Hay ciudades que se visitan y otras que se viven. Gante pertenece claramente al segundo grupo. Y es que caminar por sus calles es como ir saltando entre épocas: una esquina te lleva a la Edad Media, otra a los años 20, y la siguiente a una terraza llena de estudiantes, bicis y gente tomando café.
Revisando mis fotos de Gante, me di cuenta de que muchas de ellas tienen algo en común: no son solo imágenes bonitas, sino lugares que cuentan historias. Lugares que han cambiado muchísimo y que, aun así, siguen conservando la misma esencia.
Graslei y Korenlei: del puerto comercial a las terrazas más bonitas de Bélgica
Si hay una imagen típica de Gante, seguramente sea la de Graslei y Korenlei. Hoy vemos terrazas llenas, turistas haciendo fotos y estudiantes sentados junto al canal. Pero hace cien años la escena era completamente distinta.
En los años 20, estas calles todavía conservaban el ambiente portuario y comercial que habían tenido durante siglos. Los muelles estaban llenos de barcos, mercancías y trabajadores que movían trigo, hierbas y otros productos. De hecho, los nombres de las calles lo cuentan todo: Graslei significa “calle de las hierbas” y Korenlei “calle del trigo”.
Lo más curioso es que muchas de las fachadas que hoy parecen medievales “de toda la vida” fueron restauradas a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente antes de la Exposición Universal de 1913. Gracias a eso, hoy podemos seguir viendo una de las postales más bonitas de Bélgica.
Gante y su obsesión por parecer bonita
A principios del siglo XX, Gante quería demostrar al mundo que era una ciudad moderna, rica e importante. Por eso organizó la Exposición Universal de 1913, un evento gigantesco que transformó parte de la ciudad.
La exposición ocupó la zona de Sint-Pieters y Citadelpark, con enormes pabellones, edificios temporales y recreaciones de pueblos flamencos. Aunque casi todo desapareció después, aquella exposición cambió para siempre la imagen de la ciudad y marcó muchas de las restauraciones que todavía vemos hoy.
Cuando paseo ahora por Gante y comparo mis fotos con imágenes antiguas, me llama la atención cómo la ciudad ha conseguido evolucionar sin perder identidad. Hay edificios nuevos, tranvías modernos y miles de bicicletas, pero el centro histórico sigue teniendo algo muy auténtico.
De tranvías y caballos a bicis por todas partes
Si alguien viajara desde los años 20 al Gante actual, probablemente lo que más le sorprendería sería la cantidad de bicicletas. Hoy parece que toda la ciudad se mueve sobre dos ruedas: estudiantes, trabajadores, familias, turistas e incluso la policía.
Gante se ha convertido en una de las ciudades más bike-friendly de Europa, con carriles bici, puentes exclusivos y un enorme centro sin coches. Lo que antes eran calles pensadas para carros, caballos y tranvías, hoy son espacios donde la bici manda.
Y, sinceramente, creo que esa es una de las razones por las que Gante tiene una energía tan especial. Es una ciudad viva, cómoda, joven y muy fácil de disfrutar caminando o pedaleando.
Mis fotos favoritas de Gante
Mirando mis fotos, me doy cuenta de que muchas no muestran monumentos, sino momentos: una calle mojada después de llover, una bici apoyada junto a un canal, la luz del atardecer en Graslei o una esquina cualquiera llena de encanto.
Quizá eso sea lo mejor de Gante: que incluso sus calles más normales parecen tener algo que contar.
Porque aquí no hace falta entrar en un museo para sentir la historia. Basta con caminar.
Hasta el próximo post,
Elena