Hay una parte del Erasmus de la que se habla muchísimo: los viajes, las fiestas, la gente que conoces, los planes improvisados y esa sensación constante de estar viviendo algo único. Pero hay otra parte que casi nadie te cuenta: los primeros días.
Porque sí, llegar a una ciudad nueva suena emocionante, pero también puede ser raro, incómodo e incluso un poco agobiante al principio. De repente estás en un sitio desconocido, probablemente cansado del viaje, sin saber muy bien dónde comprar, cómo funciona el transporte o si vas a encajar con la gente.
Y la realidad es que esos primeros días suelen ser bastante caóticos para casi todo el mundo, aunque luego nadie lo cuente así.
Es normal sentirse raro al principio
Aunque lleves meses esperando este momento, cuando llegas puedes sentirte desubicado. Hay gente que conecta enseguida con todo y otros que tardan más. Ninguna de las dos opciones significa que tu Erasmus vaya a ir mejor o peor.
Los primeros días suelen ser una mezcla de emoción, cansancio, nervios y dudas. Incluso puede que tengas un momento de pensar: “¿Qué hago aquí?”. Tranquilidad: es muchísimo más común de lo que parece.
Lleva lo importante resuelto antes de llegar
Hay cosas que te van a ahorrar muchísimo estrés si las dejas cerradas antes del viaje:
- Tener alojamiento confirmado, aunque sea temporal.
- Llevar copias de documentos importantes.
- Revisar cómo ir del aeropuerto o estación a tu alojamiento.
- Tener internet nada más llegar, aunque sea con roaming o eSIM.
- Llevar algo de efectivo por si acaso.
No parece gran cosa, pero aterrizar sabiendo dónde vas a dormir y cómo llegar te cambia completamente la experiencia.
Los grupos de Erasmus ayudan mucho
Aunque al principio dé pereza o vergüenza, métete en todos los grupos posibles: WhatsApp, Telegram, grupos de Facebook, ESN, etc.
Muchas veces los primeros amigos salen de ahí. Además, suelen compartir planes, dudas, fiestas, excursiones o cosas tan útiles como dónde comprar una tarjeta SIM o qué supermercado es más barato.
No hace falta ser la persona más sociable del mundo. Con responder a algún mensaje o apuntarte a un plan ya empiezas a conocer gente poco a poco.
La primera semana pasa rapidísimo
Entre papeleo, universidad, transporte, compras, conocer gente y adaptarte a todo, los primeros días vuelan.
De repente llevas una semana y sientes que no has parado ni un minuto. Por eso está bien intentar no presionarte demasiado por “aprovechar al máximo” desde el día uno.
No hace falta tener un grupo de amigos cerrado en tres días ni sentirte completamente adaptado en una semana. Todo llega, aunque a veces parezca que no.
Haz una primera compra básica cuanto antes
Uno de los errores más típicos es no comprar lo básico al llegar y darte cuenta demasiado tarde de que no tienes ni agua, ni papel higiénico, ni desayuno para el día siguiente.
Nada más instalarte, intenta hacer una compra sencilla con lo imprescindible:
- Agua y algo de comida.
- Papel higiénico.
- Productos de higiene.
- Toallas o sábanas si tu alojamiento no tiene.
- Adaptadores o cargadores si los necesitas.
Puede parecer una tontería, pero tener esas cosas resueltas hace que te sientas mucho más cómodo desde el principio.
No compares tu experiencia con la de los demás
Siempre parece que hay gente que llega y a las 24 horas ya tiene mejores amigos, piso perfecto y viajes planeados para los próximos tres meses.
La mayoría de veces no es tan así.
Cada persona vive el Erasmus de una manera distinta y compararte solo hace que sientas que vas tarde, cuando en realidad no existe un ritmo correcto.
Hay amistades que surgen el primer día y otras que aparecen un mes después. Hay ciudades que enamoran desde el minuto uno y otras que tardan más.
Dale tiempo
Probablemente esto sea lo más importante de todo.
Los primeros días no definen tu Erasmus. Que una semana sea rara, incómoda o un poco solitaria no significa nada.
Date tiempo para adaptarte, para conocer gente, para perderte por la ciudad, para acostumbrarte al idioma y para sentirte poco a poco en casa.
Porque casi todo el mundo acaba teniendo ese momento en el que piensa: “Vale, ahora sí”.
Y cuando llega, todo empieza a sentirse mucho más fácil.
Un último consejo
Intenta no obsesionarte con que todo salga perfecto desde el principio. El Erasmus no va de tener siempre el mejor plan o de sentirte increíble todos los días. También va de los momentos raros, de perderte, de improvisar y de ir encontrando tu sitio poco a poco.
Al final, casi todo el mundo mira atrás y piensa que esos primeros días, aunque fueran un caos, también formaban parte de la experiencia.
Y si estás a punto de irte de Erasmus: respira, no te agobies y recuerda que nadie tiene todo bajo control al principio.
Nos leemos en el próximo post!
Elena