!Hola a todos!
Hoy quiero compartir mi primera impresión de Gante, una ciudad que me ha sorprendido desde el primer momento. Os voy a contar las cosas que más me han llamado la atención: desde su centro histórico de cuento hasta la vida en bicicleta, la amabilidad de su gente, los grafitis llenos de color y las diferencias culturales con respecto a España.
El centro de Gante: una ciudad de cuento
Mi primera impresión de Gante ha sido como entrar en un cuento. El centro histórico es acogedor, bonito y con un ambiente especial. Sus edificios antiguos, sus plazas y sus calles llenas de vida transmiten la esencia medieval de la ciudad. Pasear por esta zona es como retroceder en el tiempo, rodeado de arquitectura gótica, canales y rincones con mucho encanto.
Sin embargo, basta con salir del centro para notar un gran contraste. Las calles pierden el aire de cuento y aparece la parte más moderna y cotidiana de la ciudad, con barrios residenciales y locales menos turísticos. Allí se ve más la vida diaria de los habitantes de Gante, alejada del ambiente del casco histórico.
La amabilidad de los belgas
Una de las cosas que más me ha sorprendido en mis primeros días ha sido el carácter de la gente local. Antes de llegar, pensaba que los belgas serían más fríos y reservados, pero la realidad ha sido todo lo contrario. Me he encontrado con personas amables, dispuestas a ayudar y que no dudan en sonreír.
Ya sea preguntando por una dirección o en una conversación casual, siempre he recibido un trato cercano y positivo. Esa actitud hace que adaptarse sea más fácil y que la experiencia en la ciudad sea mucho más agradable.
La ciudad de las bicicletas
Otra característica que me ha llamado la atención es que Gante es una ciudad en bicicleta. Aquí todo está preparado para moverse sobre dos ruedas: carriles bici por todas partes, aparcamientos específicos y servicios de alquiler.
Existen incluso diferentes aplicaciones para estudiantes y visitantes. Una de las más conocidas es Swapfiets, que permite alquilar una bicicleta fácilmente y moverse por la ciudad de manera cómoda.
Algo curioso es que en Gante las motos también circulan por el carril bici, lo que al principio puede sorprender si no estás acostumbrado. Esta organización del tráfico refleja cómo la ciudad prioriza un estilo de vida sostenible y enfocado en la movilidad ligera.
Horarios diferentes a los de España
Vivir en Gante también significa adaptarse a unos horarios muy distintos a los españoles. Aquí la gente es mucho más madrugadora: empiezan el día temprano y suelen comer sobre las 12 del mediodía.
Me ha sorprendido mucho ver que a partir de las 21:00 las calles se quedan casi vacías, sobre todo fuera del centro histórico. En comparación con España, donde la vida nocturna es más habitual, Gante resulta bastante tranquila. Esa diferencia cultural marca el ritmo del día a día y hace que todo funcione de manera distinta.
La sorpresa de los grafitis
Entre los muchos detalles que me han sorprendido en Gante, quiero destacar los grafitis. No me los esperaba y forman parte de la identidad cultural de la ciudad. En calles y muros se pueden encontrar murales coloridos y expresivos que contrastan con la arquitectura medieval del centro.
Uno de los lugares más famosos es la Callejón de los Grafitis (Werregarenstraat), un espacio donde los artistas urbanos pueden pintar libremente. Pasear por allí es como entrar en una galería de arte al aire libre, en constante cambio, porque los grafitis se renuevan con frecuencia.
Este contraste entre lo antiguo y lo moderno es algo que define a Gante: tradición y creatividad conviven de forma natural en sus calles.
Conclusión
Mi primera impresión de Gante ha sido muy positiva. El contraste entre el centro histórico, lleno de encanto, y los barrios más modernos muestra las diferentes caras de la ciudad. La amabilidad de los belgas, la movilidad en bicicleta, los horarios distintos a los de España y los grafitis llenos de color hacen que cada día sea un descubrimiento.
Gante no es solo una ciudad bonita para visitar, sino también un lugar donde se aprende a vivir de otra manera: más tranquila, sostenible y abierta al arte urbano. Estoy convencida de que con el tiempo seguiré encontrando nuevos detalles que la harán todavía más especial.
!Nos vemos en el próximo post!
María
¡Hola! Soy María Iñarrea Acha, tengo 24 años, soy de Bilbao y estudiante de Medicina en la UPV/EHU. Este próximo semestre realizaré mis prácticas clínicas en el Hospital Universitario de Gante, una oportunidad única para continuar mi formación y vivir de cerca la experiencia de estudiar en el extranjero.
Siempre me ha apasionado descubrir nuevas culturas, su gastronomía y su forma de vida, y creo que Gante es el lugar perfecto para ello. Durante este tiempo quiero compartir con vosotros lo mejor de esta ciudad: sus sabores, rincones y tradiciones.
Estoy muy ilusionada de mostrar cómo se vive en Gante desde la mirada de un estudiante, y espero que mi experiencia os anime a conocer y disfrutar todo lo que Flandes tiene para ofrecer.




