Un circo un tanto… “peculiar”

Publicado en el blog de Lovaina por

“Circus & Co.” fue la sorpresa agradable del fin de semana para muchos de los que estamos de Erasmus por Lovaina. Y es que, además de las actuaciones circenses habituales que hicieron las delicias de los más pequeños, también los jóvenes adultos pudimos disfrutar de muchas otras actividades. Era el segundo año que el parque de San Donato y la Ladeuzeplein acogían un circo distinto al que uno se suele imaginar en estos casos. Puede que algunos echaran de menos los números más espectaculares que se suelen desplegar para este tipo de ocasiones (léase leones y acróbatas), pero no fueron pocos los ‘stands’ en los que pudimos pasar un rato entretenido.

La micro-discoteca fue un éxito: una pequeñísima cabina en la que sorprendentemente cupimos hasta 12 personas para bailar al son de la música de un deejay mediocre pero muy entregado con la causa. Lo mejor: el show del portero de la discoteca, un señor que caricaturizaba con mucho humor al “puertas” de turno con el que muchos hemos tenido que lidiar algunas noches de fin de semana. Su detector de metales “curiosamente” pitaba con mucha fuerza cuando lo acercaba al –intentaré decirlo de la forma más suave posible- trasero de las chicas que querían entrar en la angosta cabina.

La noción de “coches de choque” también quedó deformada con respecto a la imagen mental que uno tiene de este concepto. En esta ocasión dos “conductores” colocaban sus cabezas en dos agujeros situados en los lados opuestos de una mesa. El casco protector era un sombrero de ducha y la protección bucal un limón. Los coches se debían dirigir a la cabeza del oponente por medio un control remoto; huelga decir que eran pequeños y estaban acolchados, aunque un golpe certero podía llegar a hacer bastante daño (¡doy fe de ello!).

Uno de los puestos ambulantes pertenecía a dos españoles que habían dado en llamarlo “la red social presencial”. Consistía en un entramado de tubos entrelazados los unos con los otros de forma que era imposible averiguar donde se hallaba el otro extremo del tubo. De esta forma de un lado se ponía a hablar alguien y del otro una persona escuchaba sin saber exactamente quién era el emisor del mensaje: una idea muy sencilla pero que tuvo mucho éxito entre los asistentes al circo. Los dueños de este artilugio nos contaron que trabajaban en todo tipo de ferias ambulantes y que, en esta ocasión, el Ayuntamiento de Lovaina se había puesto en contacto con ellos para que exportasen la iniciativa a Bélgica.

Me dejo en el tintero la descripción de muchos otros stands: lo mejor es que, si venís de Erasmus a Lovaina el año que viene, los descubráis vosotros mismos. De verdad, merece mucho la pena. ¡Ah! Y todas las actividades son gratis…

Compartir en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*