A principios de este mes, conocí el Mayday Mayday Festival: tres días de arte, teatro y talleres. Del 1 al 3 de Mayo, en Campo Victoria, ocurren todo tipo de locuras: desde performances, instalaciones hasta videos, exposiciones y talleres.
El festival que no quiere ser perfecto
Lo más importante que tenés que saber es que Mayday Mayday no es un festival como los otros. Acá no hay jurados, ni premios. Acá todo vale. Obras terminadas, intentos en proceso, errores y pruebas. Lo importante es mostrar, compartir, probar, fracasar, volver a intentar y, sobre todo, conectar.
Además de ver obras y exposiciones, también podías hacer y participar. Había talleres de todo tipo: desde construir tus propios instrumentos con basura hasta liberar tu rabia en un ritual colectivo donde le gritábamos a objetos que nos despertaban odio.
Algo que me gustaría destacar del ambiente artístico en Gante, y que este festival es un ejemplo más, es la actitud abierta de lxs artistas y del público. Incluso frente a propuestas más controversiales o “raras”, la reacción nunca es de burla, sino de curiosidad y respeto. Hay una gran disposición por parte de la ciudad al arte contemporáneo y experimental. Probablemente esto se deba a que hay una enorme presencia de jóvenes y escuelas de arte. Es una ciudad que realmente acompaña: ofrece espacios, apoya iniciativas independientes y facilita que colectivos emergentes crezcan y colaboren. No es raro aquí encontrar un café que también funciona como galería o un antiguo depósito convertido en taller o sala de ensayo. Creo que ese tipo de apertura y disponibilidad cultural marca una gran diferencia en cómo se desarrolla el arte joven. En Gante, no se trata solo de mostrar, sino de construir con otros.
La performance que organizaron mis amigas
Una de las performances que más disfruté fue “Girls Just Wanna Have Legs”, una joya creada por Selenay Aneles, Kathryn Lunt y Maria Couto. En el centro del espacio, las tres se arrastraban por el piso con medias de todos los colores mientras de fondo se proyectaba un video. Se trataba de una proyección super psicodélica de ellas jugando con sus propias piernas, imaginando personajes y sonidos surrealistas. Una forma de ir torciendo los límites de lo que el cuerpo puede ser y parecer. Pueden ver el video con sonido en Vimeo.
Toda la obra fue entre tierna e hipnótica. Una mezcla entre lo absurdo y lo coreográfico, entre el juego infantil y la performance.
UN SHAKESPEARE moderno con efectos especiales
En el escenario más grande, las obras eran de otro nivel. Una que me puso los pelos de gallina fue una especie de monólogo de Shakespeare, pero versionado con dos actrices, una hablando en inglés @manon y la otra @mina en neerlandés. Claramente yo entendí la mitad, pero no importó: los efectos de luces, el sonido envolvente, y una escena donde literalmente llovía del techo, me mantuvieron atrapada todo el tiempo.
Exposiciones
Además de las performances con horario fijo, había obras que estaban siempre activas: instalaciones, collages, dibujos, esculturas hechas con comida, y una intervención sonora que sonaba como si un robot estuviera llorando en slow motion. Cada rincón del CAMPO Victoria era parte de la experiencia: pasillos, escaleras, ventanas, techos. Te obligaba a explorar.
Y esa es otra cosa que me encantó: el festival no estaba “ordenado”. No había un recorrido lógico. Vos te armabas tu propio mapa, tu propia ruta entre obras.
¡Te podés sumar!
Sabiendo que organizan este festival una vez al año y estás leyendo esto y sos estudiante de alguna escuela de arte (Antwerp Conservatory, KASK, LUCA, RITCS, Maastricht Theatre Academy…), este es tu momento para sumarte a mayday mayday. Podés mostrar lo que quieras: un poema, un performance de cinco minutos, una pintura, un collage sonoro, un intento fallido de escultura que amás igual. Lo importante es participar.
Solo hay que suscribirse antes del domingo 20 de abril. Todo lo demás se construye sobre la marcha.
Nos vemos en May!
Mayday Mayday Festival podría decirse entonces que no es solo un festival, también es un experimento. Es una excusa para probar cosas. Es un espacio donde nadie te va a decir «eso no es arte». Porque todo puede ser arte, especialmente si todavía no estás seguro de qué es.
Así que si querés vivir tres días de caos hermoso, venir a arrastrarte por el piso, o a gritarle a un peluche,… ya sabes a donde probar.
Martu.
¡Hola! Soy Martina Otero Jeandrevin, tengo 22 años y soy estudiante de Arte Textil en Escola Massana en Barcelona. Este año me mudé a Gante para seguir aprendiendo en LUCA school of arts. Durante este semestre seré la nueva corresponsal de Música y Festivales. Desde siempre he sido una enamorada del arte y la música por lo que, estoy muy emocionada de mostrarles todo lo que Flandes tiene para ofrecer. Estoy muy agradecida de poder contarles toda mi experiencia erasmus!
Martu


