos y no desviarnos de la ruta.
Castillo de Gaasbeek: simplemente impresionante
Y entonces llegó el plato fuerte: el Castillo de Gaasbeek.
Más grande e impresionante que el anterior, y además totalmente inesperado. Está escondido detrás de árboles muy altos, y de repente, al girar, aparece ante ti. Fue una pasada.
Paseamos por delante admirándolo y luego entramos en el jardín interior. Había una pequeña cafetería, pero el jardín estaba en obras, así que no pudimos verlo en su mejor versión.
Cambio de planes (y helado casero)
En este punto, la ruta regresaba y continuaba por el mismo camino con paradas en cervecerías, pero mi hermana (que no es muy fan de las excursiones largas) ya estaba cansada. Así que decidimos tomárnoslo con calma.
Volvimos hacia el estanque, bajamos y subimos varias veces las escaleras (porque eran preciosas) y poco a poco salimos del parque para dirigirnos a… la heladería.
Y qué acierto.
Era helado casero hecho con leche fresca de vaca, con un montón de sabores. Estaba buenísimo. Sin duda, la mejor manera de terminar la ruta (aunque fuera más corta de lo previsto).
Vuelta a Bruselas
Justo delante de la heladería estaba la parada Kasteelstraat, donde pasa el bus R42 con destino Gare du Midi. Esperamos unos 10 minutos y nos subimos de vuelta al centro, cerrando así una excursión perfecta.
Conclusión
Puede que suene repetitiva, pero es que realmente todo era muy bonito. Si quieres una ruta en la que mires donde mires haya algo bonito, esta es tu ruta.
Ahora solo me queda una cosa: encontrar la próxima Flanders Finest… y ver si consigue superar esta.
¡Nos leemos pronto!
Emma
Soy Emma Febrer Pedraza, tengo 22 años y soy de Menorca. Durante los próximos meses voy a ser corresponsal de Naturaleza y Ciclismo en Flandes. Actualmente estoy en tercero del Grado de Turismo en la Universidad de Girona y este semestre he venido a Bruselas para realizar mi Erasmus en la Haute École Lucia de Brouckère.
Me considero una persona extrovertida y aventurera, con muchas ganas de descubrir nuevos lugares. Siempre me ha gustado moverme al aire libre, practicar deporte y explorar los destinos con calma, prestando atención a la naturaleza, los paisajes y a todo aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se viaja con prisas.
A través de este blog quiero compartir mi experiencia Erasmus, recorrer Flandes y Bruselas, y descubrir rutas, espacios naturales y pequeñas escapadas.
Espero que me acompañéis en estos meses de descubrimientos y nuevas experiencias!






