Hoy te voy a hablar de un lugar que me sorprendió incluso antes de cruzar la puerta, el Túnel de Santa Ana, en Amberes. A primera vista me pareció que me estaba metiendo en la entrada de un metro de película retro. No es un túnel moderno, ni brillante, ni lleno de pantallas. Todo lo contrario, su encanto está en su estética retro, sus maderas originales, sus ascensores gigantes y la sensación de estar entrando en una máquina del tiempo.
Bajé por sus escaleras mecánicas de madera de 1933 y crucé un pasillo interminable de 572 metros bajo el río Escalda, sintiendo que avanzaba por una cápsula histórica perfectamente conservada.
Todo lo que ves, azulejos, lámparas, barandillas, es patrimonio vivo porque el túnel está en pleno uso, y menudo tránsito tiene. Jóvenes, familias, ciclistas, turistas curiosos… todos pasan por él sin que su esencia haya cambiado en casi cien años. Y eso lo convierte en un recurso único, un espacio que sigue cumpliendo su función original sin renunciar a su autenticidad.
Nació de una necesidad, permitir conectar las dos orillas del río Escalda. Aunque se barajó la idea de hacer un puente, esta quedó descartada por el hecho de que entorpecería el tráfico fluvial. Así pues, este túnel surgió para algo tan simple como permitir que la gente cruzara a la otra orilla caminando bajo el agua.
La entrada principal del Túnel de Santa Ana se encuentra en pleno casco histórico de Amberes, en la orilla derecha del Escalda, concretamente en Sint-Jansvliet. La salida opuesta está situada en el margen izquierdo, en el barrio de Linkeroever. Esta última sufrió graves daños en 1944 durante un bombardeo alemán y quedó fuera de servicio hasta que fue reconstruida y reabierta en 1949. El túnel se adentra más de 31 metros bajo la superficie. Su estructura presenta un diámetro exterior de 4,74 metros y un diámetro interior de 4,30 metros. Sus ascensores, diseñados para el tránsito diario, permiten el acceso de hasta 40 personas a la vez y pueden soportar un peso total de 3.000 kg.
Un detalle que me ha parecido muy interesante es el hecho de que algunos azulejos te van indicando en qué punto del túnel estás y cuánto te queda por recorrer.
Pero el túnel es solo la puerta de entrada. Al otro lado espera la Ribera del Escalda, un espacio abierto, verde, panorámico, perfecto para disfrutar de una zona más tranquila de la ciudad.
La Ribera del Escalda, el paseo que empieza al final del túnel
Salir del Túnel de Santa Ana es como atravesar un portal. Un momento estás bajo tierra, y al siguiente aparece ante ti uno de los mejores paseos ribereños de Bélgica, la Ribera del Escalda.
Aquí la ciudad se toma un respiro. Bancos de madera, zonas verdes, ciclistas, música callejera y vistas perfectas del perfil de Amberes. Desde allí puedes contemplar las torres del centro histórico, el puerto fluvial y el ir y venir de barcos que recuerdan la importancia del Escalda como vía de vida y comercio.
Es uno de esos lugares donde te apetece quedarte para hacer fotos, conversar, leer o simplemente observar cómo el río marca el ritmo del día.
Pero la Ribera del Escalda es más que todo eso, es un punto de encuentro entre patrimonio industrial, naturaleza urbana y vida social. La ciudad ha sabido convertir este entorno en un espacio de conexión con su historia portuaria y también funciona como un área activa, moderna y accesible para todos.
Cuando crucé el Túnel de Santa Ana y salí por la puerta de Linkeroever, me encontré que era prácticamente de noche. Y no porque fuera tarde, sino porque en Amberes anochece sobre las 16:30, algo a lo que todavía estoy intentando acostumbrarme. Esa oscuridad tan temprana me pilló por sorpresa. Esperaba encontrar la ribera iluminada, con un paseo que invitara a disfrutar del skyline nocturno, pero ocurrió justo lo contrario.
La oscuridad era casi total. Y aunque el lugar tiene su encanto, la falta de iluminación me provocó una cierta sensación de inseguridad. Me dio miedo tropezar, resbalar o simplemente no ver por dónde caminaba.
Es una verdadera pena, porque este tramo del paseo tiene un potencial enorme para ser uno de esos lugares donde te quedas a mirar la ciudad iluminada, respirar aire tranquilo y disfrutar del contraste entre el túnel histórico y las vistas del Amberes moderno. Con una iluminación mínima, algo básico, se transformaría en un espacio perfecto para pasear también al caer la tarde, especialmente en invierno, cuando la noche llega tan pronto.
Mi recomendación es que lo visites con luz natural, porque al anochecer la zona queda demasiado oscura para disfrutarla con calma.
Una de las formas más habituales y también más completas de disfrutar esta experiencia es cruzar la ida por el Túnel de Santa Ana y regresar en ferry. Mucha gente lo hace así para cambiar de perspectiva y evitar repetir el mismo recorrido. Los ferris que cruzan el Escalda en Amberes son municipales, gratuitos y bastante frecuentes, especialmente durante el día, lo que los convierte en una opción muy cómoda. El trayecto en barco permite ver la ciudad desde el agua, con una panorámica diferente del puerto. Es una manera perfecta de cerrar la visita, combinando patrimonio subterráneo y paisaje fluvial sin coste alguno.
Del centro al Parque Nacional del Valle del Escalda, la aventura continúa
Si tienes tiempo para ir más allá, el Parque Nacional del Valle del Escalda, es un destino perfecto para amantes de la naturaleza. Te ofrece bosques, humedales, llanuras verdes, rutas de senderismo, fauna y flora locales…
El parque combina patrimonio natural con historia fluvial. Siguiendo el curso del Escalda, puedes descubrir antiguos molinos, pequeñas aldeas y áreas protegidas donde el agua marca el ritmo.
Es un lugar ideal si buscas algo más que una visita urbana. Aquí puedes caminar, seguir alguna de las rutas señalizadas, observar aves, hacer fotos increíbles o simplemente escuchar el sonido del agua. Te invita a una inmersión total en la naturaleza. Te propongo algunos planes:
– Caminos junto al río, humedales y vida silvestre. Estas áreas son el paraíso para las aves: garzas, martines pescadores, espátulas o zarapitos pueden observarse especialmente durante las migraciones de primavera y otoño.
Además, muchos de los caminos que recorren el parque van junto al agua o por diques, lo que ofrece vistas panorámicas fabulosas para fotos, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando los reflejos en el río parecen espejos.
– Rutas para todos los gustos. Dentro del parque puedes encontrar multitud de rutas para caminar o hacer en bicicleta, desde trayectos tranquilos de pocos kilómetros hasta recorridos más largos:
- Hoboken Polder, un sendero con vistas sobre el río, bosques y lagunas donde se puede hacer observación de aves o simplemente pasear respirando aire puro.
- Uitbergen – Schellebelle, un itinerario que te lleva por los meandros del Escalda, entre campos, prados y pequeños bosques, ideal para un paseo largo.
- Molsbroek – De Buylaers, una ruta alrededor de la reserva natural del Durme, perfecta para los amantes de la naturaleza y la fotografía, con avistamiento de cigüeñas, martines pescadores y cormoranes.
Estas rutas ofrecen tonos diferentes, desde lo tranquilo y reflexivo de un paseo junto al agua, hasta lo aventurero y silencioso de un bosque en plena vida salvaje.
– Historia y aventuras culturales, en la zona recorrerás pueblos pintorescos, antiguas tierras agrícolas y castillos como el de Bornem o Marnix de Sainte-Aldegonde.
Una experiencia muy interesante es la «ruta de los castillos», donde puedes combinar bicicleta con paradas en fortalezas históricas, puentes señoriales o antiguas abadías que se alzan junto al río, testigos de la historia de Flandes.
Tip práctico
Si quieres rutas personalizadas,por ejemplo, según nivel físico o tiempo disponible, puedes usar apps como Komoot, AllTrails o Wikiloc, donde se pueden buscar senderos exactos con mapas, perfiles de elevación y opciones descargables.
La próxima vez que no sepas muy bien qué plan llevar a cabo, anímate a descubrir estos lugares, probablemente te sorprendan.





