El final de un viaje

Publicado en el blog de Amberes por

Pues, bien, después de 4 meses compartiendo mis vivencias en Amberes con vosotros ha llegado el momento de despedirse. Ahora mismo, estoy rodeada de algunos de los muchos amigos que he hecho en esta magnífica ciudad, y de la que me voy a llevar tantísimos buenos recuerdos, que gracias a este blog, podré recordar durante mucho tiempo. Ante todo darle las gracias a todos los que componen el equipo de Turismo de Flandes y en concreto a los encargados de Erasmus en Flandes y , que me han brindado esta oportunidad única. Gracias a ello me he esforzado por conocer Bélgica, cada una de sus ciudades, su cultura, gastronomía y todas las cosas que hacen de este país un magnífico sitio al que visitar y en mi caso vivir, aunque fuese un periodo de tiempo muy corto. Aún me quedan algunos días en Amberes, por lo que no estoy en modo sentimental aún, aunque las despedidas y las conversaciones de “cuanto vamos a echar de menos todo esto” hacen que se cree un pequeño nudo en la garganta que pronto será mucho mayor.

Cuando llegué había intentado visualizar tanto todo esto que en un principio me resultó distinto, pero he de decir que la realidad supera a mi imaginación en este caso, pues he encontrado mucho más de lo que esperaba. Amberes resultó ser un sitio pequeño y a la vez enorme, donde me sentía muy cómoda. Una ciudad tranquila donde podías hacer y descubrir muchas cosas. En un principio sentía cierto agobio por ver que pasaba el tiempo y  que aún no conocía bien el sitio donde estaba viviendo. Poco a poco me fui dando cuenta de que sabía caminar por sus calles sin perderme en ningún momento, que tenia mis sitios preferidos para comprar, para tomar un café o para quedar con mis amigos. Fui haciendo de Amberes un poco mi casa y me sentia orgullosa de lo bonita que es.

Pude experimentar las distintas estaciones del año, cosa que en Tenerife es casi imposible, y era algo que quería experimentar. Primero el final del verano, aún con buen tiempo, los árboles tenían las hojas verdes y los cielos eran azules. De repente comenzó a llover muchísimo y las hojas de los árboles empezaron a caer poco a poco cubriendo el suelo como si de una gran manta de colores rojos, amarillos y marrrones se tratase. Luego el frío, y cuando digo frío es FRÍO, tanto que llegamos a estar a -10 grados, con lo cual la nieve cayó sobre nosotros y fui enormente feliz. Bélgica, esa gran desconocida para mi hace un tiempo y que ahora se me hace tan raro tener que despedirme de ella.

Ahora le toca el turno de contar sus vivencias en Amberes a mi compañero Ignacio, el nuevo corresponsal de esta maravillosa ciudad que jamás olvidaré.
¡Hasta siempre!

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