¡Hola mis queridísimos lectores y lectoras!
Si ya has leído mi post sobre el Museo Dhondt-Dhaenens en Deurle, hoy te traigo un plan perfecto para completar esa excursión. Muy cerquita del museo está el Castillo de Ooidonk, un lugar que parece sacado de un cuento.
Con su foso, sus torres redondeadas y las enredaderas rojas que cubren las paredes en otoño, este castillo es de esos sitios que te hacen sacar el móvil cada dos pasos. De verdad, si no lo hubiera visto con mis propios ojos, pensaría que es un escenario hecho con IA (no exagero).
Y, por pura suerte, cuando lo visité coincidí con el Garden Festival Ooidonk, un evento que transforma los jardines en un mercado al aire libre lleno de arte, flores, comida y curiosidades.
Cómo llegar al castillo de Ooidonk
En uno de los blogs anteriores ya os expliqué cómo llegar desde Gante hasta Deurle (el pueblo más cercano): en autobús o bicicleta. Una vez allí, podéis coger otro autobús que os lleve directamente a la zona del castillo o (mi recomendación) dar un paseo de 20 minutos hasta el museo y después de visitarlo, andar otros 20 minutos por una zona de bosque hasta el castillo.
El camino está bien marcado, es llano y con sombra, pero mejor hacerlo un día que haga bueno porque no hay ningún lugar dónde resguardarse. Además, es un paseo alejado de turistas y se respira mucha calma.
Aunque tengo que decir, que en mi caso, al ir acercándome al castillo noté que cada vez había más y más y más gente. Al principio pensé que sería algo normal y que el lugar sería muy famoso para pasar el fin de semana entre los locales, pero no. Para mi sorpresa, al llegar al castillo, descubrí que dentro, ¡había un festival! Efectivamente, ¡Sin quererlo, había llegado justo en el Garden Festival!
Tip: Por el camino, os recomiendo parar para comer en una hamburguesería local que tiene 5 estrellas de review de google. La carne es de calidad, las patatas son caseras con aliño secreto, el dueño es muy muy muy agradable y encima es muy barato.
El Garden Festival: cuando el arte florece
El Garden Festival Ooidonk se celebra cada septiembre y abril y reúne a más de cien puestecitos locales. Imagina los jardines del castillo llenos de tiendas, carpas, esculturas y flores por todas partes. Es como entrar en una versión elegante de un mercadillo bohemio.
Había absolutamente de todo:
El festival estaba lleno de puestos de todo tipo: quesos artesanos rarísimos, algunos con toques de lavanda, cerveza o menta; degustaciones de cervezas locales y mieles caseras; flores y semillas tan raras, por lo menos para mí, que parecían de otro planeta (por ejemplo, las semillas de tulipán tenían el tamaño y forma de un hueso de aguacate).
También había esculturas de bronce, cuadros, cerámica pintada a mano, velas y jabones artesanales, e incluso una exposición de jacuzzis y otras de verjas, porque… ¿por qué no?
Uno de los puestos más curiosos era el de un hombre que trabajaba con animales disecados y me dejó tocar una pata de elefante (sí, real), algo un poco surrealista pero muy interesante. Justo enfrente, había otro espacio lleno de conejos, gallinas y gansos vivos que los visitantes podían acariciar. Dualidades de la vida… :/
El castillo y sus jardines
El Castillo de Ooidonk es, sin exagerar, uno de los más bonitos que he visto en Flandes. No solo por la arquitectura, sino por el entorno. Está rodeado de un jardín enorme con estanques y un foso que refleja las torres como si fuera un espejo.
Si vas sin festival, puedes hacer una visita guiada por el interior del castillo, recorrer los jardines o incluso hacer un picnic cerca del agua. Todo está muy cuidado, y lo mejor es que no es un lugar masificado, incluso estando en plena época de festival no sentí en ningún momento la sensación de agobio o que hubiese demasiada gente.
Además, desde el castillo salen varias rutas que cruzan bosques, campos y caminos rurales. Algunas son perfectas para hacer a pie, y otras ideales si prefieres ir en bici. Ahora en otoño, los senderos se llenan de hojas rojas y amarillas, lo que lo hace el triple de bonito.
Hay bancos escondidos entre los árboles, pequeñas pasarelas de madera y vistas al río Leie que parecen pintadas. Puedes hacer una ruta corta de una hora o lanzarte a un recorrido más largo, que conecta con otras zonas naturales cercanas. En cualquier caso, es un plan perfecto para desconectar del ritmo Erasmus, respirar aire fresco y recargar energía.
Hasta aquí el blog de hoy,
Nos vemos pronto.
Irati.
¡Hola! 😀
Soy Irati Arce de Muguerza, tengo 23 años y soy de Bilbao. Estudio Medicina en la Universidad del País Vasco y este año voy a vivir una experiencia que me hace muchísima ilusión: empiezo mi Erasmus en Gante.
Además, seré corresponsal Erasmus de arte en Flandes, y me encanta la idea de poder compartir todo lo que vaya descubriendo. Quiero explorar esta región con la curiosidad e ilusión de quien lo ve todo por primera vez, pero también con las ganas de entenderla a fondo, como lo haría alguien que lleva viviendo aquí años.
Desde museos y arte urbano hasta pequeños detalles del día a día, espero poder transmitir la esencia de Flandes con las mismas ganas con las que yo la voy conociendo.
Hasta pronto y gracias por leerme:)






