Hallo!
Cuando te vas de Erasmus, sabes que vas a conocer gente nueva. Lo que no sabes es cómo ni dónde empezarán esas conexiones. A veces es por tu carrera, por compartir piso o por estar en la misma clase. Pero en mi caso —y creo que en el de muchos otros— la música ha sido un punto de conexión mucho más fuerte de lo que imaginaba.
Puede que suene exagerado, pero el gusto musical dice mucho de una persona. No solo qué artistas escucha, sino cómo los experimenta. Y en un contexto como el Erasmus, donde todo es nuevo y un poco inestable al principio, encontrar a alguien que sienta la música como tú puede marcar la diferencia.
El primer día: un follow que lo cambió todo
Con Mónica, fue inmediato. Literalmente el primer día intercambiamos perfiles de Instagram como todos hacen al llegar a una ciudad nueva. Lo típico: «¿cómo os llamáis en Instagram?». Pero lo que empezó como un gesto automático terminó siendo el inicio de una amistad que ahora es esencial en mi vida.
Cuando entré en su perfil y vi sus historias destacadas, los artistas que compartía, los conciertos a los que había asistido y la intensidad con la que hablaba de ellos, pensé: bueno, hay algo aquí. No era solo que nos gustaran los mismos artistas. Era la forma en que los experimentábamos. Esa mezcla de ilusión, obsesión sana, análisis de las letras y el deseo de ir a todos los conciertos posibles.
A partir de ese momento, todo se sintió muy natural. Empezamos a hablar de canciones, giras, posibles fechas en Bélgica. Y, sin darte cuenta, ya no solo estás hablando de música. Hablas de planes, sueños, cómo organizar un viaje a otra ciudad para un concierto.
La música como lengua común
En un intercambio Erasmus, hay muchas diferencias culturales, lingüísticas y personales. Pero la música funciona como una lengua común. No importa de dónde vengas; si la misma canción te conmueve, ya hay una conexión.
Con Mónica, eso fue obvio desde el principio. Y con Antón ocurrió algo parecido. Cuando descubres que alguien escucha a los mismos artistas que tú y, además, estaría dispuesto a tomar un tren a Gante o Amberes para verlos en directo, sabes que comparten algo importante.
Y así, casi sin planearlo, se forma un pequeño grupo que gira en torno a conciertos, festivales y canciones nuevas. No es que solo hablemos de música, pero siempre está ahí como base. Es el plan recurrente, la excusa perfecta para organizar el fin de semana.
Conciertos como recuerdos compartidos
Lo bonito de todo esto es que no se queda en teoría. No se trata solo de compartir playlists. Es vivir conciertos juntos. Es hacer cola comentando qué canciones crees que van a tocar. Es el momento en que se apagan las luces y nos miramos como diciendo: «esto está pasando».
En Flandes, hemos tenido la suerte de poder viajar entre ciudades con bastante facilidad. Bruselas, Amberes, Gante… todo está relativamente cerca. Eso hace que la idea de ir a un concierto no sea algo lejano, sino un plan real y frecuente.
Con ellos, he creado recuerdos que sé que siempre asociaré con esta época. Cada ciudad ya tiene su banda sonora. Cada sala de conciertos, una historia detrás. Y muchas de esas historias comienzan con un «¿vamos?» que casi nunca recibe un «no» como respuesta.
Más allá de la música
Lo curioso es que, aunque todo empezó con gustos musicales compartidos, la amistad es mucho más profunda. Hablamos de todo, nos apoyamos en los momentos más difíciles y celebramos las pequeñas victorias del día a día. Pero la música sigue siendo nuestro punto de referencia.
Es algo que nos une incluso cuando no estamos en el mismo lugar. Enviarnos una nueva canción, comentar el anuncio de una gira o planificar el próximo concierto forma parte de nuestra rutina.
Y en el Erasmus, donde todo es efímero y cambiante, encontrar personas que se convierten en constantes es un regalo. Para mí, Mónica y Antón son precisamente eso. Personas que llegaron a mi vida casi por casualidad, pero que ahora son indispensables.
El gusto musical como forma de elegir amigos
Creo que el gusto musical no define por completo a alguien, pero sí revela sensibilidades, prioridades y formas de vida. Cuando encuentras a alguien con quien te identificas, la conexión es más fácil, rápida y auténtica.
Durante el Erasmus, donde todo empieza desde cero, tener ese punto en común puede hacer que una amistad pase de superficial a profunda en cuestión de días. Y cuando además compartes conciertos, viajes improvisados y canciones que se convierten en la banda sonora de tu año en el extranjero, el vínculo se fortalece aún más.
Si algo he aprendido de esta experiencia es que la música no es solo para escuchar. Es para unir personas, crear recuerdos y, sobre todo, encontrar personas que, sin siquiera intentarlo, terminan convirtiéndose en un esencial de tu vida.
Y si algo tengo también claro es que muchos de los momentos más bonitos de mi Erasmus en Flandes los voy a vivir —y recordar— al lado de ellos, con una canción de fondo y la sensación de que estamos exactamente donde tenemos que estar.
¡Hola!
Soy Paula Rodríguez, corresponsal de música y fiesta en Flandes
Soy estudiante en ICHEC Bruselas en el curso 2025/26 y apasionada de la música y la industria musical. Desde aquí comparto conciertos, festivales, eventos y planes musicales que hacen vibrar a Bruselas y Flandes.
Si suena bien y merece la pena vivirlo, probablemente esté allí para contártelo 🙂