Ayuntamiento de Saint-Gilles (Hôtel de Ville)
Edificado entre 1900 y 1904 por el arquitecto Albert Dumont, el Ayuntamiento de Saint-Gilles es una joya de estilo neorenacentista flamenco, de inspiración palaciega con influencias francesas.
Destaca la presencia de la torre campanario, que con sus 41 metros se impone dominante en la plaza. Su interior sorprende con un salón de plenos monumental, vidrieras alegóricas y una rica decoración escultórica.
El edificio no es gigantesco en cuanto a superficie, pero su fachada, sus detalles ornamentales y la luminosidad del vestíbulo dan testimonio de la ambición de una comuna que a finales del siglo XIX crecía rápidamente. En la actualidad es un espacio simbólico de identidad y orgullo local.
Casa Hankar
Uno de los hitos del Art Nouveau es la Hankar House, en la rue Defacqz 71. En 1893, Paul Hankar construyó en Saint-Gilles su propia residencia, una de las primeras en mostrar este estilo Art Nouveau al mundo. Frente a los edificios clásicos y simétricos de la época, Hankar apostó por volúmenes dinámicos, ornamentación asimétrica y una fusión atrevida de materiales como ladrillo, piedra, hierro y cerámica. Me llamó la atención la forma en que la fachada contrasta con las otras de la misma calle.
Las curvas de los balcones dan sensación de movimiento, los motivos florales en hierro forjado, los frisos y los grandes ventanales marcan una ruptura total con la tradición. Hankar buscaba huir de la rigidez del historicismo e incorporar artes decorativas, naturaleza, curvas, luz y artes aplicadas. La casa se convirtió en laboratorio de ideas que muestra que la arquitectura puede ser arte vivo, no solo construcción funcional.
Horta Museum
Cuando cruzas la puerta del Museo Horta, en la rue Américaine, descubres el Patrimonio Mundial de la UNESCO y viajas directo a la Belle Époque de Bruselas. Entre 1898 y 1901, Victor Horta diseñó su propio hogar y taller, donde plasmó con libertad absoluta las ideas de un estilo que estaba revolucionando la arquitectura europea, el Art Nouveau.
Nada se dejó al azar. Desde la estructura de hierro hasta las barandillas, los suelos de mosaico, las vidrieras o los picaportes, todo respira movimiento.
Lo que más me ha impresionado es la luz, pues Horta juega con ella de manera teatral mediante claraboyas, cristaleras y huecos verticales que hacen que la claridad fluya por la casa creando sombras suaves que resaltan los detalles ornamentales.
Aquí puedes ver muebles originales, objetos, planos y decoraciones interiores. Es un excelente ejemplo de Art Nouveau aplicado al espacio doméstico.
En definitiva, el Museo Horta te permite adentrarte en la mente de un arquitecto que quería crear espacios integrales, donde la estructura, la ornamentación, la luz y los detalles decorativos se unen.
Actualmente en la fachada se están llevando a cabo trabajos de restauración, por lo que una lona impide contemplarla.
Si tienes pensado visitar su interior, te recomiendo que realices una reserva por internet.
Maison Hannon
A escasos minutos a pie, la Maison Hannon, obra de Jules Brunfaut. Fue construida para Édouard Hannon, ingeniero y amante de las artes, y su esposa Marie Debard.
Ofrece una historia que me parece interesante. Entre 1902 y 1904, este arquitecto, que rara vez se adentraba en el Art Nouveau, levantó una residencia donde se mezclan influencias del Beaux-Arts con la fantasía modernista del entonces nuevo estilo Art Nouveau. Lo hizo pensando en los gustos de la pareja. Marie adoraba la botánica y Édouard era un apasionado de la poesía, del arte japonés y de las novedades tecnológicas. Todo eso quedó grabado en paredes, escaleras, vidrieras, mosaicos y frescos. El resultado es una fachada elegante, con curvas delicadas, motivos florales y grandes ventanales que anuncian lo que hay dentro.
El interior no defrauda, ya que está mucho más que a la altura de una fachada de estas cualidades, pues alberga murales simbólicos de Paul Baudoüin, vidrieras que inundan de color los salones y un mobiliario firmado por maestros como Émile Gallé o Louis Majorelle. Aquí, el Art Nouveau envuelve al visitante en un universo íntimo de poesía, botánica y viajes exóticos.
Abandonada durante décadas, la casa reabrió en 2023 tras unos meticulosos trabajos de restauración y hoy funciona como museo, permitiendo al público un viaje en el tiempo en el que redescubrir la atmósfera que se crea al fusionar arte, funcionalidad y vida cotidiana. Fue clasificada como monumento histórico en 1976.
Maison Aglave
Otra obra de Paul Hankar, menos conocida pero igual de impresionante, es la Maison Aglave, diseñada para el sastre Jean Baptiste Agave y construida en 1898. Aquí se percibe un giro hacia un Art Nouveau geométrico, menos exuberante que el de Horta, pero igualmente innovador. La fachada combina ladrillo rojo con bandas de piedra azul y está decorada con esgrafiados realizados por el artista Adolphe Crespin, que representan motivos geométricos y florales.
El uso del esgrafiado (técnica por la cual una capa inferior de un color distinto a la superior se descubre al raspar el material de la capa superficial) aporta un toque de fantasía sin recargar la fachada. Es una técnica propia de Bruselas y en Saint-Gilles lo he encontrado en muchas casas. Basta con levantar la vista en cualquier calle para descubrir escenas de inspiración mitológica, naturalezas estilizadas o símbolos escondidos.
La Maison Aglave, además, tiene un aire más sobrio y geométrico que otras casas Art Nouveau y eso la hace especial, pues muestra cómo el estilo podía adaptarse a distintos gustos y presupuestos sin perder elegancia.
El Hôtel Goblet d’Alviella
Otro edificio llamativo es el Hôtel Goblet d’Alviella, una residencia urbana de prestigio. Construido en 1882 en la Rue Faider nº10 por el joven arquitecto Octave van Rysselberghe, quien además habitó el edificio hasta 1888. El cliente titular fue el conde Eugène Goblet d’Alviella, profesor universitario, político liberal y figura masónica belga con intereses en filosofía, simbología y esoterismo.
Combina neo-renacimiento con detalles clásicos y ornamentaciones que anticipan estilos decorativos posteriores. La fachada recuerda a un palazzo renacentista italiano y está decorada con cuatro esgrafiados, cuyos dibujos fueron realizados por el escultor Julien Dillens y ejecutados por Jean Baes. Fue la primera vez que esta técnica se aplicó a gran escala en Bruselas.
Entre las ventanas del primer piso se observa un medallón que representa a Minerva esculpido por Dillens . Bajo él figura una inscripción en griego cuya traducción, “amante de las artes”, realiza un guiño al estudioso y culto propietario.
Actualmente el inmueble está ocupado por una escuela privada.
Iglesia de Saint-Gilles
En el Parvis de Saint-Gilles, una plaza llena de vida, se alza una iglesia de estilo ecléctico diseñada por Victor Besme. Construida entre 1866 y 1878, cuando Bruselas estaba creciendo a gran velocidad y Saint-Gilles pasaba de ser un pueblo periférico a una comuna poderosa.
Victor Besme, conocido por su papel en el plan de expansión urbana de la capital, se inspiró en el estilo neogótico, de moda en aquella época por evocar la espiritualidad y el esplendor medieval, pero adaptándolo a un espacio urbano moderno. Ello se reflejó en un estilo ecléctico, es decir, que combina elementos de varios estilos precedentes como el neogótico, neotudor, algunos detalles medievales reinterpretados y un plano basilical clásico, pero con una personalidad propia.
Su torre campanario no es muy alta, pero sí tiene una presencia elegante. La fachada está construida en piedra clara y decorada con arcos apuntados y ventanales ojivales, siguiendo fielmente la estética gótica. A pesar de su limitado tamaño, su interior me transmitió sensación de amplitud, dando las vidrieras un toque de color al lugar.
Saint Gilles, tradición y vanguardia
El recorrido por Saint Gilles me ha mostrado una comuna donde vivieron y trabajaron figuras de gran relevancia. A lo largo del camino aparecen antiguos talleres, pequeñas fábricas y edificios híbridos (vivienda y taller) que todavía conservan elementos característicos como chimeneas, ventanales amplios o fachadas de corte funcional, dignas de una mirada curiosa. Algunos de estos espacios han sido transformados, mientras que otros muestran distintos grados de conservación.
Hoy, pasear por Saint Gilles es encontrarse con una atmósfera cultural vibrante, con galerías como Contretype, espacios dedicados al arte emergente, cafés-galería, el mercado de Parvis, tiendas singulares y propuestas de moda alternativa que mantienen viva su identidad creativa. Acércate y vívelo.






